Ilustración:Juan Ruiz – @jucaruiz

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# OPINIÓN | Colombia tiene leyes para combatir el matoneo escolar. Sin embargo, en la práctica el tema sigue siendo tabú. 

Por: Sentiido*

“El bullying fortalece el carácter” o “no hay que pararle tantas bolas al matoneo, eso es algo de toda la vida”. Estas dos oraciones son usuales en muchos adultos para referirse al bullying o matoneo escolar. Además de justificarlo, hasta casi otorgarle un efecto pedagógico, le restan importancia a las consecuencias que esta clase de violencia tiene en la salud, en el bienestar emocional, en el rendimiento de los estudiantes, así como en el clima escolar.

Sin embargo, el matoneo homofóbico, llamado también “bullying por orientación sexual, identidad o expresión de género”, es más difícil de detectar y de manejar que el que se ejerce por el color de la piel o discapacidad. Una de las causas más frecuentes por las que este tipo de acoso tiene lugar, es cuando un niño o una niña se sale de los comportamientos que la sociedad espera de un hombre o de una mujer. Es decir, cuando un niño no juega fútbol, cuando no es agresivo, cuando es más amigo de las mujeres que de los hombres o cuando una niña lleva el pelo corto, no usa aretes o prefiere participar en actividades consideradas como “masculinas”.

Una encuesta realizada por Sentiido y Colombia Diversa entre diciembre de 2015 y marzo de 2016 con estudiantes LGBTI de Colombia, reveló que el 21 % de esta población joven no asistió al colegio al menos una vez durante el último mes porque sintió miedo o incomodidad y el 67 % se sintió inseguro/a en su colegio debido a su orientación sexual. La agridulce realidad es que Colombia tiene leyes y sentencias para enfrentar el bullying escolar que tiene lugar por ser LGBTI o no cumplir con los roles de género tradicionales, pero en la práctica las garantías brillan por su ausencia y el tema parece estar condenado a ser tabú. ¿Qué hacer entonces para que las aulas de clase se conviertan en verdaderos espacios de inclusión?

 Educación sexual de calidad

A pesar de las creencias que persisten sobre el matoneo, Colombia ha tenido avances legales importantes para su prevención y manejo. El Código de Infancia y Adolescencia establece la necesidad de disponer de normas para garantizar los derechos y libertades de niños/as y adolescentes. Durante el gobierno de César Gaviria (1990 – 1994), se expidió la Ley General de Educación, fundamental para la prevención del bullying por orientación sexual, expresión o identidad de género, pues establece la obligación de impartir una educación sexual de calidad en todos los establecimientos educativos del país.

Además, atendiendo lo estipulado en la Constitución de promover el respeto por la pluralidad y las diferencias, el Ministerio de Educación consolidó el Programa de competencias ciudadanas y de educación para la sexualidad. Poco después, este mismo ministerio expidió la Guía 49 y facilitó el ajuste de los manuales de convivencia de los colegios, así como la puesta en marcha de la ruta de prevención y atención para la convivencia escolar.

21% de esta población joven no asistió al colegio al menos una vez durante el último mes por miedo o incomodidad

Antes y después de la sentencia de Sergio Urrego

En 2015 la Corte Constitucional emitió la Sentencia C-478 como respuesta a una acción de tutela interpuesta por Alba Lucía Reyes, la mamá de Sergio Urrego, el joven que el 4 de agosto de 2014 se suicidó por el hostigamiento que vivió por parte de algunas directivas y docentes del colegio donde estudiaba. En dicha sentencia, la Corte le ordenó al Ministerio de Educación la revisión de los manuales de convivencia de todas las instituciones educativas del país en un plazo máximo de un año. Buscaba garantizar que la comunidad educativa no interfiriera en la orientación sexual o identidad de género de los estudiantes.

Los colegios tuvieron plazo de actualizar sus manuales de convivencia con un enfoque de derechos, garantías y compromisos, pero muchos simplemente no lo hicieron. No hay voluntad. Ni si quiera luego de que el ministerio redactara, con la asesoría de algunas oenegés y organizaciones de cooperación internacional, 34 preguntas orientadoras para facilitarles a las directivas y docentes el proceso de revisión y actualización de los manuales. “¿Su manual de convivencia establece tratos diferenciales o roles distintos entre niños y niñas? O ¿hay expresiones que descalifican o condenan la orientación sexual, la identidad de género, la etnia, el credo o la discapacidad de una persona?”, eran algunas de ellas.

El 54% de estudiantes LGBTI del país se siente inseguro en su colegio debido a cómo expresa su género y el 43% es víctima de acoso debido a su orientación sexual

Adicionalmente el Fondo de Población de las Naciones Unidas (Unfpa) creó, como aporte adicional a este proceso y con recursos propios, un documento titulado “Ambientes escolares libres de discriminación”, dirigido a directivas y docentes de colegios pero, contrario a lo que se quería, tanto las preguntas orientadoras como dicho documento generaron un profundo malestar en algunos sectores conservadores y religiosos del país. Tal fue el revuelo, que se empezó a hablar de la “imposición de una ideología de género”, de convocar a marchas y de organizar un debate de control político en el Congreso a la entonces ministra de educación Gina Parody.

Desde entonces puede decirse que la actualización de los manuales de convivencia de los colegios prácticamente se estancó o, en el peor de los casos, quedó a exclusiva discreción de las directivas de cada institución. Mientras tanto, el 54% de estudiantes LGBTI del país se siente inseguro/a en su colegio debido a cómo expresa su género (la manera de vestirse, comportarse, peinarse, etc.) y el 43% es víctima de acoso físico en el colegio debido a su orientación sexual, según cifras de la encuesta de bullying LGBTI.

Es necesario seguir avanzando en los aportes legales para enfrentar el matoneo escolar, pero en la práctica se requiere dejar de ver el tema con tanto misterio y prevención. Trabajar más en la transformación de las falsas creencias que persisten sobre la diversidad sexual y de género es la tarea número uno que tenemos, sobre todo si queremos que las leyes y sentencias que ya existen cobren vida. Cuando las personas le encuentran sentido al respeto por la diferencia y la libertad de ser quien uno es y además lucha por ello, ahí es cuando verdaderamente evolucionamos.

* Organización que aporta conocimiento sobre diversidad sexual, género y cambio social a través de contenidos periodísticos, investigaciones y talleres y consultorías.

Esta es la primera entrega de la serie #NiUnPasoAtrás, que en convenio con Divergentes y las organizaciones Dejusticia, Sentiido y Colombia Diversa pretende hacer un recuento de los avances de los derechos LGBTI en Colombia. ¡No es hora de retroceder!

 

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