Foto cortesía: John Fredy Ramírez

Bones. Fotos cortesía John Fredy Ramírez.

“Muchas familias nos decían que por qué no usábamos los aparatos que muestran en CSI, esos que se ponen en el suelo y se ve el esqueleto. Yo les tuve que explicar que las cosas no funcionan así como se muestran en televisión”, dice John Fredy Ramírez, investigador del CTI. “Ante toda esa angustia de uno, de simplemente tener una pala y el ojo observador, me pregunté: ¿qué más puedo utilizar? Empecé a averiguar, y me dijeron que los caninos bien entrenados y juiciosos puede dar buenos resultados”.

Ahí apareció Bones, un pastor belga malinois, una de las cuatro variaciones de esa raza canina. Un perro de talla grande y por lo general delgado, que se caracteriza por ser muy inteligente, activo, equilibrado, resistente y fiel. Bones tiene apenas 17 meses y, desde que empezó a ayudar a John Fredy en la búsqueda de desaparecidos, ha encontrado cuatro cuerpos. En la última diligencia de búsqueda de cuerpos, en Arboletes, Antioquia, encontraron dos que estaban enterrados desde principios de los años 90. La fiscal del caso bautizó a John Fredy y a su perro como ‘El Binomio de Oro’.

La desaparición forzada produce angustia y zozobra. ¿Dónde está? ¿Seguirá vivo? ¿Qué le hicieron? ¿Estará sufriendo? Son preguntas que se hacen los familiares de quien no volvió. Pero ni la angustia, ni la zozobra desaparecen ni las preguntas se resuelven hasta que el cuerpo no aparece. La búsqueda no es fácil, por lo menos no es como en la televisión. El CTI (Cuerpo Técnico de Investigación) y CSI solo se parecen en las siglas, y nada más.

En Colombia, el Registro Único de Víctimas (RUV), calcula que la guerra ha dejado 164.238 víctimas de desaparición forzada que se cuentan así: 46 mil víctimas directas, es decir, personas que fueron desaparecidas contra su voluntad y otras 117 mil víctimas indirectas –familiares que se quedaron y siguen buscando–.

Solo en el departamento de Antioquia, donde trabaja John Fredy, han florecido todas las violencias del país y los desaparecidos se cuentan por miles. Mafiosos, guerrilleros, paramilitares y pandilleros han incluido entre sus prácticas este tipo de delito. “Este es el departamento que más cuerpos ha entregado a las familias y eso no es para sentirnos orgullosos, no. La verdad es un panorama muy desolador. Pero bueno, estamos haciendo algo. Esa es la idea”, sostiene John Fredy.

 

NO VOLVER A USAR

Bones y John Fredy Ramírez.

 

El CTI cuenta con su propio grupo de caninos; perros para detectar explosivos, drogas, para el rescate de personas y para la búsqueda de cuerpos. Perros que hacen de todo. “Lo que pasa es que hacen explosivos, narcóticos, de todo, entonces pueden perder un poco el norte”. John Fredy prefiere a Bones y lo convirtió en una herramienta para las víctimas, pues el perro se dedica exclusivamente a la búsqueda de restos humanos.

Bones vive con John Fredy, su esposa y tres gatos. Trabaja exclusivamente en la búsqueda de desaparecidos con el equipo de su dueño y se entrena todos los días. En las mañanas, entre las 5 y las 6, camina y juega a la pelota (el juguete tiene un elemento control, un olor a hueso humano); se le tira, él lo olfatea y lo trae; en las noches hace otro paseo de media hora. Además, tiene una dieta especial: unos días, arroz e hígado cocinados sin sal; otros, carne de res sin cocinar y, otros más, solo concentrado.

El perro llegó a la vida de John Fredy cuando tenía apenas dos meses. La camada era de cuatro cachorros, pero Bones fue el primero que se acercó a la reja cuando vio a su actual dueño. Era, incluso, del color que el quería. “Yo dije: ‘bueno, este es el que yo quiero, pero vamos a hacer algo más, el que vaya detrás de mí y sea capaz de subir un morrito, ese es’. Yo corrí y todos corrieron detrás, pero el único que llegó hasta el final fue Bones. Yo dije: ‘listo, sos vos, vení te llevo. Vamos’”.

Cuando Bones cumplió cuatro meses, empezó formalmente el entrenamiento para la búsqueda de restos humanos. “Son unas cajas de madera con unos orificios. Hay cuatro que no tienen ningún olor y una sola con el aroma a restos humanos. Una vez el perro la detecta, se le da un clicker, que es un sonidito como de una tapita de té embotellado. Esa es la aprobación y se premia, inicialmente con comida -croquetas-, y después se aleja la comida y se le da un juego, un juguete que él prefiera, y jugamos. Se estimula mucho el juego con él”.

Desde entonces, el perro ha acompañado a John Fredy y su equipo en cinco diligencias de búsqueda, en las que ha encontrado cuatro cuerpos. Los primeros dos, el año pasado, uno que llevaba seis años enterrado en San Jerónimo, un municipio el occidente de Antioquia, y otro que llevaba 12 años desaparecido en Santa Bárbara, al suroeste del departamento. Este año, encontró otros dos en la vereda Guadual Arriba, del municipio de Arboletes, también en Antioquia, que estaban enterrados ahí desde 1993.

 

NO VOLVER A USAR

 

“Yo necesitaba un gamín. Un perro café, de hocico y patas negras. Flaco con la cola enroscada, una chanda”. Un perro resistente, capaz de hacer entre 60 y 70 kilómetros diarios, un perro que se aporrea, no se queja, y sigue buscando.

Cuando Bones asiste a las diligencias, la dinámica de búsqueda es la siguiente: delimitan el terreno donde se cree que está el cuerpo, clavan sondas de no más de un centímetro de diámetro alrededor de la zona para crear conos de olor y, una vez enterradas, el perro se pone en contra de la dirección del viento para que le lleguen los olores que John Fredy le ha enseñado a reconocer, los de restos humanos.

Cuando los olores empiezan a salir o a percibirse, John Fredy le da a Bones la orden de otear, es decir, de poner el hocico hacia arriba sacando la lengua para poder percibirlos. Una vez Bones detecta un olor marca la zona haciendo círculos. Entonces, John Fredy lo lleva a otro espacio para que el perro se devuelva y confirme si la zona que había señalado en un principio es la correcta. De ser así, va, se agacha, y empieza a ladrar como diciendo: ‘aquí es’. El equipo de John Fredy ‘raspa’ la zona para buscar el rasgo de la fosa –en palabras más fáciles, quitarle la piel al suelo, la grama, todo, y dejarlo al descubierto–. John Fredy, mientras tanto, se pone a jugar con Bones, a acariciarlo un rato.

“Una prospección es abrir unos huecos de 30×30 y bajar a profundidades incluso de 50 centímetros, hasta alcanzar horizontes intactos, o sea, suelo no tocado por acción humana. En un área de 5 metros cuadrados, podemos tardar en hallar un cuerpo entre 2 y 3 horas. Si realmente ahí hay un cuerpo, el perro puede hacerlo en menos de 15 minutos”, dice John Fredy.

 

NO VOLVER A USAR

 

La última vez, en Arboletes, Bones terminó convertido en una súper estrella. Los familiares de esas dos personas cuyos restos fueron encontrados, que llevaban casi 13 años buscándolos, y que en un principio fueron incrédulos con el trabajo de Bones, terminaron por tomarse fotos con el perro.

Para el perro, su trabajo es un tema de motivaciones.”Es decirle que ese olor que va a percibir va a ser un estímulo para el juego. Que si detecta ese olor vamos a jugar. Entonces, cada que le digo que busque, cuando encuentra el olor, él inmediatamente sabe que viene el juego”. Para las familias es un alivio. Es una verdad, es un duelo que se puede hacer, regocijo en medio del dolor. Es cerrar un capítulo. Es acabar con la zozobra y enfrentar la trágica certeza de la muerte.

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