Al Nevado Santa Isabel le quedan menos de diez años de existencia. Foto: Ideam

El deshielo acelerado de los principales glaciares del país alarma. Expertos pronostican que en tres décadas los nevados colombianos se extinguirán.

Colombia se derrite. Cruda realidad. Actualmente solo sobreviven 37 de los 108 kilómetros cuadrados de área glaciar nacional que en los sesenta posaban con imponencia sobre las cordilleras. Sin embargo, esta no es una noticia nueva. Desde hace un buen tiempo se viene advirtiendo sobre el deshielo de los principales nevados del país. En especial a partir de 2010, cuando estos ecosistemas se empezaron a descongelar de manera exponencial. Desde ese año hasta hoy, el total de la superficie congelada en el país se redujo en un 18 %.

Así lo señaló el último informe del Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (Ideam) sobre el estado de los glaciares colombianos, documento que parece haber pasado desapercibido entre la opinión pública, pero que deja un pronóstico difícil de asimilar desde ya: los nevados en Colombia dejarán de existir. Sí. Para 2050, asegura el Ideam, las montañas blancas en el territorio nacional muy probablemente se extinguirán y no hay mucho que podamos hacer al respecto. Le explicamos por qué.

¿Causas naturales?

La reducción de los glaciares es un proceso mundial registrado y documentado por su especial conexión con el cambio climático global. Desde hace aproximadamente cuatro décadas, estos han experimentado un deshielo particularmente marcado en todo el planeta. En el caso específico de Colombia, que cuenta con un total de seis nevados (dos sierras nevadas, la de Santa Marta y El Cocuy y cuatro volcanes nevados, el Ruiz, Santa Isabel, Tolima y Huila), en los últimos 50 años presentó una disminución del 63 % de sus glaciares en todo el territorio nacional.

La localización ecuatorial de los nevados colombianos también los hace particularmente dinámicos por situaciones como la escasa precipitación de nieve, altitud y cercanía a zonas volcánicas activas, según el Ideam. Además, eventos climáticos extremos y situaciones locales acentúan la reducción de hielo y nieve, haciéndolos más vulnerables. El escenario se vuelve más complejo si se tiene en cuenta el pronóstico de la temperatura para las próximas ocho décadas en el país: aumentará 2,14 grados Celsius aunque no de forma uniforme en todas las regiones.

Tal vez lo anterior pueda explicar la posición que ha tomado el Instituto luego de realizar el monitoreo, la cual apunta a que el derretimiento de los nevados no solo en Colombia sino en el mundo, es considerado como un “proceso natural” difícil de rastrear.

Jorge Ceballos, el glaciólogo que realizó el informe, en diálogo con ¡Pacifista! aseguró que “este fenómeno se lo atribuimos principalmente al cambio climático pero esa solo es una causa. Cada nevado tiene su personalidad, aparte de eso hay otras circunstancias locales o regionales que inciden como la falta de humedad en algunas regiones, que es la que finalmente hace que el agua se transforme en nieve”.

Para la muestra un botón. El Volcán Nevado Santa Isabel, que marca la frontera entre los departamentos de Risaralda, Caldas y Tolima y está ubicado en el Parque Nacional Natural Los Nevados, es el caso más preocupante según expertos: pasó de tener un terreno congelado de 1,01 Km2 en 2016 a tener 0,63 Km2 en febrero de 2018, es decir una derretimiento del 37% en cuestión de solo dos años.

Los principales culpables, dice Ceballos, son las condiciones climáticas locales (depósitos de ceniza volcánica en el interior del hielo), la baja altura de sus masas de hielo, la reducción de precipitaciones en los últimos años y, tal vez la más importante, el impacto del más reciente fenómeno de “El Niño” en 2015 y 2016. Si suma toda esta ecuación muy seguramente el resultado será baja nubosidad, contaminación, poca producción de nieve y alta radiación solar, factores que están derritiendo al Santa Isabel a todo vapor. De continuar este ritmo de retroceso, advierte el Ideam, la desaparición de este glaciar tomaría menos de diez años.

Otros nevados como la Sierra Nevada de El Cocuy o Güicán, por su parte, intensifican el proceso de pérdida de hielo por características físicas regionales muy parecidas a las del Santa Isabel. Mientras tanto, la de Santa Marta se fracciona en 38 masas de hielo independientes, de diferente tamaño y relativamente aisladas unas de otras, condición que lo hace más frágil a la fundición de hielo por la cantidad de área expuesta. Incluso, a través del uso de imágenes espaciales se puede evidenciar cómo, gracias al retiro del glaciar de este nevado, una laguna fue formada y para 2017 ya tenía una longitud de 720 metros.

Imágen tomada de Google Earth.

Resignados pero no apáticos

Para el experto en gestión del riesgo y desarrollo sostenible, el profesor Gustavo Wilches-Chaux, resulta irreversible que todos estos nevados corran con la misma suerte que el Chiles y el Cumbal (en Pasto), y el Pan de Azúcar y el Puracé (en el Cauca), cuyo derretimiento fue inminente durante el pasado siglo.

“Uno de los primeros síntomas antes de que el cambio climático fuera tema de primera página, eran los deshielos de los nevados en todo el mundo. Sin embargo, en los últimos anos ha sido dramático el retroceso. Pese a que hay manera de retardarlo un poco, tampoco depende del todo de Colombia. El mundo tiene una urgente necesidad de reducción de gases a nivel planetario y eso no se ha logrado pese a todos los tratados internacionales y el esfuerzo de los países por priorizar agendas climáticas mucho más amables. En la medida en que los entornos de que los bosques y páramos estén conservados, le dan cierta amortiguación a ese proceso”, le explicó Wilches-Chaux a !Pacifista!.

Todo lo anterior deja ver que tal vez la única alternativa que le queda al país es resignarse a quedarse sin nevados. Actualmente solo quedan sobrevivientes de extensiones de hielo protegidas bajo la figura de “Parques Nacionales Naturales”, que con medidas preventivas como delimitaciones intentan preservar su hábitat pero sin evitar el derretimiento.

La pregunta del millón entonces es ¿qué pasaría en el país si esto efectivamente sucede como se viene diciendo? Este experto explica que aunque las consecuencias pueden ser devastadoras, “afortunadamente” nuestras fuentes hídricas nunca han dependido exclusivamente de dichos ecosistemas. “En Colombia no sucede lo que en Bolivia, en donde la dependencia es total. Esa es una ventaja pero no es para descuidarnos. Acá dependemos fundamentalmente es de los páramos, muy ligados a los glaciares y que actualmente también están amenazados, pero aún es posible conservarlos mucho más que pretender que vuelva la nieve a los glaciares. Sin embargo, algunas regiones sí se afectarían en el suministro de agua porque dependen de los deshielos de nevados como el Cocuy y el Ruiz”, agregó el profesor.

Así las cosas, la eventual extinción de glaciares en el país no solo significaría el fin de un fastuoso paisaje blanco y con él el turismo generado a su alrededor, sino que también se verían afectados “cerca de tres millones de personas que se abastecen del agua producida por esta fábrica natural”. Así lo advirtieron investigadores de la Universidad Nacional de Colombia en Manizales en un trabajo ambiental de 2012 sobre Ingeniería Hidráulica, que aseguraba que este fenómeno ambiental tendría un mayor impacto en comunidades aledañas a nevados ubicados en de los departamentos de Risaralda, Tolima, Caldas y Quindío.

“De manera más local, los habitantes que se benefician del recurso hídrico de estos ecosistemas tienen la responsabilidad de emplear de manera más razonable recursos como el agua y la electricidad”, señalan los investigadores en el documento publicado por la agencia de noticias UNAL.

Con la desaparición de los picos nevados también se verían amenazadas algunas especies nativas (aunque no solo por el deshielo sino por el deterioro general de los hábitats) y habría mayor frecuencia de sequias e inundaciones extremas. Asimismo es importante mencionar que la competitividad de algunas ciudades depende de los ecosistemas de alta montaña, y el tema de la identidad en territorios en donde los nevados han sido grandes hitos también resultará complicado.

Para el Ideam la palabra no es resignación sino adaptación. “Resignarse es mirar y no hacer nada. Quedarme quieto a esperar a que me impacte. Pienso que hay que aceptar la idea pero hacer cosas como manejar mejor el agua u optimizar los recursos y reciclar, aunque no para evitar que suceda sino para que demore un poco más”, dijo el glaciólogo Jorge Ceballos.

Los científicos piden redoblar esfuerzos para impactar menos a los ecosistemas y lograr el compromiso medioambiental que tiene actualmente Colombia: reducir en un 20 % su emisión de gases de efecto invernadero al menos para los próximos 20 años. De esta manera, procesos como la deforestación tendrán que frenarse, las emisiones de CO2 a la atmósfera que minimizarse, y alternativas como el almacenamiento de aguas lluvia para temporadas secas con reservorios tendrán que evaluarse mejor.

Ahora, pese a que durante los últimos dos años se extinguió el 5,8 % del área glaciar colombiana total, es decir desaparecieron 2,3 kilómetros cuadrados de hielo y nieve, hay momentos en los que sorpresivamente los glaciares se recuperan por fenómenos externos que generalmente tienen que ver con el cambio climático y el calentamiento global. El ejemplo más cercano fue el de 2016 cuando el huracán ‘Mattew’ arrastró tanta nubosidad y corrientes de frío, que los picos Colón y Bolívar –los más altos del país– se vistieron de una generosa capa blanca como no se había visto en años.  El problema es que luego no tienen capacidad para mantenerse y rápidamente vuelven a recrudecer en calor y condiciones atmosféricas limitadas.

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