Francisco Quiñones, durante la jornada del domingo. Él es el autor de este texto.

Por: Francisco Quiñones

Domingo 16 de julio de 2017: La oposición venezolana organizó de forma autónoma un plebiscito para consultar a la ciudadanía su postura frente a la agenda chavista. Esta consulta se realizó enmarcada en un llamado a la “desobediencia civil” en contra de cualquier gobierno de corte autoritario o antidemocrático, una figura que, irónicamente, está amparada en el artículo 350 de la Constitución chavista de 1999.

Los emigrantes no fuimos la excepción en esta consulta. La fuerza electoral de la diáspora es tal que la actividad se desarrolló en unos 100 países alrededor del mundo, de acuerdo con datos suministrados por la organización. En Colombia, hubo 27 centros de votación repartidos en 10 ciudades y los venezolanos teníamos que responder ‘Sí’ o ‘No’ a cada una de las siguientes preguntas:

  1. ¿Rechaza y desconoce la realización de una Constituyente propuesta por Nicolás Maduro sin la aprobación previa del pueblo venezolano?
  2. ¿Demanda a la Fuerza Armada Nacional y a todo funcionario público obedecer y defender la Constitución del año 1999 y respaldar las decisiones de la Asamblea Nacional?
  3. ¿Aprueba que se proceda a la renovación de los poderes públicos de acuerdo a lo establecido a la Constitución, y a la realización de elecciones libres y transparentes así como la conformación de un gobierno de unión nacional para restituir el orden constitucional.

Varios de los asistentes a la paz se manifestaron con carteles a favor del cambio en el gobierno venezolano. Fotos: Sara Gómez Toro.

De acuerdo con los resultados, cuando está escrutado el 99% de los votos (7.535.259), el ‘Sí’ ganó en cada una de las preguntas por un margen mayor al 98 %, lo que impulsó a la oposición en Caracas a anunciar que este miércoles sentarán las bases de un gobierno paralelo de unidad que buscará legitimidad en el plano internacional.

Sin embargo, el camino para llegar a este punto no fue sencillo y pude experimentarlo en carne propia. Desde que anunciaron la consulta, sentí el llamado de contribuir con la causa democrática a pesar de estar lejos de mi país. Curiosamente, me asignaron la tarea de “seguridad” en el punto de la Plaza de Bolívar, en Bogotá.

Así que esto es lo que vi a lo largo de un día en el que me sentí como un vendedor de aguacates perifoneando infinitamente las siguientes frases:

 

“Prohibidas las fotos, por favor” –

-10:00 AM-

Llegué un par de horas antes del comienzo de mi turno como celador electoral, pensando en votar relajado y sentir el ambiente en los alrededores por un rato. Sin embargo, luego de ejercer mi derecho me asignaron de inmediato la primera tarea: La Miss Universo 2009, Stefania Fernández, era miembro de mesa y despertó pasiones. Ídolo de un país, niñas y adultos morían por una foto con ella, a pesar de que la orden explícita era la prohibición de registro fotográfico o audiovisual dentro del centro “por seguridad”. Al comienzo me sentí abrumado y su novio (o esposo, no lo sé) me distraía con preguntas sobre el proceso, pero terminé siendo todo un guardaespaldas anti-paparazzi bloqueando fotos con mi cuerpo.

En el puesto de la Plaza de Bolívar votaron 18.625 venezolanos.

“Cédula o pasaporte en mano, por favor”

-12:00 PM-

La organización de la actividad fue impecable. Al mediodía me dieron almuerzo y una nueva tarea: Dar información y validar documentos en la fila que serpentaba a varias cuadras de la plaza. Alcancé a escuchar “Llega a la Jiménez”. Todo fluía bien en la fila hasta que la farándula atacó de nuevo. Gritos, desorden y un grupo de personas que saltó la reja perimetral del centro y corrió hacia las mesas. Habían llegado dos actores de series juveniles y generaron más caos que la presencia del propio Maduro. Corrí detrás de estas personas y alcancé a atrapar una chica. La adrenalina solo me permitió decir “¿QUÉ COÑO DE LA MADRE TE PASA?”. Apenada, se dio la vuelta para salir. Me dirigí de nuevo a mi puesto y de reojo la vi corriendo hacia las mesas de nuevo. La volví a interceptar y esta vez la Policía se encargó de hacerla salir definitivamente. Aparentemente, para algunos venezolanos vale más una selfie pop que expresar su voluntad ciudadana.

 

“Enséñame tu cédula, por favor”

      3:00 PM –

En horas de la tarde comenzó la tarea más ardua: Mi nuevo puesto de trabajo era vigilar el último filtro de la fila previo al acceso a las mesas de votación. Era de vital importancia verificar los documentos y afuera, el grueso de los más de 18.000 venezolanos que votaron, esperaban impacientemente su turno. Vi de todo: Amigos, gente con todo tipo de discapacidades, hasta un nutrido grupo de transexuales con su mejor maquillaje de motivos patrios. Un día de contrastes, como nuestro país.

En medio del ajetreo, mientras contenía la fila, me llama una persona de aspecto europeo, vestida sencillamente y sin escoltas. “Soy el embajador de Francia ¿Podrías llamar a alguno de los organizadores?”. Dudé de la veracidad de su afirmación, pero pocos minutos después de haberle dado acceso, tenía unas tres cámaras de televisión encima. Otra de las anécdotas curiosas del día.

 

“Somos muchos y hay poco tiempo, dos filas por favor”

-4:00 PM-

Dejar las cosas a última hora es deporte nacional (me atrevería a decir que regional). Aunque la cita era hasta las 4:00 p.m. o hasta que se acabara la fila, a la hora de cierre la serpiente humana alcanzaba la Biblioteca Luis Ángel Arango. Seguía en el mismo puesto pero ya no verificaba documentos con el mismo cuidado, la orden era dejar pasar el mayor número de gente posible. Pocas veces en mi vida he estado tan estresado.

Las pinturas, las banderas y las gorras de Venezuela fueron un constante durante las votaciones en Bogotá.

“¿QUIÉNES SOMOS? ¡VENEZUELA! ¿QUÉ QUEREMOS? ¡LIBERTAD!”

-6:00PM-

Después de mucha deliberación con la Policía, el centro cerró a las 5:30 p.m. a pesar de que habían rezagados intentando votar, mientras los demás asistentes a la plaza repetían con más fuerza el grito que marcó la jornada: “¿Quiénes somos? ¡Venezuela! ¿Qué queremos? ¡Libertad!”.

Prendí tres cigarrillos, cada uno con la colilla del anterior, después de una jornada tan extenuante. Mientras contaban los votos, nos asignaron la última y menos agradable tarea del día: Recoger el mierdero que dejaron los “compatriotas” en la plaza. Qué vergüenza. Abundaban los cartones de guaro, plásticos que recubren six-packs de cerveza y todo tipo de basura. En medio de esta penosa tarea, el comentario recurrente entre los colaboradores fue “para que no hablen mal de nosotros”.

Personalmente, no siento superioridad moral de ningún tipo por ser voluntario, pero sí puedo hablar muy mal de todos los que dejaron eso en la plaza, especialmente cuando un habitante de calle, rolo como nadie, se ofreció para ayudarnos a recoger basura a cambio de las numerosas cajas de cartón que se usaron en la actividad. Ciudadanía de quien menos lo esperas.

“(Silencio)”

-8:30 PM-

Anuncio oficial de resultados: 18.625 votos en el punto de la Plaza de Bolívar y 36.318 en toda Bogotá. El fin de una jornada histórica en la cual la sociedad civil venezolana se organizó para conseguir 7.600.000 votos luego de dos semanas de convocatoria, sin apoyo institucional del ente comicial, con fondos precarios y una feroz censura en medios de comunicación. Si usted cree que la “desobediencia” ante un gobierno autoritario se limita a lanzar una piedra o una molotov, vea lo que hicieron los ciudadanos de mi país.

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