Foto: Sara Gómez | ¡Pacifista!

El artista Óscar Moreno. Foto: Sara Gómez | ¡Pacifista!

Este contenido hace parte de nuestra alianza con el Goethe Institut en el proyecto El futuro de la memoria.

 

Tres años después de terminar su proyecto Mi casa, Mi cuerpo, en el que retrató la resistencia de las familias que tuvieron que migrar forzadamente en Colombia, el artista plástico Óscar Moreno fue seleccionado por la organización de cultura alemana Goethe Institut para representar a Colombia en el evento Memoria y Ciudad, que se desarrolla esta semana en Santiago de Chile.

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El encuentro, que hace parte del proyecto latinoamericano El Futuro de la memoria, liderado por el Goethe Institut, busca intervenir el espacio público de Santiago con una creación colectiva motivada por el intercambio de sonidos provenientes de siete ciudades de la región, entre ellas Bogotá. Sonidos que hablan del presente y del olvido, y se reproducirán en el complejo arquitectónico San Borja, de Santiago, para activar reflexiones sobre la memoria urbana, la violencia contra las personas sexualmente diversas y la dictadura militar que vivió Chile entre 1973 y 1990.

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Moreno, que además es magíster en Estudios Culturales de la Universidad Nacional y profesor de la Universidad Jorge Tadeo Lozano, presentará las voces de tres líderes comunitarios de Cundinamarca: la dirigente barrial Blanca Pineda, habitante de la localidad Ciudad Bolívar de Bogotá; el campesino Jaime Beltrán, de la localidad bogotana de Usme, y el líder comunal del municipio de Soacha Silvino Gallo. Viaja, además, con registros sonoros de paisajes urbanos y rurales de Colombia, que, según él, le permitirán poner en escena un relato de tenacidad y esperanza.

Hablamos con el artista sobre su propuesta y sobre la memoria histórica de nuestra guerra:

 

¿Qué elementos de la historia colombiana están presentes en los registros sonoros que presentará en Chile?

Son audios que dan cuenta de diferentes regiones. Silvino Gallo es de Boyacá, pero ha recorrido Colombia y tiene una noción muy importante del país; Blanca Pineda viene de una de las primeras familias que habitó Ciudad Bolívar, por lo que conoce las historias originales de los barrios, y Jaime Beltrán representa a la tradición de campesinos que defienden su territorio y que continúan produciendo la tierra, aunque vivan en la frontera con Bogotá. Son voces que dejan ver diferentes aspectos del país, y a las que creo es importante escuchar.

 

Usted también lleva sonidos de la naturaleza. ¿Cómo se relacionan esos registros con la memoria?

Después de un acto de violencia, es como si todo quedara en silencio, como si todo lo que estuvo vivo hubiera desaparecido o huido; dejan de escucharse los cantos de los pájaros, los ruidos de los animales. Busco poner en primer plano esa afección sobre las diferentes formas de vida, grabando y reproduciendo unos sonidos en los que se sienten otra vez los ríos fluyendo con tranquilidad, el paso del viento sobre los árboles. Esas imágenes son esperanzadoras y pueden promover un nuevo sentir. Cesar la violencia es dejar que aparezcan, también, las voces de la naturaleza.

 

Foto: Sara Gómez | ¡Pacifista!

Moreno trabajó entre 2008 y 2014 con comunidades desplazadas. Foto: Sara Gómez | ¡Pacifista!

 

¿Y dónde quedan los sonidos de la guerra?

Durante mucho tiempo en Colombia ha habido un exceso de información sobre la guerra. Creo que si se recopilan demasiados relatos sobre el conflicto se genera un ambiente en el que no se oye nada, porque hay demasiado ruido. Entonces, al lado de los testimonios de lo que pasó deben aparecer los relatos que anuncien un país posible. Para que surjan los escenarios de posconflicto es necesario poner en conversación los dramas, pero también las formas de resistencia y las ideas de lo que podría ser el país. Eso está condensando en los relatos de estos líderes.

 

¿Qué país está representado en los discursos de esos tres dirigentes?

Beltrán nos habla de una producción agrícola cuidadosa con el territorio, en oposición a los megaproyectos industriales y extractivistas. Su discurso es muy importante ahora que el país está libre de la guerra y que el territorio se ha vuelto aún más capitalizable. De otro lado, la voz de Blanca Pineda es un rescate de la labor del cuidado y de la participación cultural y política de las mujeres. Y Silvino Gallo ha trabajado por el desarrollo de los espacios vecinales y de participación ciudadana. Creo que ellos representan a la gente que tiene los oídos abiertos para escuchar y trabajar en lo colectivo.

 

Si hablamos de memoria es porque hay algo se nos ha olvidado. ¿Qué busca rescatar con esos registros?

Hay un relato de las generaciones que nacieron a comienzos del siglo pasado que da cuenta de un buen vivir. A partir de la violencia partidista, de la muerte de líderes políticos y de abusos del Estado y de los grupos al margen de la ley se llegó a extremos de arrasamiento que hicieron que la gente no se volviera a sentir segura. Hay generaciones que tienen la sensación de que la violencia está a la vuelta de la esquina, de que la vida es frágil, y eso es muy difícil de desmontar. Al tiempo, los jóvenes desean un país diferente y tienen todo el ánimo y la ética para construirlo. Creo que juntar los relatos tradicionales con los nuevos impulsos podría ayudarnos a recuperar esa sensación de tranquilidad y a pensar cómo podemos construir futuro. Hay que saber administrar la memoria.

 

¿A qué se refiere con eso de administrar los recuerdos?

A que el exceso de memoria cansa e impide avanzar. La memoria debe servir para tomar consciencia de lo que ocurrió y, a partir de ahí, empezar a proyectar cambios.

 

En este escenario de posacuerdo con las Farc ya han empezado a emerger conflictos por la memoria, especialmente la de los actores que participaron en la confrontación. ¿Hay voces que deberían ser privilegiadas?

Cada extremo ideológico quiere ser contado de la mejor manera y encubrir sus errores; en suma, imponer su propia historia. Una memoria como construcción colectiva es muy difícil de tejer en un país fuertemente dividido desde sus propios orígenes: centralistas/federalistas, conservadores/liberales, izquierda/derecha, paramilitares/guerrilleros. Esa polarización ha impedido que se creen zonas intermedias que permitan tejer una cosa con la otra, salvar estas distancias. Sin embargo, creo que lo que necesitamos es un país de consensos, de escucha del otro, en el que podamos aceptar las diferencias.

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