Victoria Sandino y Lucas Carvajal, miembros de la delegación de paz de las Farc. Foto: Farc

Victoria Sandino y Lucas Carvajal, miembros de la delegación de paz de las Farc. Foto: Farc

Una propuesta que hicieron las Farc desde La Habana (Cuba) pasó desapercibida durante los últimos días. Se trata de un modelo para financiar las grandes reformas que demandará la construcción de paz, una vez se logre un acuerdo entre el Gobierno y esa guerrilla para darle fin al conflicto armado.

El modelo de financiación se llamaría Fondo Nacional para el fin del conflicto, la reconciliación y la construcción de la paz, “FONAPAZ”; tendría una vigencia mínima de 10 años, y sus recursos serían, por lo menos, cuatro puntos del PIB. Es decir, según cifras de 2014, eso equivale a 28,2 billones de pesos. Casi cinco veces lo que le deben las EPS a los hospitales, o lo suficiente como para construir dos líneas de metro en Bogotá.

Según las Farc, la financiación de este fondo exigiría redefinir la actual estructura del gasto del Estado, “en particular del gasto en seguridad y defensa. Durante los próximos cinco (5) años se reorientará hacia el Fondo el equivalente de entre uno punto cinco (1.5) y dos puntos (2) del total del PIB actualmente destinado a gasto en seguridad y defensa”, dice la propuesta de la guerrilla.

Entre otras fuentes de financiación para el denominado FONAPAZ, las Farc proponen que se eliminen todas las exenciones tributarias a los “grandes capitales”, que se cree un impuesto especial  “que deberá ser pagado por grandes capitales nacionales y extranjeros, por latifundistas improductivos, ganaderos y grandes empresarios del agro” y una “contribución extraordinaria por extracción de recursos naturales minero-energéticos”.

En cuanto a los recursos provenientes de gobiernos u organismos multilaterales, que serían una especie de ‘cofinanciadores’,  la guerrilla puntualizó en su propuesta que se le deberá “exigir” al gobierno de los EE.UU.  que los recursos destinados para ayuda militar “sean redireccionados” en su totalidad hacia el Fondo.

Preguntas que quedan

Está claro que este FONAPAZ es tan solo una propuesta de las Farc que no ha sido consentida, ni valorada públicamente, por los negociadores del gobierno colombiano. Pero, a grandes rasgos, la iniciativa coincide con un principio expuesto por el Gobierno: la construcción de paz, si bien traerá beneficios como mayores campos de inversión o la reducción de riesgos en seguridad para los empresarios, entre otros, no será barata y demandará una buena cantidad de recursos.

El mismo presidente Juan Manuel Santos ha sido enfático en que el mayor esfuerzo para financiar el posconflicto vendrá del bolsillo de los colombianos y que será necesario redirigir algunos recursos con los que cuenta hoy el Estado. Sin embargo, el primer mandatario ha sido cauteloso en afirmar o negar que será “el gran capital”, como llama la guerrilla a las corporaciones nacionales y extranjeras, el que haga los esfuerzos más significativos para financiar las obras de la posguerra.

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Las diferencias son significativas en otros temas como la reducción del gasto militar que propone la guerrilla. Santos, e incluso algunos negociadores del Gobierno en La Habana como el general (r) Óscar Naranjo o el mismo alto comisionado para la paz, Sergio Jaramillo, han dicho que sería un error estratégico del Estado disminuir su capacidad militar.

Luego de la desmovilización de la insurgencia, las Fuerzas Armadas deberán ejercer pleno control territorial y prevenir nuevas expresiones de violencia en las zonas donde hoy permanece la guerrilla.  Eso, han dicho los generales de la República en distintos escenarios, implica que el flujo de recursos se mantenga y, de paso, un cambio en la doctrina de las Fuerzas.

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Y es que, hasta tanto se defina el plan de inversiones y gastos que demandará la paz será imposible saber, exactamente, de dónde saldrán los recursos. En el Congreso, algunos parlamentarios han hablado de cambiar el nombre del impuesto para la guerra a ‘impuesto para la paz’ y de crear nuevos tributos para los más ricos.

El Gobierno todavía no acoge ninguna de las fórmulas y, por otro lado, desde el comienzo de las negociaciones en Cuba, organismos multilaterales como la Unión Europea y las Naciones Unidas han hablado de fondos especiales para el posconflicto que, anticipan, no cubrirían el grueso del dinero que se necesita.

También queda en el ambiente la pregunta por los recursos de las Farc. Mucho se ha especulado sobre la posibilidad de que las arcas de ese grupo ilegal se destinen, ahora que dejarían las armas, a reparar a las víctimas. Precisamente, el modelo de reparación que cobijará a las víctimas uno de los temas por acordar en la mesa de conversaciones para evacuar totalmente el punto sobre los derechos de las víctimas. ¿Será posible que algunos de estos recursos vayan, además, al fondo con el que se implementen los acuerdos? Es un interrogante pendiente.

La propuesta de la guerrilla queda sobre la mesa y promete ser una discusión que tocará directamente a los gremios y a los ciudadanos de a pie. El Gobierno tendrá que idear fórmulas para conseguir la financiación de la paz en los territorios y, si bien habrá sacrificios para muchos colombianos en un primer momento, el beneficio prometido en el largo plazo vale el esfuerzo.

 

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