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Etnia

Kani, uno de los miembros fundadores del grupo de rap la Etnnia. Foto: Aitor Sáez

Por: Sebastián Serrano

Ya han pasado 22 años desde que Kany, Kaiser y Ata,  tres hermanos del barrio Las Cruces de Bogotá lanzaron El Ataque del Metano, un albúm de rap que se presentaba como “un ataque frontal contra todo lo establecido”. Eran 8 canciones grabadas en cassete que en conjunto formaban un retrato inédito, hiperrealista y trasgresor de la vida en los barrios pobres de Bogotá.

Desde entonces La Etnnia se ha convertido en un hito de la música alternativa en Colombia y su álbum debut en un clásico que abrió la puerta a nueva forma de narrar una realidad no tan nueva: la de la guerra en la ciudad. A la fecha, se mantienen vigentes en todas las rockolas al sur de las calle 26 y capaces de llenar cualquier escenario en el país y hasta en el exterior.

Pero  estos tres hermanos siguen viviendo en una casa marcada con el nùmero 5-27 en las empinadas calles de Las Cruces. ¡Pacifista! habló con Kany sobre la guerra que se vive la guerra dentro de las ciudades en pleno proceso de paz.

‘La vida en guetto’, la canción más famosa del Ataque del Metano, pinta un panorama violento y sin oportunidades para la juventud de los suburbios en las ciudades colombianas. Si tuvieran que volver a escribir esa canción en 2017, ¿sería la misma?

Sí, yo creo que sería la misma porque igual lo que narra el video y lo que la letra dice son cosas que no han cambiado y no van a cambiar porque son problemas que trascienden la fibra de los barrios: la prostitución, la guerra y las mulas del narcotráfico. Esas son cosas que quedaron plasmadas en esa canción y que siguen siendo reales en muchas parte. Hoy sería la misma radiografía.

Si la vida en el guetto no ha  cambiado, ¿la gente del guetto, tampoco?

Kany: Lo que pasa es que la presencia del estado en esas zonas no se ve mucho. Y si no se ve de frente esa presencia pues lógicamente la gente va seguir siendo lo mismo. Uno se pasa por los morros del sur de Bogotá hoy y ve casi lo mismo que hace veinte años. Por ejemplo: esta es la hora en que yo veo mucha gente joven que no  se le pasa por la cabeza ponerse a estudiar.

Eso de que el estado no hace presencia se dice mucho acerca del Caquetá, de Chocó,  de La Guajira y otros lugares remotos, pero cómo explica usted que eso pase en la capital del país.

Yo no puedo explicárselo. Pero sí puedo decirle que por esos morros tampoco pasa nunca la caravana presidencial.

¿Entonces para usted las dos realidades, la de los lugares más apartados del país y la de los guettos de la capital son similares?

Lo que yo estoy tratando decirle es que hay varias violencias y que a veces terminan encontrándose: allá en el Caquetá, en el Putumayo y toda esa parte hay gente que se enfrenta a la guerrilla, al paramilitarismo y que terminan por huir a la ciudad. Y aquí no llegan pues a los mejores barrios. Ellos llegan con una violencia  y  aquí se encuentran con otra que de pronto hasta se siente más, la del vicio y la falta de oportunidades. Entonces esas violencias chocan y hasta se multiplican.

También pasa que a Bogotá llega mucha gente que andaba por ahí sicariando en otras partes y viene a camuflarse en los barrios populares. Aquí comienzan de jíbaros y comienzan a subir hasta que controlan una cuadra. Entonces comienzan a montar su ley, la que traen de afuera, pero aquí ya existen otras leyes y ¡Pum! se estrellan. Entonces hay una matanza por ahí en un barrio y eso es lo que sale en los medios de comunicación, las tales “vendettas”. ¿Cuáles “vendettas”? Eso lo que es el encuentro y la explosión de varias violencias.

Si ambas violencias están tan relacionadas, ¿porque en el plebiscito de octubre fue tan difícil venderle la paz del campo  a la gente de las ciudades?

La verdad es que aquí en la ciudad hay una guerra que es interna. Entonces están vendiendo la idea de acabar  una guerra que es de otros  cuando aquí  ya hay una que siempre ha existido y que es propia. De pronto no le dan tanta trayectoria y tanto bombo como  a la de los encapuchados y los guerrilleros, pero acá en Bogotá vivimos a diario una guerra y vivimos un infierno también.

¿Usted piensa que los chinos del gueto crecen desensibilizados por su propia guerra?

Sí porque digamos que el del campo han recibido dos balazos,  pero este ha recibido 9 puñaladas también. Y esa es una violencia de nosotros y no solo de Bogotá, es de los morros de Medellín, es de Aguablanca en Cali y es igual de dura de enfrentar que la del campo.

¿Entones haría falta otro proceso de paz para las ciudades?

Pues claro que sí. Pero de todas maneras el mejor proceso de paz es que no haya tanta diferencia social. Entre menos desigualdad la gente se va a ir culturizando más. Esta descomposición social solo es producto de la pobreza y el único proceso de paz que la puede acabar es una inyección económica y social a las clases menos favorecidas.

Ustedes en otra entrevista le decían a un colega de Noisey que la gente en la escena del rap mucha gente se acostumbra a pedir, no a camellar. Como caminar esa delgada línea entre pedir esa inyección que el estado les debe sin llegar a vender miseria.

Es que no es pedir, es que cumplan. O sea, si los políticos van allá y ofrecen tanto pues que lo cumplan. Porque usted lo que está aportando es un voto para que le den garantías. Si usted da su voto y le quedan mal entonces  tiene que ir a pedir, pero lo que usted está pidiendo es lo que le tenían que dar. Y si no se le dieron es por la corrupción. Eso ya todos los sabemos.

La Etnnia es fruto de la guerra, toda su música, letras y videos están empapados de violencia, ¿ustedes sienten que, como artista, tienen algo que perder con la paz?

A nosotros nos tocó vivir esto y aquí estamos contando la historia con canciones. Esta realidad violenta ha sido fuente de inspiración. Pero si en dado caso cambiara este entorno para el bien de todos, pues hermano… ¿quién no va a querer que su país esté bien?

Usted me ha hablado mucho de las cosas que no han cambiado desde los noventa, pero hay algo que sí ha cambiado mucho desde esa época y es el rap: en los noventa era muy social y se ocupaba mucho de hablar de esa realidad cruda, mientras que ahora se ha diversificado y habla de mujeres, de fumar bareta y pasarla bien ¿por qué?

El rap desde siempre,  desde Grandmaster Flash, desde Furious Five, desde Melle Mel, ha tenido su tendencia a narrar la cotidianidad. Ellos narraban sus injusticias y nosotros hicimos lo mismo, pero con las de nuestro barrio. Lo que pasa es que el género ha crecido y ahora tiene  más vertientes. Hay algunas que son más comerciales, para el club, para la discoteca, y no hay problema con eso. La gente también tiene derecho a pasarla bien.

Las letras del Ataque del Metano fueron muy trasgresoras porque en el 94 nadie había narrado el barrio de esa manera, ¿tiene sentido seguir haciendo rap para crear conciencia en 2017?

!Claro! Desde que haya inconformismo y cosas que uno pueda narrar y decir por otras personas, yo lo seguiré haciendo y lo seguiré escribiendo y lo seguiré narrando porque esa nuestra misión.

El día que no haya inconformismo, nadie va a quejarse en rap porque la gente habla de lo que siente. De pronto vamos mejorando y todo va mejorando y mejorando cada vez más y nos volvemos tipo Suiza. Entonces el ‘rapsito’ va a ser de pronto un poquito más tranquilo, yo me imagino. Como el de allá

 

 

 

 

 

 

 

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