Alianza Democrática M-19

Logo de la Alianza Democrática M-19 (1990).

Son pocos los detalles que quedan pendientes en la mesa de conversaciones entre el Gobierno y las Farc en La Habana (Cuba). Muy pronto, cuando se firme el acuerdo final de paz y, probablemente, se refrende lo pactado, asistiremos a la transformación de esa guerrilla en un movimiento político legal. Entonces, vale la pena recordar cómo fue el debut en la democracia de otra de las guerrillas que ha tenido nuestro país: el Movimiento 19 de abril (M-19).

El 9 de marzo de 1990, en los campamentos de Santo Domingo (Cauca) y El Vergel (Huila), se dio la desmovilización y el acto de dejación de armas del M-19. Ese día, el ‘eme’ empezó a hacer política sin armas, “un acontecimiento de significado histórico para Colombia”, dice el historiador y exmilitante de esa guerrilla Darío Villamizar.

La desmovilización del M-19 tuvo un efecto político inmediato que no estaba contemplado en los acuerdos de paz. Dos días después, el 11 de marzo de 1990, se realizaron las elecciones legislativas y regionales, en las cuales, a través de la llamada “Séptima Papeleta”, se abrió camino a la convocatoria de una Asamblea Nacional Constituyente.

 

En ese contexto, recién incorporado a la civilidad, Carlos Pizarro, comandante del M-19, se postuló como candidato a la Alcaldía de Bogotá. Además, Antonio Navarro Wolff, Vera Grabe y Everth Bustamante, también figuras de esa guerrilla, aspiraron a la Alcaldía de Cali y a la Cámara de Representantes por Bogotá y Cundinamarca respectivamente.

En el balance final, Pizarro obtuvo casi 80 mil votos y quedó cerca de ser elegido alcalde de Bogotá. Navarro, aunque terminó lejos de ser alcalde de Cali, consiguió un número importante de votos. Grabe y Bustamente lograron curules en la Cámara que, sin embargo, fueron revocadas el 8 de junio de 1991 por la disolución del Congreso que efectuó el presidente Gaviria en virtud de la Asamblea Constituyente.

Pasadas esa elecciones, el 3 de abril de 1990, se reunieron en Bogotá varios integrantes de movimientos políticos entre quienes se encontraban miembros de la UP, del Frente Popular, del Socialismo Democrático y Colombia Unida. De esa forma, nació Alianza Democrática M-19 (AD M-19). “Un movimiento nacional de carácter pluralista”, explica Villamizar. La idea era aglutinar las fuerzas distintas a los partidos tradicionales, Liberal y Conservador, de cara a las elecciones venideras.

La significativa votación para Carlos Pizarro como candidato a la Alcaldía de Bogotá, lo llevó a postularse ahora como candidato presidencial, representando a la AD M-19, en los comicios que debían realizarse en mayo de 1990. “No le podemos entregar a los niños un país desecho”, era el lema de Pizarro.

Según el periodista Javier Correa, ese nuevo movimiento “desde su origen, contó con el apoyo de muchos colombianos. Ese era su único capital político. Además, durante la campaña presidencial, la figura de Pizarro movió masas. Él ya no era ‘Carroloco’ el bandolero, sino un man chévere, el rockstar de la época. Era, en últimas, un tipo bien, que había estudiado en la Javeriana y que había tenido como compañeros de pupitre a Noemí Sanín y a Ernesto Samper”.

La población civil lo aceptó y recibió con los brazos abiertos. La gente era loca por tocarlo”, recuerda María José Pizarro, hija de Pizarro.

La candidatura presidencial de Carlos Pizarro empezó a tomar fuerza porque él, y toda la base política de la recién fundada AD M-19, “encarnaba una figura renovadora para la política que era diferente a los tradicionalismos”, sostiene Javier Correa.

Además, por los acuerdos suscritos entre el M-19 y el Gobierno, la entrada de esa guerrilla a la democracia supuso una nueva opción para los colombianos en los medios de comunicación con la concesión, por parte del Instituto Nacional de Radio y Televisión de Colombia (Inravisión), de un espacio en la televisión que daría lugar al noticiero AM PM.

“Hay que construir una nación más democrática y poderosa”, era el mensaje de la AD M-19 a los colombianos durante la campaña presidencial. “Tener paz, tener desarrollo y una nación que pueda entrar al siglo XXI pisando fuerte”, decía Pizarro.

 

Por los pactos de participación política que habían suscrito el Gobierno y el M-19, la candidatura presidencial de Pizarro contó con un espacio extenso en la televisión para que el aspirante, por el riesgo que corría al hacer campaña alrededor del país, expusiera allí sus propuestas. Esa transmisión se hizo el 20 de abril de 1990.

 

No obstante, la violencia se atravesó (otra vez) en la historia política nacional, perjudicando nuevas asociaciones políticas como la AD M-19. El 26 de abril, apenas seis días después de su discurso por televisión, Carlos Pizarro fue asesinado mientras realizaba actividades propias de su campaña.

Con ese asesinato afloró en sectores de la izquierda, que ya venían aguantando el exterminio contra la Unión Patriótica, el temor de hacer política sin armas. Sin embargo, “a Pizarro lo asesinaron más por ser candidato presidencial que por ser exguerrillero”, dijo en esa época Antonio Navarro, heredero de la candidatura presidencial. 

Pese a la muerte de su figura política, la AD M-19 siguió contando con cierto apoyo popular. El 9 de diciembre de 1990, en los comicios para elegir constituyentes y dar comienzo a la Asamblea Nacional, ese movimiento logró 19 asientos de 70 y fue el segundo sector con más participación, después del Partido Liberal. Asimismo, consiguió que Antonio Navarro, junto con Horacio Serpa y Álvaro Gómez Hurtado, fuera uno de los presidentes de la Asamblea.

Los avances en la política de la AD M-19, ahora sin Pizarro, continuaron. Así se evidenció con el nombramiento del exguerrillero Otty Patiño, en agosto de 1991, como integrante de la Comisión Asesora de Orden Público. Y por otro lado, con la designación de Navarro Wolff como Ministro de Salud por el entonces presidente Cesar Gaviria.

Sin embargo, para 1994, la AD-M19 empezó a perder popularidad y poder político, sobretodo en las elecciones al Congreso y la Presidencia de ese año. “El movimiento no fue capaz de organizarse como un partido político capaz de actuar coordinadamente en el nivel regional y nacional ni de crear las bases necesarias para mantenerse vigente como fuerza electoral y política”, afirmó el sociólogo Iván Camacho en su trabajo de investigación ‘La Alianza Democrática M-19, Fragmentación y Fracaso de un Partido Naciente’.

Incluso, ante la pérdida de popularidad de la Alianza Democrática, Antonio Navarro, otrora líder de ese movimiento, se presentó como candidato presidencial a las elecciones de 1994 representando a un partido distinto llamado Compromiso Colombia. Perdió esos comicios al obtener apenas el 4% de los votos.

Por otro lado, por el declive político de la AD M-19, el espacio noticioso AM PM terminó perdiendo el contrato logrado en 1990 y desapareciendo de la parrilla de programación en el cuatrienio del presidente Ernesto Samper (1994-1998).

 

 

“Sin armas, las guerrillas dependen del apoyo de la gente”, sostiene Navarro Wolff. Ese principio, que en su momento aplicó el ‘eme’, no bastó. Para 1994, el movimiento surgido de la desmovilización pasó de tener 24 congresistas a uno solo. El experimento de un partido político heredero de la lucha armada empezó a tener una escasa repercusión electoral.

Además, la ideología que inicialmente aglutinó a todos los exguerrilleros del M-19 en la AD M-19 se terminó diluyendo. Varios miembros de la Alianza Democrática comenzaron a ser cobijados por otras banderas políticas.

En 2005, luego de haber hecho parte de asociaciones políticas como Compromiso Colombia y Vía Alterna, Navarro Wolff y Gustavo Petro, también exguerrillero del M-19, fueron abrigados por el Polo Democrático Alternativo. Por su parte, Everth Bustamante se adhirió ese mismo año al uribismo, uniéndose primero al Partido de la U y luego dando el salto al Centro Democrático.

Aunque en orillas opuestas, esas tres figuras han sido el ejemplo de la continuidad en la política de los desmovilizados, pese a la desintegranción de la AD M-19. Navarro, por ejemplo, logró ser alcalde de Pasto (1995-1997), representante a la Cámara (1998-2002), Senador (2002-2006 y 2014-hasta la actualidad) y gobernador de Nariño (2008-2011). Gustavo Petro consiguió ser representante a la Cámara (1998-2006), Senador (2006-2010) y alcalde de Bogotá (2012-2015). Y Everth Bustamante fue alcalde de Zipaquirá (2001-2003), director de Coldeportes (2006-2010) y Senador (2014-hasta la actualidad).

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