Foto: Tomada de Facebook Colombianos en Melbourne por la Paz de Colombia/Danii Triana Romero

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Este artículo es producto de la alianza entre ¡PACIFISTA! y DemocraciaAbierta. Lea el contenido original aquí 

En las últimas 48 horas la guerrilla del ELN ha cometido cuatro acciones violentas: una arremetida contra la Armada Nacional en Arauquita, una voladura de un tramo del oleoducto Caño Limón-Coveñas, un hostigamiento contra la policía de Saravena y un ataque a la base militar de Orú, en Norte de Santander. Estos ataques, además de provocar una suspensión de los diálogos de paz, ponen en duda la voluntad de paz de la guerrilla del ELN.

Como decía Vïctor de Currea, es en estos momentos de guerra cuando hay que buscar, a como de lugar, salidas negociadas. Por el momento, el gobierno está concentrado en la planificación de una ofensiva militar contra la guerrilla, mientras que el grupo insurgente, a pesar de emitir comunicados solicitando un nuevo cese el fuego, sigue cometiendo ataques en sus zonas de influencia. Por esta razón les presentamos algunos puntos que son claves para que la negociación de paz pueda retomar el rumbo.

Con base en un estudio de Open Democracy sobre el acuerdo de paz entre el gobierno y las Farc, les mostramos 12 claves que podrían aplicarse en la mesa de negociación con el ELN. Claves que, si de pronto tienen en cuenta, podrían evitar el fracaso de una salida negociada al conflicto armado.

1. Establecer el objetivo final de las negociaciones. Las negociaciones de paz de 2012-2016 tenían el claro objetivo final de asegurar la terminación del conflicto y la construcción de una paz estable y duradera en Colombia.

2. Acordar una agenda limitada, pero precisa, de los temas que se incluirán. También debe aparecer neutral, sin tener posiciones predefinidas sobre ninguno de los temas que se discutirán. En el caso de Colombia, se acordó que los seis puntos del orden del día identificados podrían debatirse en cualquier orden, salvo el punto 1 del orden del día, “La Reforma Rural Integral” que debía ser abordado primero. En el caso del ELN, por ejemplo, ni siquiera se ha acordado la metodología para discutir el punto número 1 de a agenda: participación de la sociedad civil en la construcción de paz.


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3. Separar claramente las ‘reglas del juego’ de los elementos sustantivos de la agenda. Para proteger las negociaciones y el acuerdo final resultante, se estableció la regla de que “nada está acordado hasta que todo está acordado”, y se pactó un alto el fuego bilateral. Sin tales reglas acordadas en vigor, las delegaciones podrían haber cedido a la tentación de desvalorizar unas áreas de las negociaciones en favor de otras, de no cumplir compromisos, o de verse influenciadas por factores externos. Estos parámetros o reglas de juego también fueron hechas públicas.

4. Definir la composición de la delegación de cada parte . Esto incluiría el tamaño de las delegaciones, así como las funciones de cada una y los poderes de toma de decisiones de cada miembro de ellas. Si es posible, cada delegación debe incluir también al contingente más radical de ambos lados. Durante las negociaciones de La Habana, se acordó que cada parte tendría 10 negociadores en la mesa y un máximo de 30 representantes que los apoyaran. Como parte de la delegación del gobierno, el general Mora representó la posición de los militares en la reserva opuestos al proceso. Su homólogo en la delegación de las Farc fue Iván Márquez. En relación a este tema, por ejemplo, las delegaciones en Quito no han sido constantes. De hecho, en diciembre pasado, tras la salida de Juan Camilo Restrepo como jefe negociador, el gobierno cambió su delegación.

5. Establecer un formato de reunión que pueda facilitar, tanto la toma de decisiones políticas, como los avances técnicos. El formato entre las dos delegaciones colombianas permitió generalmente que 5 miembros de cada una abordaran las negociaciones más básicas. Cuando existieran temas más delicados para discutir, las negociaciones se reducirían a un formato de 3 por 3. El papel de la mesa de negociación principal sería el de comunicar la posición oficial una vez acordada

6. La creación de comités paralelos que, al proporcionar un espacio alternativo para llegar a acuerdos, respalden el progreso en la mesa de negociación principal. Existen diversos ejemplos sobre los subcomités de La Habana. Estuvo, por ejemplo, la subcomisión para el fin del conflicto, que trajo a las negociaciones a personal militar en activo y a miembros de las Farc. También estuvo la subcomisión judicial, que fue capaz de integrar a asesores externos en las negociaciones junto a las dos delegaciones. Ambas subcomisiones ofrecieron formas constructivas y creativas que ayudaron a las dos partes a llegar a un acuerdo.

7. Establecer un proceso de revisión periódica en el cual cualquier tema de procedimiento pueda ser discutido y subsanado de forma independiente a las negociaciones sustantivas en si mismas.

8. Determinar la ubicación y la frecuencia de las sesiones de negociación. Se acordó que las negociaciones entre las Farc y el gobierno se realizarían fuera de Colombia, lo que condujo a la ubicación pactada de La Habana, Cuba. Los ciclos de negociación consistieron en 11 días en La Habana, donde las delegaciones alternaban entre 3 días de trabajo ininterrumpido, seguidos de un día de descanso. Terminado cada ciclo, tenían lugar recesos en Bogotá u otras partes de Colombia, con una duración parecida.

9. Distinguir entre cuestiones que formarán parte de las Medidas de Construcción de Confianza (CBMs) – actos destinados a demostrar la confianza entre ambas partes y con el público – y los relacionados con la implementación de lo acordado en sí mismo. Un ejemplo fue la iniciativa conjunta de desminado (eliminación de minas terrestres), que se llevó a cabo hacia el final de las conversaciones sobre el punto 2 de la agenda (participación política). Es importante destacar que la iniciativa conjunta de remoción de minas no tenía por objeto facilitar específicamente este tema de la agenda, sino que más bien pretendía crear condiciones más amplias y más favorables para un alto el fuego .

10.  Establecer mecanismos nacionales, internacionales o híbridos de mediación, de facilitación, y de observadores y/o garantes, para que puedan apoyar el proceso de negociación. En La Habana no hubo mediadores. Se decidió que Cuba y Noruega facilitarían el proceso, mientras que Chile y Venezuela, como garantes, apoyarían el desarrollo de las negociaciones y que, actuando a la manera de un juez, pudieran en última instancia proporcionar comunicaciones imparciales y actuar como presencia balsámica durante los momentos más álgidos y calientes de las negociaciones.

11.  Establecer reglas que reduzcan la capacidad de cualquiera de las partes para utilizar tácticamente, dentro del contexto del conflicto en su conjunto, el espacio de la negociación, para comprar tiempo o para buscar el rearme. Por ejemplo, al separar las negociaciones en La Habana del conflicto en curso en Colombia, se protegió la continuidad de las negociaciones, con independencia de los cambios de nivel o intensidad del conflicto.

12.  Asegurarse de que haya expertos técnicos y operativos listos para apoyar el proceso de negociación. Hubo asesores externos que acompañaron a ambas delegaciones para cada uno de los temas de la agenda del acuerdo de paz. Esto fortaleció a ambas partes y ayudó a legitimar sus decisiones. Además, la comunidad internacional proporcionó un apoyo considerable y fue valorado en el desarrollo del acuerdo.

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