Fotomontaje: Juan Rubio | ¡Pacifista!

Fotomontaje: Juan Rubio | ¡PACIFISTA!

Hay que rebuscar en la historia para encontrar un momento controvertido de Sergio Jaramillo. Algo, por cierto, más bien difícil de hallar hoy en Colombia. Escasamente ha dado una declaración pública fuera de tono y nunca se ha salido de la ropa o ha dicho algo con el fin de causar molestia. Es un hombre serio, casi antipático. No sin razón, la gente de su entorno lo describe como “extremadamente discreto”, “adicto al trabajo” y “muy persistente”.

Quizá por eso, Jaramillo, cuya hoja de vida es una colección de méritos al servicio del Estado y de la paz, fue la primera ficha que el presidente Juan Manuel Santos se jugó cuando se le metió en la cabeza negociar el fin del conflicto con las Farc.

Desde entonces, hace poco más de seis años, Jaramillo ha sido uno de los hombres de confianza del primer mandatario: diseñó la metodología que llevó a la agenda negociada en La Habana; encabezó los diálogos espinosos sobre la reforma agraria y los cultivos ilícitos; abanderó la defensa del plebiscito como un mecanismo de refrendación de los acuerdos; vio desde la barrera, junto al jefe negociador Humberto de la Calle, el fin de la negociación sobre el punto de justicia, y se sentó con los voceros del No cuando su labor en La Habana había sido derrotada en el plebiscito del 2 de octubre de 2016.

Henry Acosta, quien medió entre el gobierno y las Farc durante la fase exploratoria, le dijo a ¡PACIFISTA! sobre Sergio Jaramillo que “fue la fuerza callada del proceso de diálogos en La Habana”.

Ahora, cuando el acuerdo es una realidad y los desafíos del posconflicto se trasladan aceleradamente del papel al territorio, este filólogo y filósofo bogotano deja el mando de la Oficina del Alto Comisionado para la Paz. Tras el anuncio, hecho en la tarde del lunes 31 de julio, se despide del servicio público para darse unas vacaciones. Luego pasará a ser el embajador de Colombia ante la Unión Europea y el gobierno de Bélgica.

En ocasión de su despedida, ¡PACIFISTA! le rinde un homenaje y recuerda cinco momentos estelares de su labor durante las negociaciones de paz en La Habana, las cuales, valga decirlo, condujeron a uno de los acuerdos de paz más sofisticados y aplaudidos por los expertos, firmados entre un gobierno y un grupo ilegal alzado en armas.

 

1. Capoteó a las Farc tras los primeros contactos

“A un lado del teléfono estaban Alfonso Cano y Pablo Catatumbo, y al otro lado estábamos el presidente Santos y yo”, confiesa Sergio Jaramillo en el documental ‘El silencio de los fusiles’, que se estrena por estos días en el país. Y con esa escena de 2011 comenzó, según él, la etapa exploratoria de las negociaciones entre el gobierno y las Farc que meses después daría como resultado la agenda de seis puntos que dictó durante cuatro años los diálogos de La Habana, Cuba.

Según Henry Acosta, Jaramillo jugó un papel “protagónico” en el diseño de la agenda, a pesar de las complicaciones. O quizá justo por estas. En una entrevista que le dio el pasado mayo al periódico El Colombiano, Acosta recuerda una de las dificultades que Jaramillo supo sortear con la guerrilla:

“El 12 de marzo del 2012, cuando estábamos en los diálogos exploratorios, la mesa se levantó porque el doctor Sergio Jaramillo estaba exponiendo en un tablero un listado previo de cuáles podrían ser los puntos de los diálogos, y entre ellos puso desmovilización. Eso fue, mejor dicho, el acabose. Se pararon los tres: París, Granda y Calarcá, y dijeron: ‘Nosotros nunca nos desmovilizaremos. Si ustedes nos trajeron a eso aquí, olvídense de eso’. Sergio Jaramillo, con mucha sabiduría, les dijo que no se pararan de la mesa, que mejor esperaran y que dejaran el asunto en manos de los equipos técnicos”.

 

2. Se la jugó por una paz sin impunidad

En 2008, cuando las denuncias de falsos positivos empezaron a abundar en Colombia, como viceministro de Defensa Sergio Jaramillo se encargó de documentar casos y con ello presionar para que hubiera consecuencias en el interior de las Fuerzas Armadas. El resultado fue que 27 altos oficiales terminaron separados de sus cargos.

Pero sus esfuerzos por esclarecer y encontrar responsables de crímenes atroces no acabaron ahí. Años después, durante las negociaciones con las Farc, buscó de forma unilateral construir un mecanismo basado en cuatro principios para darle un fundamento al componente de justicia de la paz: el denominado Marco Jurídico para la Paz.

Los cuatro principios eran: 1) que los responsables de crímenes graves fueran juzgados de manera selectiva, pero ejemplar; 2) que hubiese cierta privación de libertad; 3) que la participación en política estuviese limitada para quienes tuvieran condenas por delitos de lesa humanidad, y 4) que la justicia fuera para todos, y no solo para la guerrilla.

Jaramillo defendió con largos discursos y en audiencias públicas esta forma de lograr justicia.

Aunque los negociadores de las Farc no aceptaron los primeros tres puntos de Jaramillo, de algunas ideas que desarrolló surgió en la mesa de la Habana entre entre 2015 y 2016 la Jurisdicción Especial para la Paz.

 

3. No le temió a debatir con Uribe

El 30 de septiembre de 2015, cuando se negociaba el punto de justicia en La Habana, Sergio Jaramillo asistió a un debate sobre justicia transicional en el Senado de la República. Allí produjo quizá su única polémica como negociador, al cuestionar duramente las cifras que el senador Álvaro Uribe había presentado sobre los miembros de las Farc que se habían acogido a la Ley de Justicia y Paz.

“Yo le sugiero que, con el espíritu que usted siempre ha tenido, argumentemos sobre la base de la verdad. Y usted dice, presidente Uribe, que 18.000 miembros de las Farc entraron a la Ley de Justicia y Paz. Y usted sabe que eso no es cierto. Lo cierto es que 18.000 fueron indultados sin ninguna condición por su gobierno. A Justicia y Paz no entraron más de 350 integrantes de las Farc”, afirmó Jaramillo.

Uribe respondió de inmediato: “Usted me conoció a mí ocho años, y no me conoció a mí mintiendo. No le acepto que me diga mentiroso. Usted sabe que en las estadísticas del Ministerio de Defensa, que ustedes me pasaban a mí, aparecieron desmovilizados 18.000 integrantes de las guerrillas”.

 

4. Le apretó todas las tuercas al acuerdo de paz 

Fuentes cercanas al proceso de La Habana han dicho que, entre más pasaba el tiempo de las negociaciones, más se enfriaba la relación entre los comandantes guerrilleros y Sergio Jaramillo. Dicen que una de las razones de la distancia entre ellos era el “perfeccionismo” del Alto Comisionado, al parecer más preocupado por redactar acuerdos de calidad que por el apremiante tiempo político.

Esas mismas fuentes cuentan que ese amor al detalle y ese rigor excepcional llevaron a que tanto él como Humberto de la Calle fueran retirados de la negociación final sobre justicia transicional y la Jurisdicción Especial de Paz. Sin embargo, hoy los expertos coinciden en elogiar la arquitectura del acuerdo firmado con las Farc, por sólida, integral y visionaria. Sin las tanto criticadas manías de Jaramillo, esto último muy probablemente habría sido imposible.

 

5. Se echó al hombro negociar con los del No

En medio de la incertidumbre que produjo el rechazo del acuerdo con las Farc en el plebiscito del 2 de octubre de 2016, muchos colombianos esperaban de nuevo el ruido de los fusiles y el gobierno buscaba desesperadamente formas de evitar un fracaso total de las negociaciones. En ese momento crítico, Sergio Jaramillo lideró la defensa de lo pactado en La Habana y se sentó a negociar con los voceros del No.

“Se lo dijimos al expresidente Uribe: no vamos a estar de acuerdo en todo. Pero al final creo que tenemos un acuerdo que fortalece más nuestra institucionalidad y que les da mayores garantías a las víctimas”, dijo Jaramillo ante el Senado, luego de negociar durante más de 15 días cambios al texto acordado en septiembre de 2016 con las Farc.

“Ha sido demasiado el esfuerzo en La Habana, demasiados los muertos. Es la hora de refrendar, es la hora de pasar a la construcción de la paz”, añadió.

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