Foto por: hdtpcar/vía Flickr

Foto por: hdtpcar/vía Flickr

Basta con echar un vistazo a los teléfonos inteligentes de los migrantes que llegan en oleadas hasta las aguas de Italia para descubrir imágenes dramáticas. A fin de cuentas, se trata de instantáneas que documentan un viaje a través de la opresión y la violencia.

Y todavía más escalofriantes resultan las imágenes difundidas por algunos migrantes durante sus travesías por el desierto. En ellas se ven los cadáveres de adultos y de niños que han sido abiertos en canal: se observan sus torsos destripados y sus rostros ensangrentados.

Son imágenes que parecen extraídas de películas de terror, pero que son tan reales como la escabrosa existencia de un red de tráfico de órganos que se nutre, especialmente, de los muchos migrantes, en su mayoría subsaharianos, que atraviesan los peligrosos dominios del norte de África y a los que siempre se opera mientras están vivos para extraerle sus preciados órganos.

Las imágenes revelan que el tráfico incumbe a riñones, hígados, córneas y hasta corazones de personas vivas, más o menos anestesiadas, a menudo inconscientes. El mercado negro de órganos funciona gracias a la demanda existente de países generalmente ricos, como Estados Unidos, Israel o Arabia Saudí. Según los datos publicados por el rotativo italiano la Repubblica se trata de un negocio que genera 1,4 millones de dólares al año, según los datos de la organización humanitaria Global Financial Integrity citada en el artículo.

La alerta por la existencia del tráfico de órganos en África del Norte no es ninguna novedad. En 2009, Mussie Zerai, presidente de la agencia Habeshia, ya advertía que cada vez eran más los migrantes que llegaban a Italia huyendo de países donde el tráfico de órganos empezaba a extenderse.

Según su relato, en un primer momento el tráfico surge como una mera amenaza. A menudo el proceso consiste en secuestrar a un migrante y luego en contactar a los miembros de su familia que vivan en Estados Unidos, Europa o Canadá para amenazarles con que si no pagan, les arrancarán los órganos a sus familiares.

Según apuntan las informaciones, los traficantes habrían estado actuando con total impunidad en la zona del Sinaí, en la frontera que separa a Egipto de Israel. En las arenas de aquel desierto se han encontrado numerosos cadáveres de migrantes, principalmente de Sudán, Etiopía y Eritrea, que presentaban la ausencia de sus órganos vitales y unas cicatrices llamativas.

La UE está convirtiendo la inmigración y la seguridad fronteriza en un negocio privado. Leer más aquí.

“Los testigos aseguran que los médicos que han participado en las extracciones operan en furgonetas con aspecto de ambulancias” relata Mussie Zerai a VICE News. “A las víctimas se las intercepta en mitad de su travesía, se las opera, se les extraen los órganos y se las arroja de nuevo en mitad de la nada, abandonadas a una muerte casi segura”.

Según los testimonios los traficantes exigirían entre 30.000 y 60.000 dólares como rescate. Y, a menudo, ni siquiera después de que tales cantidades hayan sido abonados, la seguridad de los migrantes queda garantizada.

“Algunas personas son vendidas a otros traficantes, mientras que a otros, directamente, se les asesina”, cuenta Zerai.

A partir de 2011, gracias a las denuncias interpuestas ante el gobierno egipcio por diversas organizaciones, se empezaron a desplegar operaciones para desmantelar a las redes de traficantes que operan cerca del Sinaí.

Sin embargo, algunas informaciones recabadas recientemente apuntan a que aquellas mismas mafias estarían ahora operando en Libia.

Una de las primeras pistas sobre la existencia de una red de tráfico de órganos llega desde Palermo. Allí la policía italiana había detenido a Nuredin Atta Wehabrebi, el primer traficante que ha colaborado con la justicia italiana. Wehabrebi habría relatado a los investigadores italianos el modus operandi de los criminales.

A menudo los migrantes no tienen el dinero para pagarse el desplazamiento que han emprendido por tierra, ni adonde acudir para pagar su travesía marítima”, ha contado Wehabrebi a los investigadores. “Me han contado que algunas de estas personas se ofrecen a los egipcios, quienes se encargan de asesinarles y luego vender sus órganos en Egipto por sumas de alrededor de 15 mil dólares por órgano. Este grupo de egipcios en particular estaría provisto del equipamiento médico necesario para extirpar los órganos y de las bolsas térmicas para trasladarlos”.

Wehabrebi no participó en el tráfico de órganos de primera mano. Pese a todo, el fiscal de Palermo ha conferido credibilidad absoluta a su testimonio, habida cuenta de que el confesor habría trabajado estrechamente con algunos de los máximos responsables de la red de traficantes que opera en Libia, como Emias Ghermay y Fiwi Abdruzazak.

“La credibilidad de Wehabrebi deriva del hecho que él mismo era uno de los capos de la organización de traficantes y del hecho que llevaba en Libia desde 1998”. Así lo comunicó el adjunto del fiscal de Palermo, Maurzio Scalia, durante una rueda de prensa celebrada el pasado mes de julio. “Convivía con uno de los cuatro principales traficantes que operan entre Trípoli y Benghazi, el eritreo Fitwi Abdrurazak. También ha contado que Ermías Ghermay sería otro de los principales traficantes”.

Claro que todavía falta contrastar y verificar el funcionamiento de la presunta red de tráfico de órganos, cuyo radio de intervención habría comprendido desde los territorios del África subsahariana hasta tierras libias”, ha especificado Scalia.

De lo que no cabe ninguna duda es de que las declaraciones del confesor a las autoridades italianas llevaron en julio del año pasado a la detención de 38 personas. Todas ellas fueron acusadas en distinto grado de asociación para delinquir en el ámbito de la migración clandestina y de asociación financiera y criminal destinada al tráfico de estupefacientes. Los cargos están agravados por el carácter internacional de la organización criminal para la que trabajaban los 38 sujetos en el momento de ser detenidos, y en última instancia han servido para probar que Wehabrebi decía la verdad.

Otro escabroso hallazgo ha sido proporcionado en las últimas semanas por el médico milanés, Paolo Calgaro, quien trabajo en el servicio de urgencias del Hospital Carlo Borromeo.

Calgaro escribió el pasado 11 de agosto una carta publicada en el periódico local Avvenire. En la misma relata la llegada al hospital de un hombre de 42 años de pasaporte sudanés. El migrante fue trasladado hasta el servicio de urgencias por uno de los responsables de un centro de acogida para migrantes en tránsito.

El individuo presentaba síntomas de resfrío agudo y los miembros del centro de acogida creyeron que estaban padeciendo una neumonía. Sin embargo, cuando Calgaro atendió al paciente descubrió que tenía una importante cicatriz en su flanco izquierdo.

El sudanés le contó entonces al médico italiano lo que le había sucedido: había estado secuestrado por traficantes libios. Hace 16 meses le dirigieron hasta una suerte de ambulatorio abandonado para realizarle presuntos análisis de sangre. Dos días después se despertó con un intenso dolor en el costado. Entonces le contaron que le habían extraído su riñón izquierdo sin su permiso para dárselo a un amigo del dueño del ambulatorio.

Calgaro, completamente atónito, decidió someter al paciente a un examen radiológico y para su asombro, pudo contrastar las palabras del sudanés. El periódico Avvenire comprobó poco después había estado en el centro de acogida, sin embargo no pudo dar con su paradero: su rastro se perdió allí.

El suyo parece el testimonio más incontestable del destino que están padeciendo muchos migrantes a su paso por Libia, acaso el destino más descarnado y terrorífico de entre los muchos peligros a los que se exponen todos aquellos que emprenden rumbo a Europa en busca de una vida mejor.

“Nosotros no teníamos noticia de prácticas semejantes en Libia hasta el último año y medio”, relata Zerai. “Pero es muy probable que tras el desmantelamiento de las redes de traficantes que operan en el Sinaí muchos de estos traficantes hayan decidido desplazarse hacia el sur de Egipto, desde donde se habrían infiltrado hasta los territorios libios. Eso no me sorprendería en absoluto”, ha añadido Zerai.

Varios organismos cuestionan la vinculación entre inmigración y terrorismo yihadista. Leer más aquí.

Si se confirman los espeluznantes relatos de todos los migrantes que aseguran haber visto la muerte de niños y adultos habría que incluir el tráfico de órganos al catálogo de abusos y las violaciones sistemáticas de sus Derechos Humanos — como violaciones, chantajes y secuestros— a los que se enfrentan quienes huyen de sus países rumbo a Europa, tal y como ya se ha denunciado por todas las ONG y organizaciones humanitarias que trabajan en el terreno.

“Se trata de un nuevo abuso”, comenta Riccardo Noury, portavoz de Amnistía Internacional en Italia. “Se trata de un nuevo episodio de trato inhumano e intolerable que informa de un nuevo marco de acción entre los traficantes, quienes habrían ampliado su radio de acción hasta el África Central, y que alcanzaría hasta las costa de Libia, el escenario de las escenas más despiadadas observadas hasta ahora”.

Él confía en que Amnistía Internacional acometa una investigación más profunda del tráfico de órganos en el norte de África, un fenómeno al que la ONG alega no haberse enfrentado todavía por falta de las fuerzas y los recursos necesarios.

Según Noury existe la necesidad de llevar a cabo una intervención política para intentar detener la plaga moderna en que se ha convertido el tráfico de órganos. Y para ello es necesario redoblar las políticas migratorias que se aseguren de que el tránsito de quienes huyen del hambre, la guerra y la violencia rumbo a Europa no terminen abiertos en canal en salas clandestinas de ambulatorios abandonados.

“Necesitamos disponer de una política migratoria que intervenga y evite que miles de personas sigan cayendo sistemáticamente en manos del crimen organizado”, relata a VICE News. “Lo que está claro es que cuando mayor es la precariedad y el abandono de los migrantes más fácil es que sucumban a las garras de los traficantes, que operan con total impunidad”.

Respecto a la urgencia de una acción política, Zerai asegura que después de tantos años urgiendo a las instituciones para que hagan algo — desde el parlamento italiano, al europeo, pasando por la Interpol — es necesario un esfuerzo diplomático por parte de los gobiernos occidentales para presionar a los países en los que operan los traficantes.

“Es el turno de la política para actuar, porque la justicia tiene las manos atadas debido a lo limitado de su jurisdicción”, explica a VICE News. “Y hay que seguir el rastro del dinero que se está pagando por los rescates de los secuestrados y que acostumbra a proceder de Estados Unidos, Europa y Canadá. Ese hilo tendría que desembocar en los auténticos responsables. Y eso es algo que todavía sigue sin hacerse. Hay detenciones aquí y allá, pero ninguna operación coordinada. Queda mucho camino por recorrer”.

Sigue a Giulia Saudelli en Twitter: @giuliaellli

*Este artículo fue publicado originalmente en VICE NEWS.

ARTÍCULOS RELACIONADOS