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Imagen oficial de la Marina Militar.

Rescate de migrantes en las costas de Italia. Imagen oficial de la Marina Militar.

Por: Oscar Webb

La crisis de refugiados en el Mediterráneo ha establecido dos récords este año: más de 174.000 personas realizaron el peligroso viaje en bote hasta Italia, y más de 4.700 murieron en el camino. Ambos récords contrastan con el flujo global de migrantes y refugiados hacia Europa, el cual ha disminuido año con año.

A principios de este diciembre, el número de migrantes que ha llegado a las costas italianas creció en un 13 por ciento, comparado con el año anterior, y la mayoría llegó a Sicilia y a la pequeña isla de Lampedusa. Y además, hay que decir que este año se han producido alrededor de 1.000 muertes más que el año 2015, que ya registraba un récord de fallecidos.

Grecia, por su parte, recibió menos migrantes turcos en sus costas luego del acuerdo que el país firmó con la Unión Europea y Turquía.

Aunque el flujo de migrantes y refugiados haya disminuido este 2016, parece estar lejos de llegar un fin, e Italia se ha convertido en la puerta de entrada principal a Europa desde el Mediterráneo. La mayoría de los migrantes salen de Libia, aunque muchas veces son originarios de países subsaharianos. De acuerdo con los últimos datos del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) de este año, 36.000 personas eran de Nigeria, 20.000 de Eritrea y 12.000 de Sudán.

Muchos son los factores que intervienen en el aumento de migrantes y refugiados africanos que viajan a Italia. La represión política en países como Gambia, violencia generada por insurgentes y hambruna, como el caso de Nigeria, o la guerra civil, como ha ocurrido en Sudán; todos ellos no hacen más que alimentar el éxodo desde África.

Sin embargo, el factor más importante es la situación de Libia, explicó Ewa Moncure, vocera de Frontex, la guardia costera y agencia fronteriza.

“Libia es un Estado fallido”, dijo Moncure. “No hay autoridades eficientes en el país, y los diferentes grupos que hay controlan cada uno alguna parte de la costa, haciendo lo que quieren. Esto ha propiciado la actividad de los traficantes de personas”.

El tráfico de personas es un “negocio que genera miles de millones de dólares”, enfatizó Moncure, y se estima que un millón de personas está esperando dejar Libia para poder llegar a Europa.

La vocera cree que uno de los factores principales en la muerte de los migrantes es el uso de botes de caucho, los cuales han reemplazado a los de metal o madera. Los botes de caucho no están diseñados para soportar las condiciones del mar abierto, y los traficantes no suelen brindar chalecos salvavidas a los viajeros. Otro factor de riesgo es el hecho de que los traficantes llenan los botes por encima de su capacidad, para así obtener mayores ganancias.

A pesar de que Frontex ha incrementado su actividad humanitaria, también debe asegurarse de proteger la frontera Europa, por lo que hace unas semanas la agencia comenzó a entrenar guardias libios para que puedan patrullar mejor su propia frontera.

Actualmente, más de 175.000 migrantes están registrados en el programa de asilo italiano y han sido acomodados en los 3.000 albergues del país. Pero nadie sabe cuántos más están viviendo fuera de este sistema. Aquellos que presentan una solicitud de asilo y son rechazados, cuentan con sólo siete días para dejar el país desde el aeropuerto internacional de Roma. Por supuesto, la mayoría de estos rechazados hace caso omiso de este aviso y se quedan en Italia, o bien buscan otro país europeo en el cual puedan presentar un nueva solicitud.

“La presión sobre Italia cada vez es mayor”, explicó Carlotta Sami, vocera de ACNUR para la región de Europa del Sur. “Las fronteras del norte están cerradas, el tiempo de reubicación en otros países europeos es lento y cada vez más gente llega a la vez”.

Italia tiene cerrada su frontera con Suiza, Francia y Austria para los migrantes sin papeles de asilo, pero muchos continúan sus intentos para llegar ilegalmente al norte del continente.

Las redes de trafico de personas han surgido en las ciudades más grandes al norte de Italia, así como en Milán.

Aquellos que permanecen en los centros de acomodo italianos en espera de una decisión a su petición de asilo se enfrentan a condiciones de extrema pobreza. La mayoría de estos centros son manejados por pequeñas empresas o particulares, quienes reciben cerca de 35 euros al día, otorgados por la Unión Europea, por cada migrante que reciban. Se supone que el dinero debe ser destinado a la manutención y bienestar de los refugiados, pero pocas veces ocurre, según explica Sami.

“En nuestro centro, no encienden la calefacción, y en las noches hace demasiado frío”, dijo Mohammed Ceesay, un joven de 17 años originario de Gambia que llegó a Sicilia en abril de este año. Ceesay vive en un centro de Palermo, junto con otros jóvenes de su edad. “Sólo tenemos agua caliente por un par de horas al día. La comida no es buena y muchos preferimos evitarla completamente porque somos musulmanes y nos hemos dado cuenta de que algunas veces tiene carne de puerco”.

En noviembre, migrantes menores se manifestaron para exigir calzado, ya que seguían usando las mismas sandalias con que viajaron desde Libia”.

“Llegamos aquí para construir un futuro, pero no podemos hacer nada mientras esperamos una resolución”, expresó Cessay. “Si obtengo mis papeles, me gustaría ir a Finlandia u Holanda. Me iría ahora mismo si pudiera”.

A principios de este mes, el comisionado de migración de la Unión Europea, Dimitris Avramopoulos, dijo que sólo ha podido reubicar a un 5 por ciento de los 160.000 migrantes que están en Grecia e Italia en otros países europeos.

*Esta historia fue publicada originalmente en VICE NEWS.  

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