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Carlos Angulo. Foto por: Andres Páramo.

Carlos Angulo. Foto por: Andres Páramo.

 

Muchos vieron por primera vez a Carlos Angulo en un video donde desató toda la ira que llevaba años acumulando en su cuerpo y que no necesitó más de tres palabras para dejar salir: una requisa negro, le dijeron dos policías cuando iba camino al trabajo y él les devolvió con gritos de dolor un discurso, que en poco más de dos minutos, explicaba su rabia y la de muchos como él. Carlos no aguantó un gesto más de discriminación, de racismo. El video se viralizó y la indignación que generó en redes duró casi tan poco como las palabras de Carlos. Pero su furia no era solo contra la policía, ni era una cosa de ese día, venía de atrás.

“Si uno no es apreciado en el resto del país, uno tiene la necesidad de construir país desde el lugar de uno, donde es valorado y respetado como persona. Por eso tomé la decisión de volver a mi pueblo. El encuentro con la policía fue la gota que derramó el vaso”, dice Carlos desde Tumaco.

Hace más o menos un año que Carlos dejó su trabajo como ebanista en Bogotá y regresó a la vereda San Luis Robles que hace parte del Consejo Comunitario Rescate las Varas, en el municipio de Tumaco. Y hace pocos días fue escogido por su comunidad como representante del consejo. Lejos de la capital busca convertir sus palabras en acciones.

El regreso no fue fácil. Cuando estuvo de nuevo en Tumaco se dio cuenta que las cosas habían cambiado, que la dinámica no era la misma. Que la gente, por ejemplo, ya no era tan alegre como antes. “En el carnaval pasado pude notar que a la gente se le ha olvidado la alegría del carnaval. Se les nota la tristeza, y la celebración, es muy inexpresiva. Como que todo el mundo tiene miedo. Antes la gente le echaba maicena a todo el mundo, estábamos en carnaval y no importaba si yo era amigo tuyo o no. Ahora la gente celebra entre amigos por no en meterse en problemas, tiene miedo de que el otro vaya a disparar porque no sabe quién es” dice Angulo.

Pero esa está lejos de ser su única preocupación. Está el tema de la sustitución de cultivos ilícitos. Tumaco es el municipio con mayor área cultivada en el país, y como acabar con los cultivos de coca, sea sustituyendo o erradicando, es una prioridad del gobierno que ha volcado parte importante de la lucha contra el narcotráfico en acabar con la planta, Tumaco está en la mira. Pero la solución está lejos de ser fácil, por un lado el gobierno no quiere más cultivos, pero por el otro, los campesinos no terminan de convencerse con las propuestas de la institucionalidad.

“El gobierno trae unas propuestas fabricadas por gente que no vive en los territorios, que no entiende la cultura ni comprende la cosmovisión de nuestro pensar, y las impone. Ellos no entienden que los que sabemos que modelo de desarrollo queremos somos nosotros. Este no es un proceso donde llega un señor del interior del país y dice: voy a dar un millón de pesos mensual a la familias que hayan sembrado coca hasta tal fecha del año y los demás que se jodan”, dice Angulo. Pero ese es apenas uno de los problemas que encara en el consejo comunitario.

A eso se suma la falta de infraestructura, la precariedad de la salud, las condiciones de las escuelas, lo incompleta y débil que es la educación, la falta de agua potable y la pérdida de tierras. Pero le preocupa, sobre todo, la inequidad, la ineficiencia y la incapacidad del estado para resolver las necesidades de su comunidad.

Para no ir muy lejos compara las condiciones de su comunidad en Tumaco, con las de aquellos que vivían en esos lujosos apartamentos al norte de Bogotá a los que él, como ebanista, les hizo puertas y se pregunta: ¿nosotros vivimos en otro país?

Pero además de eso que le preocupa a muchos otros colombianos que viven pobres y excluidos, a Carlos Angulo le preocupa una cosa más, el racismo.

Angulo empezó a sentir la discriminación cuando entró a la universidad. “Me di cuenta que había un trato diferente para mi que era despectivo”. Luego lo vivió en la calle, con las frecuentes requisas de la policía y cuando empezó a estudiar la historia negra entendió que aquí, en Colombia había muchas formas de racismo, muchas más allá de los insultos. Mejor dicho, para él es un tema histórico, que no se acabó cuando se abolió la esclavitud en 1851.

“Cuando se hace la abolición, el estado colombiano le paga al esclavista por perder su fuerza de trabajo, pero no hace ninguna clase de acciones para tomar al que había estado encadenado y emanciparlo. Ni le da educación, ni le proporciona medios para transformar su realidad. No le ofrece ninguno de los beneficios que supuestamente ofrecería un estado en democracia. Y al no ofrecernos esos beneficios prácticamente nos condena al mismo sistema económico que había en esa época bajo la colonia”.

Y entonces ilustra la explicación con un ejemplo: la universidad nacional entró a nuestro territorio hace poco, pero entró con la siguiente dinámica, pone un examen para que ingresen los estudiantes de aquí igual al examen que tienen en Bogotá y el resto del país. Pero hay una diferencia, que los colegios de aquí no son iguales a los del resto del país. Entonces, de los 50 jóvenes que se presentaron a la universidad por parte del consejo comunitario, solo uno pasó el examen y pudo ingresar.

Pero las discusiones de racismo en Colombia no suelen prosperar. La creencia de que este es un país pluriétnico y multicultural borra cualquier problema de discriminación por raza. Y ahí es que centra su trabajo. Lo primero, para él, es que la gente de su comunidad tenga la posibilidad de conocer una versión de la historia que se parezca más a lo que realmente ha sido. Que sepan cuál ha sido el aporte que ha hecho la población negra a la construcción del país. Busca rescatar la cultura y la tierra y si no es posible recuperarla, por lo menos intentará que no se pierda más. “Qué cosa es más importante que la tierra. La tierra proporciona libertad”, dice Carlos.

Para eso tiene una idea que está desarrollado con su comunidad: el Consejo Comunitario Rescate Las Varas quiere ser uno de los consejos comunitarios que más conozca su historia, quiere ser un consejo autónomo en la producción de alimentos y quiere construir sus propias obras de infraestructura. “Nosotros queremos que la participación del gobierno en esta nueva propuesta de reconstrucción de país sea preguntarnos a nosotros como queremos dirigir nuestro propio destino, que no nos impongan, que vengan y nos pregunten”, dice Angulo.

Cuando estaba estudiando ingeniería Carlos se dio cuenta que el país no necesitaba más ingenieros, sino gente que conozca la historia a profundidad, y en Bogotá, donde se apasionó por la historia negra en Colombia y en el mundo entendió que ahí no era donde tenía que estar.

“Mi tarea no consiste en vivir, ni trabajar ni en pensar cómo resolver los problemas de Bogotá, ya la gente de allá tiene cómo resolver sus problemas. A mi lo que me interesa es que la gente no se tenga que ir de aquí por falta de oportunidades. Tenemos muchos elementos para hacer la paz, pero una paz que resuelva las contradicciones de la historia”, dice Angulo.

 

*Carlos quiere hacer un documental que muestre la realidad de Las Varas y está buscando apoyo. Si le quiere ayudar con el documental o con algo más que pueda fortalecer las acciones que está haciendo en Tumaco escribale por aquí.

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