Foto: Archivo Particular

En las ciudades grandes es difícil saber cuál es la gota que derrama la copa de la inseguridad. Sin embargo, en Bogotá esa gota pudo caer la semana pasada: cuando cuatro hombres le dispararon a una mujer embarazada y le robaron su camioneta mientras ingresaba al parqueadero de su edificio en Rosales.

El hecho, que además de involucrar a una mujer embarazada sucedió en uno de los barrios más caros de la capital, desató una ola de indignación que obligó a que el propio Presidente Juan Manuel Santos y el Alcalde Enrique Peñalosa se reunieran el domingo pasado para anunciar la llegada de 500 nuevos policías. Un refuerzo destinado a la seguridad en el Distrito, que para el 50 por ciento de los habitantes de la ciudad, de acuerdo con la Encuesta de Percepción y Victimización de la Cámara de Comercio de Bogotá, empeoró durante 2017.

No obstante, es válido preguntarse: ¿Qué tanto pueden hacer 500 policías en una ciudad de casi 8 millones de habitantes, en la que según cifras de Bogotá cómo vamos se presentan alrededor de 1.300 homicidios y cerca de 27.000 robos a personas?

Estadísticamente, la repuesta es: no mucho. Sobre todo si consideramos que hace un año el presidente ordenó enviar 1.200 policías para mejorar la seguridad de Bogotá y, bueno, estamos en las que estamos.


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Aumentar el pie de fuerza de la Policía en la capital es una vieja estrategia de esta y las anteriores administraciones. En mayo de 2015 el entonces alcalde Gustavo Petro aseguró que la ciudad necesitaba 12.000 policías más, casi el doble de los 18.000 policías que se encargan de la seguridad de Bogotá.

En febrero del año pasado, luego de que el presidente Santos anunciara que la policía de Bogotá recibiría 1.200 uniformados más,  Daniel Mejía, secretario de seguridad de la actual alcaldía, aseguró en entrevista con Blu Radio que la medida “era un buen comienzo” pero que a la ciudad le seguían haciendo falta 9.000 policías más.

La cantidad de policías exigida por Mejía (y en su momento por Petro) no obedece a un capricho de sus administraciones.  “Bogotá tiene 238 policías por cada 100 mil habitantes”, explicaba Meja en su entrevista del año pasado.  “El promedio nacional está en 354 policías por cada 100 mil habitantes, que es más o menos el estándar internacional. Bogotá para llegar allá necesitaría entre 8.000 y 9.000 hombres más” concluyó el secretario.

Un año y 500 policías después Bogotá tiene 0.0006 policías más por cada 100 mil habitantes. O si lo quiere ver de otra forma, medio policía más en cada uno de los 1.038  cuadrantes que tiene la ciudad.

Aunque sean muchos menos que los que se necesitan según las dos últimas administraciones, los 500 policías que el presidente mandó a Bogotá sí podrían ayudar en algo:

“Aunque Bogotá sigue necesitando unos 4 o 5 mil policías más, este esfuerzo es importante y puede servir si se focaliza”, me decía Hugo Acero, experto en seguridad y columnista de La Silla Vacía. Según Acero en Bogotá existen algunos territorios muy específicos dónde se concentra la gran mayoría de los delitos que se cometen en la ciudad “Yo creo que concentrando estos 500 policías en los sitios y en los delitos que son, vamos a tener un impacto importante”, afirmó.


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En 2014 el entonces investigador de la universidad de Los Andes, Daniel Mejía, publicó un estudio en el que identificaba que un 1 por ciento de las cuadras de Bogotá concentran el 30 por ciento de los delitos de la ciudad. Y ninguna de ellas queda en Rosales. Ahora, como secretario de seguridad, Mejía tiene la oportunidad (y 500 policías nuevos) para intervenir estos “puntos calientes”, como los bautizó en su estudio.

De hecho ya lo hizo dos veces: en 2016, cuando intervino El Bronx, y otra vez en 2017, cuando intervino el Cartuchito, un expendio de drogas que se extendía a espaldas de la plaza de mercado de Corabastos.  Y sin embargo, la percepción de seguridad en el otro 99 por ciento de las cuadras ha seguido empeorando.

“Más que un tema de pie de fuerza, “lo que necesitamos es una policía profesional para que pueda atender esas conflictividades y delitos, el crimen urbano, de una manera más eficaz”, dice Rubén Ramírez, exdirector del Centro de Estudios y Análisis de Convivencia y Seguridad Ciudadana de Bogotá. Según Ramírez,  más que fijarnos en la cantidad de policías que son enviados a las calles, los ciudadanos deberíamos preguntarnos “¿cuánto tiempo de entrenamiento tienen (los policías)?”.

Para ser justos, a parte de esos 500 policías, Santos también ordenó enviar a Bogotá “100 investigadores de policía judicial y 50 unidades de inteligencia”. Lo que parece ser un paso (aunque pequeño) en la dirección correcta.


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Según Hugo Acero también existen limitaciones estructurales para el impacto que puedan tener este nuevo contingente de policías: “Por ejemplo, las autoridades y los ciudadanos queremos que los delincuentes estén en las cárceles, pero no hay cárceles. Aquí en Bogotá La Picota, la Modelo y el Buen Pastor están tan hacinadas que ya los guardianes no están recibiendo más presos ¿Dónde están las soluciones? Ni la Nación ni el Distrito están poniendo plata para crear nuevas cárceles y esto todo hace parte de una misma cadena”.

Claro, es mejor tener 500 policías adicionales que no tenerlos, pero siguen siendo muy pocos y en la medida que lleguen a hacer las mismas cosas que hasta ahora no han funcionado, podemos sospechar que en un año vamos a creer que no ha sido suficiente y quizá pidamos otros 500.

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