Foto: Presidencia de la República

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La terminación del conflicto con las Farc será su mayor legado, pero no se vaya sin que le recordemos que el país queda con varios desafíos por resolver. 

Por: Silvia Margarita Méndez y Juan Pablo Sepúlveda

Presidente Santos, adiós. Comencemos esta despedida diciendo que lo vimos apasionado y perseverante por una paz que, pese a sus graves y conocidos ahogos, pudo conseguir con las Farc después de un conflicto de más de 50 años. Sin embargo, que esta sea también la oportunidad para decirle que lo vimos desubicado e indiferente cuando vinieron los problemas. Por ejemplo, cuando varios de sus más cercanos funcionarios fueron salpicados por grandes escándalos de corrupción o cuando el asesinato de líderes sociales comenzó a ser un asunto de casi todos los días.

Pero vamos por partes. Quisimos hacer un balance, a nuestro estilo, de su gestión para darle un buen adiós del Palacio de Nariño. Como sabemos que no tiene mucho tiempo ahora que se le viene encima la entrega del poder a Iván Duque le hacemos un resumen breve y punto por punto de los asuntos más trascendentales. Antes de comenzar, es bueno que quede clara una cosa: está muy bien, váyase tranquilo con su Nobel de Paz, pero no se le olvide que el resto de los ciudadanos nos quedamos en casa con todo lo demás y hay partes de esa casa que están desordenadas o empolvadas. Comencemos:

Paz

Sin lugar a equívocos su mayor aporte como presidente, y por lo qué más será recordado, es haber llegado a un acuerdo con la antigua guerrilla de las Farc y dar fin a una guerra que cobró la vida de más de 265.000 personas y desplazó a cerca de seis millones en más de medio siglo.

Eso le entregó réditos casi inmediatos: un hospital militar casi vacío (el año pasado se atendieron 12 soldados cuando en otros años llegó a haber hasta casi 400 heridos), la tasa de homicidios más baja en los últimos 30 años, las elecciones más tranquilas y con más participación de la historia y un presupuesto de educación mayor que el de defensa. También hay que reconocerle sus intentos y voluntad de dialogar con el ELN, aunque acabado su gobierno no se haya llegado a consensos importantes ni a un cese al fuego definitivo.

Todavía preocupa la falta de garantías a víctimas, líderes sociales y excombatientes en la implementación del acuerdo que usted tanto defendió

No obstante, la implementación del Acuerdo de Paz que usted firmó con las Farc se encuentra estancada. Cerca de 300.000 hectáreas se le han restituido a campesinos del país, se creó un Estatuto de Oposición y la JEP –con tropiezos– ha empezado sus funciones, pero se cayeron las 16 curules para las víctimas en el Congreso; ha habido grandes retrasos y baches presupuestales con el Plan Nacional Integral de Sustitución de Cultivos de Uso Ilícito (PNIS) y la Reforma Rural Integral: no se ha avanzado en el Catastro Multipropósito y solo en 2 de los 26 espacios de Capacitación y Reincorporación hay proyectos productivos para los excombatientes. Usted desarmó a la guerrilla, sí, pero eso que solemos llamar ‘posconflito’ aún está en pañales.

Transparencia

En su más reciente rendición de cuentas sobre el balance de las estrategias contra la corrupción que se promovieron en su gobierno, usted habló de la rectitud como hoja de ruta. Está muy bien que durante su gobierno se expidiera el primer el Estatuto Anticorrupción en Colombia –el cual permitió duplicar el número de sanciones penales contra este histórico cáncer–, también la ley antisoborno, la ley de extinción de dominio, o la ley de pliegos tipo – que garantiza la pluralidad de oferentes en contrataciones públicas y privadas. No obstante, de las leyes a la calle y del papel a la realidad la cosa cambia.

Analistas e investigadores dejan entrever que su gobierno no fue tan “impoluto”. Alberto Donadío, periodista investigativo y autor del libro Nobelbretch, en una entrevista a Vanguardia Liberal aseguró, por ejemplo, que su reelección fue “ilegítima” porque se financió con dineros aportados por Odebrecht. Para nadie es un secreto, usted incluido, que este representó el mayor escándalo de corrupción de su administración: en diciembre de 2016 se supo que la compañía pagó sobornos por US$ 700 millones en 10 países, entre ellos Colombia, y una de sus manos derechas en 2014, el gerente de su campaña Roberto Prieto, fue acusado por la Fiscalía de ser uno de los receptores de este dinero.

Fuimos testigos de sus intentos por aproximar a un país que hasta ahora está coqueteando con el perdón y la reconciliación colectiva.

Pese a que la Comisión de Acusación de la Cámara Representantes cerró en mayo el proceso en su contra, bajo el argumento de que “no se encontraron méritos para seguir adelante con la investigación”, Donadío insiste en que los tentáculos de Odebretch en Colombia son innegables. Y atípicos, además, si se tiene en cuenta que aunque no se le acusó directamente al presidente ni a su gabinete, los sobornos llegaron a las manos de los dos senadores más votados de su partido, Musa Besaile y Bernardo Elías, personajes claves en el Congreso durante su gobierno.

El caso de los llamados “cupos indicativos”, que no es otra cosa que la compra del voto de los congresistas –la eufemísticamente llamada “mermelada”–; el caso de Reficar y el caso de Isagen, así como la corrupción de las grandes Cortes que terminaron vendiendo sentencias penales o administrativas, terminaron tocando la reputación de su mandato.. Tanto así, que en clasificaciones externas como las del Fondo Monetario Internacional, Colombia pasó del puesto 34 al 104 entre los 122 países pares con peores índices de corrupción privada y a ocupar el puesto 117 en corrupción del sector público.

 

Seguridad 

Sabíamos que el desarme de las Farc iba a poner otros actores beligerantes en el foco de atención. Usted nos deja un país sin Farc pero todavía con otras facciones con suficiente poder para afectar la población. El ELN cuenta todavía con, por lo menos, 1.500 combatientes, al igual que el llamado Clan del Golfo y las disidencias de las Farc tienen entre 500 y 1.200 efectivos según cifras oficiales.

Usted nos deja también la Ley de Sometimiento de bandas criminales, pero todavía no es claro quiénes o cómo se van a acoger a ella.

Un indicador preocupante, y que muestra que sus políticas de erradicación y sustitución no han sido eficaces, son las 200.000 hectáreas de cultivos de uso ilícito que tiene Colombia en este momento. Esto no solo demuestra que el estado se ha quedado corto a la hora de ofrecer y apoyar opciones productivas para las personas en el campo, sino que en ciertas regiones como el Catatumbo o Tumaco, se han fortalecido las estructuras criminales que se financian del narcotráfico.

Otra realidad que encontramos preocupante de su herencia es el incremento del asesinato a líderes sociales y defensores de Derechos Humanos en el país. Durante su mandato estos han crecido de manera gradual, de modo que en 2010 fueron 32 y en 2017 llegaron a ser 106, según la organización Somos Defensores. Este año, lejos de disminuir, la cifra ya va en 90 de acuerdo a la misma entidad. Los asesinatos hacen que las comunidades pierdan confianza y que la sensación de paz en la que tanto ha insistido usted se disipe.

Valga la oportunidad para decirle que este uno de los lunares principales de su gobierno, sobre todo por las ofensivas explicaciones de su ministro de Defensa, Luis Carlos Villegas, quién sugirió que si estaban matando a los líderes era porque andaban en ‘líos de faldas’ o en ‘economías ilegales’, como quien dice, no hay de qué preocuparse…

Ojalá, presidente, haya tenido tiempo de regañarlo…

Medio ambiente

La creación del Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible en 2011 representó una ilusión para la recuperación técnica de la cartera, la cual pretendía recuperar su nivel político e integrar variables socioambientales para promover un desarrollo amable con la naturaleza. Sin embargo, durante sus ocho años de gobierno la gestión del agua quedó dividida en dos ministerios, la capacidad técnica nunca tuvo repunte y la Autoridad Nacional de Licencias Ambientales (ANLA) privó a la cartera de su función más importante: la expedición de licencias ambientales. Esto sin nombrar que al finalizar su mandato, fueron seis los funcionarios, con variados perfiles, quienes encabezaron el ministerio. Y sí, así la continuidad de las políticas es muy difícil.

A pesar de lo anterior, presidente, hay logros que no se le pueden desconocer: durante su administración el país triplicó sus áreas protegidas (hoy Colombia cuenta con 43 millones de hectáreas bajo alguna figura de conservación, lo que equivale al 20 % del territorio nacional), el esfuerzo por delimitar los 37 páramos del país fue titánico, y la designación de 12 humedales Ramsar fue fundamental para la protección de nuestros activos naturales.

Sin embargo, ambientalistas y activistas aseguran que la ampliación y protección de estás áreas protegidas en su mayoría se encuentran en el papel. “En el gobierno Santos las instituciones de control e investigación en temas ambientales no contaron con recursos para cumplir su función, igualmente las delimitación a los páramos se realizó sin contar con la participación de las comunidades que viven en esos ecosistemas, lo que conlleva a que estas delimitaciones se conviertan en una imposición más que una concertación”, explica Óscar Sampayo, experto ambiental.

Ambientalistas aseguran que la ampliación y protección de las áreas protegidas, en su mayoría, se encuentran en el papel

Las cifras hablan solas: la participación del sector ambiental en el Presupuesto General de la Nación (PGN) se mantuvo en un bajo 0,3 %, mientras que a la del sector de minas y energía se le asignó entre el 1,3 % y 1,8 %. Cabe aclarar que esto se trató de subsanar buscando reemplazos inciertos e inestables en fuentes de cooperación internacional, pero los esfuerzos, en general, resultaron insuficientes para construir territorios diversos y sostenibles.

Economía

La generación de empleo, el manejo fiscal y los planes de vivienda fueron elementos destacados en su gobierno. Iván duque recibe una economía en cierta parte aliviada por el repunte del precio del petróleo luego de la crisis de 2015 y una inflación controlada. Entre sus grandes aciertos, en términos generales, también está la reducción de la desigualdad del ingreso (medida por el coeficiente Gini), la reducción del índice de pobreza multidimensional y la confianza institucional que se generó a nivel mundial desde que Colombia entró a la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (Ocde). Esta participación, en teoría, rige a nuestras instituciones bajo unas normas de transparencia y buen gobierno. ya veremos…

Presidente, reconocemos que el fenómeno del niño golpeó duro a su gobierno y que tuvo que ver con el frenazo que sufrió la economía –sumado, claro, a la caída de los precios del petróleo–.  Sin embargo, debemos recordarle las reformas tributarias que usted promovió y que terminaron ahogando a las empresas y ciudadanos de a pie. No se nos olvida que gracias a usted y a su gobierno, hoy pagamos un IVA del 19 %, tres puntos más que antes.

“Las reformas tributarias que lideró, sobre todo cuando pasó el Iva del 16 % al 19 %, solo eran un efecto de cosas que venían de atrás, como la exagerada cantidad de dinero que gastó en imagen, en la promoción de los acuerdos de paz, en las vías 4G y por supuesto en el pago de favores que caracterizó su administración”, explica el economista de la Universidad de la Sabana, Santiago Iregui.

Además, de acuerdo con el experto, la confianza del consumidor como tal nunca estuvo a favor del proceso de paz, lo que afectó el crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) y la inversión extranjera. La evasión de impuestos también se aumentó considerablemente, y eso se puede evidenciar en el recaudo.

Sociedad

Presidente Santos, le reconocemos que no interfirió en la decisión de la Corte Constitucional que aprobó el matrimonio y la adopción de parejas del mismo sexo, y que de su gobierno vino la directriz que permitió que las personas transgénero pudieran cambiar el componente de sexo en sus cédulas. Estas cosas, hay que decirlo, promueven una Colombia incluyente y con menos prejuicios.

Durante su gobierno, aunque la cobertura de educación básica y media bajó en nueve puntos porcentuales respecto a lo que era en 2010, más de ocho millones de niños lograron tener educación primaria gratuita y eso se debe calificar como un logro.

A usted nunca le importó mucho su popularidad, y aunque este puede ser un rasgo positivo para personas en su posición, también pudo que estaba ignorando el sentir de la ciudadanía en ciertos aspectos: una de las cosas que no se podrán olvidar de su mandato fue su frase “el tal paro nacional agrario no existe” cuando no solo el gremio agrícola sino el de salud, el de transporte, el de la educación se unieron en casi todo el país para exigirle al gobierno mejores condiciones de trabajo y competitividad.

Tampoco podemos olvidar los paros de maestros, con los que usted no pudo llegar a acuerdos satisfactorios. Solo este año ya hubo tres y el asunto se perfila como urgente para su sucesor.

Pero ya nos estamos excediendo. Por hoy ya no molestamos más.

Que le vaya bien entregando la banda presidencial a su sucesor y ojalá todo esto que le decimos acá lo hayan recogido en el empalme… Hasta luego.

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