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OPINIÓN | Como sociedad civil no podemos permitir que el concepto de “buen muerto” sea válido ni tenga tanta acogida. 

La semana pasada, tres jóvenes grafiteros del colectivo VSK Crew de la ciudad de Bogotá viajaron a Medellín con la intención de buscar espacios para pintar –rayar-  en la ciudad. Esta iniciativa los empujó a entrar en el sistema del Metro el  domingo en la madrugada. Comenzaron a  dibujar encima de uno de los vagones estacionados cuando otro que sí estaba en funcionamiento pasó a toda velocidad, los arroyó y acabó con sus vidas.

Suber, Shuk y Skills -los nombres artísticos de los grafiteros Javier Nicolás Rojas, Carlos Andrés López y Juan David Guávita- entraron sin permiso  a los rieles del metro en la zona entre las estaciones Poblado y Aguacatala. Allí, bajo la mirada de otras dos personas que se quedaron afuera vigilando que nadie los descubriera, utilizaron sus aerosoles para rayar un vagón del metro, que solo hasta las 4:30 de la mañana entraría empezaría a funcionar.

Lo que desconocían los jóvenes es que minutos antes de que empezara la operación del sistema Metro, había otro tren que hacía todo el recorrido con la función operativa de revisar que la vía férrea estuviera bien. Antes de que pudieran darse cuenta, se vieron atrapados por la inminencia del paso de este tren y no lograron escapar. Las dos personas que los acompañaban huyeron del lugar.

El coronel Juan Carlos Rodríguez, subcomandante de la Policía Metropolitana de Medellín, dijo que lamentaban la muerte de estas personas y que ningún hecho justifica su muerte. También que “hay que hacer un llamado a la responsabilidad como ciudadanos. Esta es una zona de acceso prohibido y aquí hubo una conducta de irresponsabilidad individual. No podemos legitimar actos vandálicos”.

Más allá del accidente lamentable y del hecho confirmado de que los grafiteros entraron de forma ilegal a las vías del metro, las redes sociales se han llenado de comentarios y opiniones que, antes que lamentar la muerte de tres seres humanos, criticaron su actividad y hasta justificaron su muerte por “vándalos”. Aquí hay algunos ejemplos:

Una vez más aparece en lo que puede ser la consciencia o el imaginario colombiano un pensamiento bastante oscuro en el que el valor de la vida carece de importancia o significado, y en el que la muerte puede ser justificada por lo que es o a lo que se dedica la persona: “el asesinato merecido”, la persona que se lo buscó o, como dijo el expresidente Álvaro Uribe hace un par de meses, el “buen muerto”.

Daniel Felipe, grafitero de Medellín más conocido como ‘Perro’, explicó que la actividad del grafiti puede llevar a quienes lo practican a muchas situaciones de riesgo, y que “lamentablemente se perdieron a tres personas muy importantes para nuestro movimiento en el país”. Esta voz se suma a otras que en las redes sociales sí han lamentado el accidente y que se han quejado de que no hay suficientes espacios para hacer grafiti en Colombia de manera legal.

Esto contrasta con las posiciones de quienes casi que aplauden estas muertes por el hecho de que estuvieran haciendo sus actividades en una zona prohibida. Se abre la interrogante entonces: ¿qué tan dispuestos estamos en Colombia para tolerar la diversidad? ¿Consideramos más o menos a alguien por su origen o su oficio? ¿Piensa el colombiano que hay “buenos muertos”?

Las respuestas, a juzgar por lo que se habla en las redes sociales, no son alentadoras.

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