Foto: Santiago Mesa

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En los últimos cinco meses, el senador Álvaro Uribe se ha manifestado públicamente en dos ocasiones por los asesinatos de líderes sociales que militan en su partido, el Centro Democrático. Primero fue el 28 de septiembre de 2017, cuando las autoridades de San Rafael, Antioquia, confirmaron el asesinato de Carlos Mario Hincapié, promotor del uribismo en ese municipio.

El segundo caso se presentó el pasado 29 de diciembre y el cuerpo élite de la Policía lo confirmó esta semana. Ese día fue asesinado Mario Dumar Rojas, presidente de la Junta de Acción Comunal de la vereda El Yarí de Cumaral, Meta. Rojas fue candidato a la Asamblea del Meta con el aval del partido Centro Democrático. Aunque todavía no se ha confirmado el agresor, lo cierto es que en la zona se viene extendiendo la disidencia del Frente 1 de las Farc, lo que podría generar peligro para diferentes liderazgos sociales.  Los dos casos están en etapa judicial de investigación, como el de otros 70 de líderes sociales, que según la ONU, han sido asesinados en Colombia entre 2016 y  2017.

Los de Hincapié y Rojas los hemos confirmado e incluido en nuestro conteo de líderes que han sido asesinados desde que comenzó la implementación de los acuerdos de paz con las Farc. Sin embargo, para El Centro Democrático, la cifra de sus defensores silenciados podría ser más alta. De hecho, en julio de 2017 el uribismo denunció  también el asesinato de Luis Gerardo Ochoa Suárez, expersonero de Pitalito, Huila


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Aunque los casos sean vistos como una minoría si se comparan con los asesinatos de líderes indígenas o reclamantes de tierras, consideramos que cada caso debe generar la misma indignación que despiertan los otros homicidios: cada líder asesinado representa una voz menos en las discusiones políticas, un balazo a la democracia, a la construcción de paz.

En los dos casos del Centro Democrático el activismo político que ejercían era legítimo y mal harían algunos sectores en estigmatizarlos, como lo ha hecho en diferentes ocasiones la derecha con los defensores de derechos humanos.

Al preguntarle sobre estos casos a Ariel Ávila, subdirector de la Fundación Paz y Reconciliación, nos dijo que lo que develan estos asesinatos es “la gran crisis que existe a nivel local y regional sobre liderazgos sociales emergentes. Esta crisis afecta tanto a la derecha como a la izquierda. Estos casos también demuestran que la polarización es tan fuerte que la gente ya no soporta al contrario, no soporta al opositor, lo termina matando”.

Camilo Rubiano, líder del Centro Democrático en Cundinamarca, señala que en el conteo que ha hecho el partido ya son cinco los líderes del uribismo asesinados: “En Antioquia, Meta, Huila y Cundinamarca han sido asesinados líderes del partido. Estos asesinatos ocurren porque somos una piedra en el zapato para grupos terroristas como las Farc y el ELN. Nosotros hemos sido muy críticos con el ELN, que violó el cese el fuego y con las Farc, que no se desmovilizó totalmente. Estos grupos armados representan un riesgo latente para nosotros”.


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Según Rubiano, es hora de emplear términos diferentes para referirse a la oposición: “el Gobierno se ha encargado de estigmatizar a los líderes, diciendo que somos enemigos de la paz, la mano negra, paramilitares, términos bastante bélicos que genera polarización y que termina traduciéndose en violencia y amenazas”.

El senador del Centro Democrático, Honorio Henríquez, nos contó que durante su última gira de campaña en Magdalena, fue advertido de posibles riesgos e intimidaciones: “Estuve en el municipio de Fundación y me dijeron que era mejor que no anduviera de noche, que de pronto no contaba con la mejor suerte si me paraban. Al ser opositores tenemos que enfrentar todo tipo de peligros”.

Lo que más le preocupa al Centro Democrático es que en las próximas elecciones puedan materializarse las amenazas en contra de sus líderes sociales. El congresista Alfredo Rangel, por ejemplo, nos dijo que “en las elecciones del plebiscito y en la anterior campaña presidencial se presentaron varios incidentes de violencia. Los líderes del partido están sometidos a un permanente hostigamiento y por eso les hemos solicitado medidas de protección a las autoridades”.

Las palabras de Rubiano y Rangel nos recuerdan a las de David Flórez, de Marcha Patriótica, o a las de Iván Cepeda, del Polo Democrático, cuando los líderes de sus partidos fueron asesinados por representar causas que incomodan o afectan a los grupos armados. A todos, sin importar su ideología, hay que rodearlos.

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