Impacto que sufrió el vehículo en el que se transportaba Gustavo Petro en Cúcuta. Foto: Cortesía

Hace tres décadas, en la antesala de las elecciones presidenciales de 1990, el país pasaba por un episodio inédito de violencia política. La Unión Patriótica (UP), el partido que nació de un proceso de paz entre las Farc y el gobierno de Belisario Betancur en 1984, se convirtió en el objetivo militar de grupos de extrema derecha. Ese periodo electoral estuvo marcado por asesinatos selectivos en los que incluso el Estado participó.

Fueron ocho congresistas, 70 concejales, 13 diputados, 11 alcaldes y cerca de 4.000 militantes de la UP los que fueron asesinados. El asesinato de Bernardo Jaramillo Ossa, candidato presidencial en ese entonces de la UP, sembró temor en torno a cualquier aspiración presidencial de algún político de izquierda.

Esa misma época en la que fue asesinado el candidato Luis Carlos Galán, el ministro de Justicia Rodrigo Lara Bonilla y el líder político José Antequera, y quien fuera el comandante del M-19, Carlos Pizarro, es recordada hoy por diferentes sectores políticos.

El ataque contra el candidato presidencial Gustavo Petro en Cúcuta, en donde al parecer impactaron con bala la camioneta en la que viajaba, activó inmediatamente las escenas de finales de los noventa, cuando intentaban silenciar a políticos y activistas cotidianamente.


Lea también en ¡Pacifista!

El costo de defender la agenda LGBTI en elecciones


Aunque aún quedan varias dudas por resolver sobre el ataque contra Petro, lo cierto es que sí hubo personas que querían agredir la caravana en la que viajaba y que tanto la Policía local como el alcalde de Cúcuta, César Rojas, fueron criticados permitir que esto sucediera. De hecho, el mismo procurador general de la Nación, Fernando Carrillo, anunció la apertura de una indagación preliminar contra Rojas. “Del resultado analizaremos si se derivan responsabilidades disciplinarias por acción o por omisión”, dijo Carrillo a través de su cuenta de Twitter.

En el caso de la Policía también habrá investigaciones disciplinarias. El director de la Policía Nacional, Jorge Nieto, dijo que están revisando “todos los procedimientos en Cúcuta”. Según Petro, la Policía de Cúcuta lo llevó “preciso al punto donde me iban a atentar. Así de simple y así de bárbaro”. La vicefiscal General, María Paulina Riveros, dijo que ya se recopiló todo el material probatorio, incluyendo videos de cámaras de seguridad, testimonios de personas que estaban en el lugar e incluso la misma camioneta.

De acuerdo con el informe del CTI conocido en la noche de este lunes, “las huellas de violencia no correspondieron a impacto de arma de fuego (…)  Los peritos no hallaron rastros de impacto de proyectil de arma de fuego. No cuentan con la morfología para que se trate de un proyectil”. La duda sobre qué fue lo qué impactó a  la camioneta sigue abierta y la Fiscalía prometió una “investigación especializada”.

Al margen de este caso en particular, la violencia política, como lo hemos contado en repetidas ocasiones, también la están sufriendo los líderes sociales. De acuerdo con el informe más reciente de la Defensoría del Pueblo, desde el 1 de enero de 2016 hasta el 27 de 2017 fueron asesinados 282 líderes sociales. La mayoría de casos se han presentado en zonas donde existen fuertes disputas entre grupos armados: 75 en Cauca, 38 en Antioquia, 17 en Norte de Santander, 15 en Nariño, 15 en Valle del Cauca y 14 en Chocó.

Estos asesinatos y los ataques contra políticos y partidos son un mal recuerdo de lo que sucedió en la década de los ochenta. Consultamos a cuatro personas que vivieron esa época en carne propia y les preguntamos su opinión sobre lo que está sucediendo. Aunque reconocen matices diferentes en este periodo electoral, advierten que se está gestando un ambiente polarizado que puede desencadenar en algo muy similar a lo que en su momento vivieron candidatos de la UP o el Nuevo Liberalismo.

Aída Avella, presidenta nacional de la Unión Patriótica

Aída Avella. Foto: El Espectador

“Lo que estamos viviendo es una combinación de diferentes violencias que se han desatado en el país.  Cuando se gestó la paz con las guerrillas liberales surgió otra violencia; cuando se hizo la paz con el M-19 surgió otra violencia, ahora estamos en otro momento de paz y de nuevo otra violencia. Es un reciclaje de muchas violencias que tenemos que detener con un acuerdo nacional. No es posible que acá no se pueda pensar distinto, que todavía se solucione todo con balas. Hacerlo es repetir la historia de Colombia en pleno siglo XXI.

Ya no es el genocidio de la UP, ahora están matando a los líderes sociales y el Estado los deja indefensos, no ha presentado si quiera medidas de protección colectivas. Ahora, ¿cómo es posible que la Policía de Cúcuta lleve a Petro a una de las zonas en donde más corría peligro? Esa no es la labor del Estado. Esas cosas que están sucediendo sí tienen un tinte similar al de los ochenta, son los mismos partidos que propician la violencia pero con otras siglas.

En la campaña con la UP hemos visto que sigue la compra de votos, se sabe quiénes son, cómo los compran y en cuánto los compran, y eso no cambia. La banca privada sigue bloqueando a candidaturas como la nuestra. Además de que nos bloquean, no existen garantías electorales”.

Iván Marulanda, constituyente en 1991, candidato al senado por la Alianza Verde

Iván Marulanda. Foto: Corporación Nuevo Arco Iris

“Justo acabo de salir de un foro en la Universidad Cooperativa con Sergio Fajardo. Les decíamos a los jóvenes que no se dejen llevar por esa polarización que existe en el país porque lo que está pasando es muy peligroso y nos puede conducir a una nueva fase de violencia. Una violencia que Colombia ha cargado desde los mismos orígenes de la República; desde entonces la política se hace con violencia y desencadena en guerras civiles, magnicidios y confrontaciones entre los partidos. Esa misma violencia se pudo ver en turbas, como la del 9 de abril de 1948, luego en disparos de francotiradores, como en los ochentas con la Unión Patriótica. Hay actores de esas violencias que siguen ahí y por eso digo que esto está muy peligroso. En estos momentos los colombianos debemos buscar el camino de la reconciliación”.

Eduardo Chávez, exintegrante del M-19

Eduardo Chávez. Foto: Twitter

“Hoy estamos asistiendo a otro tipo de polarización. Los actores armados estaban más presentes en la época de los ochenta, pero  hoy existe una confrontación verbal muy fuerte que corre el riesgo de convertirse en violencia física. Lo que ha sucedido debe llevarnos a un momento en el que los candidatos reflexionen sobre el tipo de debate que están dando, que traten de desescalar la confrontación. Mientras que a finales de los ochenta no existía un ambiente para que los interlocutores se pusieran de acuerdo, entre otras razones por la influencia del narcotráfico, hoy los candidatos pueden hacerlo, pueden sentarse a hablar si lo desean.

Me parece muy delicado lo que le pasó a Gustavo Petro en Cúcuta. Este tipo de situaciones demuestran un riesgo muy grande porque él representa un fruto de un proceso de paz, en donde se aceptó trabajar desde la estructura de la democracia. En los ochentas el establecimiento no dejo que las nuevas fuerzas políticas se desarrollaran, esperemos que no suceda lo mismo esta vez”.

Antonio Navarro Wolf, senador por la Alianza Verde, ex M-19 

“En 1990, el cartel de Medellín decidió desestabilizar las instituciones colombianas. Tenía la posibilidad de hacerlo porque tenía mucho dinero y tenía infiltrado el Estado. Existían personas que le servían al cartel de Medellín y por eso tenían el poder de asesinar candidatos presidenciales, como Luis Carlos Galán, Bernardo Jaramillo, Carlos Pizarro… Hoy la situación es distinta. No hay una mafia tan poderosa como el cartel de Medellín que pueda infiltrar personas en las instituciones y matar a cualquier candidato a su antojo. Es que en esa época todos los candidatos tuvimos que cerrar la campaña sin salir a la calle. En este momento puede que existan personas que quieran atentar contra candidatos presidenciales, como se pudo ver con el caso de Petro en Cúcuta. Sin embargo, no tienen la capacidad que tenían los grupos ilegales a finales de los ochenta. Lo que sí es evidente ahora es una polarización que se puede traducir en violencia y la tenemos que evitar por todos los medios”.

ARTÍCULOS RELACIONADOS