Por el asesinato de Marielle Franco, fueron convocadas ocho marchas en Brasil.

En la mañana del lunes 19 de marzo, cuando los medios más grandes de América Latina presentaban la cobertura del asesinato de Marielle Franco, concejal por el Partido Socialismo y Libertad de Brasil, en Chocó circuló un breve comunicado sobre el asesinato de Juan Mena, presidente de la Junta de Acción Comunal (JAC) del sector La Arrocera en el barrio Álamos de Quibdó.

La noticia de Mena no generó una gran movilización social como sucedió en Brasil con el caso de Franco, tampoco tuvo la misma cobertura mediática. Con el de Mena ya son 79 líderes sociales asesinados desde que comenzó la implementación del Acuerdo de Paz con la antigua guerrilla de las Farc. En esta lista aparecen líderes políticos que trabajaban, como Marielle, con las bases populares en barrios peligrosos, líderes campesinos, indígenas, defensores de derechos humanos, reclamantes de tierras y otras personas que, por su labor, diferentes actores quisieron silenciar.

Ese mismo lunes, la Asociación Nacional de Afrocolombianos Desplazados (Afrodes) denunció el asesinato de Javier Bernardo Cuero Ortiz, hijo del líder social Bernardo Cuero Bravo, asesinado el 7 de junio de 2017. Según Afrodes, el lunes 19 de marzo también fue asesinado el medio hermano de Javier Bernardo Cuero, Silvio Ortiz Ortiz. Estos asesinatos ocurrieron 12 días después de que se realizara la primera audiencia pública por el caso de Bernardo Cuero. Por el momento, Afrodes le pidió al gobierno esclarecer los tres asesinatos y si, en efecto, corresponden a una violencia sistemática en contra de personas que defienden a las comunidades afro en Atlántico.

Cuando analizamos la historia de Marielle Franco, encontramos elementos en común con algunos de los asesinatos de líderes sociales en Colombia. Incluso, la columnista Fernanda Mena del diario Folha de São Paulo escribió en una columna que Brasil corría el riesgo de “colombianizarse” por la violencia política se está viviendo. Su opinión se fundamenta justamente en el número de líderes sociales asesinados en Colombia y en la historia trágica de políticos como Luis Carlos Galán o Carlos Pizarro.

¿Qué pasó con Marielle Franco?

Fue la quinta concejal más votada en Río de Janeiro. Su muerte ocurrió después de que denunciara abusos por parte del 41° Batallón de la Policía Militar en Acarí, zona bajo el poder de narcotraficantes.  Franco, referente feminista también, fue una de las lideresas más críticas frente a la militarización de las favelas en Río de Janeiro y murió asesinada el 14 de marzo, cuando regresaba de un acto político. Un carro se acercó y desde el interior le dispararon varias veces. Recibió cuatro impactos de bala en la cabeza.

Marielle Franco. Foto: #MidiaNINJA

Además de representar a los habitantes de las favelas –cerca de 140.000 residentes– , Marielle Franco defendía a los líderes sociales. Antes de que le quitaran la vida, por ejemplo, denunció el homicidio de Matheus Melo en manos de la Policía. “¿Cuántos más tienen que morir para que esta guerra acabe?”, dijo entonces.

Marielle, de 38 años, también hacía parte de una minoría política. En la Cámara de Concejales de Río solamente el 10 por ciento  son mujeres, una cifra que ella cuestionó por la ausencia de igualdad de género que develaba. Sus debates estaban enfocados en la violencia de género en Río, en la visibilidad de la comunidad LGBTI y en la defensa de los habitantes de las favelas.

“Ella era negra, gay, madre soltera y venía de Maré, una favela. Defedió a los pobres, a la comunidad LGBTI, a los negros, a las mujeres. No tenía miedo, era carismática, popular. Su asesinato es la destrucción de un presagio de esperanza”, escribió Chitra Ramaswamy, periodista y columnista en The Guardian. El rechazo por este asesinato fue mundial, no solo por la violencia política que salió a la luz, sino por los tintes de género, racismo y opresión hacia ciertos sectores de la sociedad que reflejó el caso.

¿Por qué en Colombia no nos indignamos?

El caso de Marielle Franco guarda similitud con el de Luz Yeni Montaño, lideresa comunal del barrio Viento Libre, en Tumaco, un lugar que hoy es controlado por las disidencias de las Farc y  en donde fue asesinada. Montaño ejercía el liderazgo en una región machista, apoyaba a los consejos comunitarios afro, hoy hostigados por narcotraficantes, trabajaba con grupos religiosos por la población desplazada y denunció la presencia de actores ilegales en el territorio. El 12 de noviembre de 2017, dos sujetos llegaron a su casa y la mataron con arma de fuego.

De este asesinato apenas nos enteramos en las ciudades. Los medios lo reportaron en una franja breve  y no volvimos a saber más. Los armados consiguieron lo que esperaban: silenciaron el liderazgo social en Viento Libre, un barrio que hoy no es prioritario ni para la Alcaldía ni para el gobierno nacional. Las peticiones de Montaño tampoco fueron escuchadas a nivel central. Antes de ser asesinada tenía planeado un viaje a Pasto para exigir, con otros líderes sociales, garantías y nuevos mecanismos de seguridad.


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Si el asesinato de líderes sociales no es sistemático ¿Entonces qué es?


“En Colombia nos hemos vuelto inmunes ante el dolor”, nos dice el profesor Carlos Medina, historiador de la Universidad Nacional. “Acá hay movilizaciones sociales cuando se presentan magnicidios como el de Luis Carlos Galán o Carlos Pizarro, por ejemplo. Todavía no hemos entendido que los líderes sociales son un capital social, son la base de la resistencia. Ellos son valiosos en contextos regionales, los cuales a veces ignoramos por la trágica historia que ha vivido el país”.

Por su parte, Ariel Ávila, subdirector de la Fundación Paz y Reconciliación, asegura que en Colombia “los líderes sociales han sido estigmatizados por su militancia en la izquierda. Los asesinatos no se aprecian como un daño a la democracia sino como una disputa ideológica, los medios de comunicación también contribuyen a esta estigmatización. Son tantos casos, tantos años de violencia, que los asesinatos de líderes sociales se han normalizado. Además hablamos de una mayoría de líderes campesinos, afro, indígenas, todos pobres que viven en regiones apartadas. En las ciudades no les dan importancia”.

La muerte de Marielle, en cambio, generó masivas marchas y protestas en ocho ciudades de Brasil.

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