Foto: Santiago Mesa

Desde 2008, la Corte Constitucional le ha pedido a la Fiscalía investigar 634 hechos de violencia sexual contra 768 víctimas. El nivel de impunidad supera el 97%. Foto: Santiago Mesa.

Lea aquí la primera entrega de ¡Pacifista! sobre el informe de violencia sexual del CNMH.

Por Julio C. Londoño Á.

“El vocabulario erótico del varón se inspira en el vocabulario militar: el amante posee el ardor de un soldado, su sexo se tensa como un arco; cuando eyacula, «descarga»; es una ametralladora, un cañón. Habla de asalto, de victoria. Hay en su celo no se sabe qué gusto de heroísmo”.

‘El Segundo Sexo’, Simone de Beauvoir

“En Buenaventura existen muchas chicas solteras con hijos de soldados que nunca más volvieron a ver”, cuenta Mercedes*, una mujer líder afro del Pacífico colombiano. “Nunca se recordaron que dejaron el muchachito, y hacen uso del uniforme, y el uniforme los escuda”.

Las palabras de Mercedes resumen las condiciones que hicieron posible que en Colombia el amor se convirtiera en una táctica de guerra.

También lo hace esta reflexión de la misma mujer: “La escuela ha dicho que el uniforme es poder, y nos han enseñado que el uniforme es bueno así sea un uniforme de pelado. Eso lo hemos aprendido: en la casa, en la escuela, en los medios de comunicación. Rico ser esposa de un coronel. No son las chicas nuestras, ¡son todas!”.

El relato forma parte del nuevo informe del Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH) La guerra inscrita en el cuerpo, que recoge testimonios y cifras sobre la violencia sexual en el marco de más de treinta años de conflicto armado.

Y un aparte del informe ofrece una reflexión sobre el papel que tuvo el “enamoramiento” como modalidad de violencia sexual: como una estrategia no solo oportunista para acceder al cuerpo de niñas y adolescentes, sino también para arrastrarlas al corazón del conflicto.

* * *

Natalia: esclava sexual y miliciana

Es el caso de Natalia, una excombatiente de las Farc reclutada a los quince años en el sur del Tolima.

A los investigadores del CNMH les contó cómo un hombre la contactó por medio de un trabajador de la finca de su papá que le consiguió el número. Tras dos meses, el hombre la enamoró, la convirtió en su confidente, y él se perfiló como un salvador para sus problemas familiares y económicos.

Un día Natalia se escapó del colegio, y cuando su familia lo advirtió, ya iba rumbo a Caquetá a encontrarse con el hombre.

Resultó ser un guerrillero, no tan joven como había dicho. Natalia resistió, pero el hombre terminó por violarla. La convirtió en su esclava sexual, la obligó a convivir con él y, luego, a hacerse miliciana.

Según el informe, el caso de Natalia muestra cómo la estrategia de “enamoramiento” la condujo a una condición de vulnerabilidad y favoreció la violencia reiterada en su contra. También concluye que, aun cuando la violencia sexual estaba prohibida, al interior del grupo guerrillero las agresiones terminaron siendo legitimadas bajo la excusa de una “relación de pareja”.

* * *

Uniformes y estatus: la ruta del abuso

El amor romántico se ha sustentado en la superioridad de los hombres sobre las mujeres. Pero si a esto le sumamos la militarización y la pobreza de tantos territorios en disputa, el escenario se vuelve aún más propicio para justificar la coerción sexual.

En muchos casos, el estatus y la seguridad aparente de los uniformes se presentan como una posibilidad de ascenso social y mejoramiento de las condiciones de vida.

La estrategia del “enamoramiento” no es exclusiva de un grupo armado particular. Según la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, en una visita a Quibdó en 2006, obtuvo información de cómo algunos miembros de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC) usaron la táctica para abusar sexualmente de niñas entre ocho y quince años. El fenómeno causó embarazos no deseados en una zona con un frágil servicio de salud.

En el caso de los pueblos indígenas siona y nasa de Putumayo, la Mesa de Trabajo Mujeres y Conflicto denuncia que la Fuerza Pública utiliza el ”enamoramiento” de jóvenes como herramienta de seducción y coerción, lo que ha desatado un aumento de embarazos e infecciones de transmisión sexual.

En Tumaco, según explica la corporación Sisma Mujer, las relaciones entre la población civil y los grupos armados han desencadenado en prostitución infantil, embarazo adolescente y aumento de casos de VIH.

“Resulta que con esa cantidad de policías que han entrado aquí a Tumaco —le dijo una mujer afro al CNMH— los traen como refuerzos, y a las peladitas las enamoran, las engatusan, están con ellas, las embarazan, y a algunas las llegan a violar también. Las dejan embarazaditas, ellas van allá [a la policía] se quejan, no hay con quien quejarse porque no tienen pruebas si es de él o no es de él, y fácilmente se salen por la tangente, piden su traslado, lo mandan y se queda el paquete en Tumaco”.

En Tumaco las relaciones entre población civil y grupos armados desembocaron en prostitución infantil, embarazo adolescente y aumento de casos de VIH

* * *

Enamorar para acabar con el ‘enemigo’

El “enamoramiento” no ha sido una práctica exclusiva para acceder sexualmente al cuerpo de las mujeres. Según el CNMH, sobre todo la Fuerza Pública lo ha usado como una técnica de manera sistemática para obtener información del ‘enemigo’. Sus principales víctimas: mujeres campesinas, afro e indígenas.

“El ‘enamoramiento’ se ha usado como una forma de cooptación de las comunidades e instrumentalización de las niñas y las jóvenes, quienes fueron estigmatizadas por tener relaciones afectivas y amorosas con la Fuerza Pública”, dice el informe. Esto las pone en un riesgo frente al enemigo. Como señaló la Mesa de Trabajo Mujeres y Conflicto, en 2014 ocurrieron doce homicidios de mujeres en Arauca, todos relacionados con retaliaciones de la guerrilla por sus vínculos sentimentales con soldados.

El ‘enamoramiento’ se ha usado para cooptar comunidades e instrumentalizar las niñas y jóvenes

Más allá de la guerra, el informe del CNMH invita a cuestionar la manera cómo la sociedad ha elevado los valores del amor romántico a un punto de violencia silenciosa.

No es gratuita la sabiduría popular que dice que del amor al odio hay un solo paso y que las relaciones amorosas se guían por patrones de posesión, celos, sacrificios y traiciones. La dominación emocional hace parte de nuestras relaciones más cotidianas, de la justificación de los crímenes pasionales, de los 36.290 casos de violencia intrafamiliar contra las mujeres y las 758 que han sido asesinadas en 2017, según informa Medicina Legal.

Este es un ‘amor’ que pasa por la justificación y la culpabilización de las víctimas y por el silencio cómplice con los victimarios y en algunos casos, un amor que le roba a la víctima su posibilidad de proteger su vida o la de sus familiares.

ARTÍCULOS RELACIONADOS