Foto: Sara Gómez | ¡Pacifista!

De izquierda a derecha, la comandante de las Farc Victoria Sandino; la actual procuradora delegada para las Víctimas, Elena Ambrosí, y la representante de ONU Mujeres en Colombia, Belén Sanz. Foto: Sara Gómez | ¡Pacifista!

A pulso, y gracias a la tardía creación de la Subcomisión de Género, las mujeres fueron apareciendo en la historia de la negociación en la que el gobierno y las Farc le pusieron punto final a la guerra. De a pocos, el país se fue aprendiendo los nombres de las plenipotenciarias del gobierno María Paulina Riveros y María Ángela Holguín, y de la integrante más mediática de la delegación de las Farc, Victoria Sandino.

Pero del extenuante trabajo de la mesa de diálogos no solo participaron ellas, las caras visibles, sino cerca de 140 mujeres que pusieron su experticia al servicio de ambas delegaciones, dirigidas por hombres. Por eso hoy, cuando varias organizaciones de la sociedad civil protestan por la escasa participación de las mujeres en los cargos directivos de la implementación, las corporaciones feministas Humanas y Ciase se dieron a la tarea de rescatar la importancia de las mujeres en la firma de la paz.

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Lo hicieron con la publicación de la investigación Vivencias, aportes y reconocimiento: las mujeres en el proceso de paz de La Habana, que se lanzó este miércoles en el Centro de Memoria, Paz y Reconciliación de Bogotá. Un evento en el que estuvieron tres de las protagonistas de los diálogos: Sandino, comandante de las Farc; Elena Ambrosí, antigua directora temática de la Oficina del Alto Comisionado para la Paz, y Belén Sanz, representante en Colombia de ONU Mujeres.

 

Ellas, las expertas

La investigación de Humanas y Ciase muestra que, aunque casi nunca figuraron en los máximos cargos de dirección, las mujeres que trabajaron en la mesa estaban altamente calificadas.

En la delegación del gobierno participaron funcionarias estatales o profesionales con trayectoria en organizaciones de la sociedad civil, expertas en “justicia transicional, derechos humanos, niñez y conflicto armado, género, resolución de conflictos, ciencia política, temas militares y de seguridad, derechos de las víctimas, derecho internacional humanitario y relaciones internacionales”.

Estas mujeres participaron en la discusión de los seis puntos de la agenda, en calidad de plenipotenciarias, asesoras e integrantes de la Subcomisión de Género, de la Mesa Técnica del Fin del Conflicto, de la Comisión de Redacción y de la Comisión de Comunicaciones, y redactaron propuestas para la Mesa Técnica para la Salida de Menores de Edad de los campamentos guerrilleros.

Tabla: Humanas y Ciase

Tabla: Humanas y Ciase

Del lado de las Farc, las guerrilleras que llegaron a la mesa fueron convocadas gracias a su especialidad, posición de mando o antigüedad en la guerrilla. Dice la investigación que, entre los criterios de selección estaban haber trabajado con organizaciones sociales y políticas, hablar varios idiomas, tener conocimientos en comunicaciones, haber participado en el manejo de relaciones internacionales y tener experiencia en la educación política de los combatientes o en anteriores procesos de paz.

Las guerrilleras trabajaron en varias comisiones internas, como las de Comunicación, Organizaciones y la encargada de hacer pedagogía de paz y consultas en los campamentos. Además, integraron la Subcomisión de Género y la Mesa Técnica del Fin del Conflicto, e hicieron propuestas destinadas a la Mesa para la Salida de Menores.

La investigación insiste que, pese a ser mayoría en los equipos de comunicaciones, logística, administración y redacción, las mujeres “fueron minoría en gran parte de los espacios de discusión y de toma de decisiones formales”.

 

La apuesta por la Subcomisión de Género

Calificada como inédita en la historia de los procesos de paz del mundo, la Subcomisión de Género de la mesa fue una ganancia del movimiento de mujeres y alcanzó amplio reconocimiento nacional e internacional. Sin embargo, la investigación de Humanas y Ciase revela que la existencia de la Subcomisión significó doble trabajo para las mujeres que la integraron, dado que todas ellas tenían otras tareas ‘principales’ en la negociación.

Según el documento, la mesa nunca le asignó tiempos y espacios específicos a las mujeres para que pudieran desarrollar el trabajo propio de la Subcomisión. Por eso, para integrar el enfoque de género al acuerdo tuvieron que trabajar “en los tiempos libres”, muchas veces en la noche o de madrugada.

Presentación en Bogotá de la investigación Vivencias, aportes y reconocimiento: las mujeres en el proceso de paz de La Habana. Foto: Sara Gómez | ¡Pacifista!

El texto resalta que, como el tema no era prioridad para todos los plenipotenciarios, las integrantes de la Subcomisión tuvieron que armar frente común para incluir los temas de género y convencer “cada cual a los suyos” de realizar los eventos y las sesiones necesarias para culminar el trabajo.

En ese ambiente complejo, dice la investigación, las mujeres se apoyaron en los países garantes y en Naciones Unidas, así como en las organizaciones de mujeres en Colombia, que las presionaron para avanzar y les suministraron respaldo político, y apoyo logístico y técnico.

 

Los obstáculos

Victoria Sandino cuenta que las guerrilleras llegaron con desventaja a la mesa: “A las mujeres insurgentes nos agredieron muchísimo, nos revictimizaron, nos señalaron de ser mandaderas y hasta concubinas de nuestros jefes”. Por eso, dice que tuvieron que armarse de valor y aprender del “enorme poder de recuperación” de las víctimas para enfrentar los retos de la negociación.

Las integrantes de las Farc también tuvieron que afrontar las preguntas de los medios, que, según ellas, poco se interesaron por sus posturas políticas. Una de ellas les dijo a las autoras de la investigación: “Nos hacían preguntas tontas: ‘¿Usted tuvo hijos’, ‘¿Usted abortó?’ (…) Pero nunca preguntaban: ‘¿Usted qué aportes está haciendo en la mesa?, ‘¿Cómo ve la política en Colombia?’ Las preguntas que les hacían a los jefes nunca nos las hacían a nosotras”.

Tabla: Humanas y Ciase

Tabla: Humanas y Ciase

Aparte de esos desafíos específicos de las guerrilleras, la investigación destaca que las mujeres percibieron buena parte de los escenarios de la mesa como “espacios muy masculinos”. Muchas de ellas, pese a su experticia, tuvieron múltiples dificultades para que las consideraran interlocutoras válidas en las discusiones de “temas duros”, como los de justicia y fin del conflicto.

Además, la investigación señala que, durante la campaña del plebiscito, varias de las integrantes de la Subcomisión consideraron que la discusión por la supuesta “ideología de género” en los acuerdos era “un golpe a su trabajo” y le restaba reconocimiento a su labor.

 

Las ganancias

Con todas las dificultades, la Subcomisión logró posicionarse en Colombia y el exterior e incluir un enfoque diferencial para las mujeres en todos los puntos del acuerdo. En el caso de las Farc, el impacto de ese organismo fue aún mayor: la guerrilla se comprometió a incluir tesis de género en el partido político que creará como resultado del proceso de paz.

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Ahora resta que lo pactado se vuelva realidad, no solo en las leyes que tramita el Congreso, sino en la puesta en marcha de medidas concretas para reducir la desigualdad entre hombres y mujeres. Sandino, que hace parte de la Comisión de Seguimiento a la Implementación, dice que “el reto de las mujeres es pelear la implementación del enfoque de género en la calle, ante el gobierno y las Farc, en el Congreso y ante las instituciones”. Una postura que respalda Sanz, quien asegura que es urgente trabajar porque lo logrado no se quede exclusivamente en el papel.

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