Dos ciudadanos ecuatorianos fueron secuestrados por Guacho, quien difundió un video con ellos amarrados.

En la zona donde opera el Frente Óliver Sinisterra, disidente de las Farc, el Estado no es respaldado por la población civil y los afro han sido desplazados sistemáticamente. 

Wálter Artízala, alias Guacho, es el líder más buscado de las disidencias de las Farc. Su perfil criminal creció recientemente por cuenta del asesinato a sangre fría a tres periodistas ecuatorianos y fue reforzado por la más reciente acción de sus hombres: antes de que los gobiernos de Ecuador y Colombia intensificaran las operaciones militares en la frontera sur, donde operan, Guacho secuestró a dos civiles más. En la noche del lunes contactó a funcionarios del gobierno ecuatoriano a través de Whatsapp y envió un video como prueba de supervivencia. Ahora quiere que el Ejército retroceda y puedan pactar un canje con algunos de sus hombres.

En el video aparece una pareja. La mujer mira al suelo, no dice nada, y el hombre le pide al presidente de Ecuador, Lenin Moreno, que ceda ante las peticiones de Guacho. “Señor presidente, se le dice a usted que por favor nos ayude, que nos dé la mano, que no nos pase lo que les pasó a los periodistas (…) nosotros, simplemente, somos ciudadanos del Ecuador. No tenemos nada que ver en este problema, en esta guerra”. El ministro del Interior del país vecino, César Navas, calificó esta prueba como “un chantaje (…) Lo único que buscan es robarnos la paz”. El presidente Juan Manuel Santos, hasta el cierre de esta edición, permanecía en silencio sobre estos nuevos dos secuestros.

La imagen de los tres periodistas ecuatorianos asesinados en la selva, con cadenas en las manos y en los cuellos, le recordó a Santos, de la manera más cruel, que en ciertas zonas del territorio como la frontera y Tumaco, el predominio de la violencia continúa. El caso puso al presidente en el ojo del huracán: los tres reporteros del diario El Comercio, Javier Ortega, Paúl Rivas y Efraín Segarra, permanecieron 19 días secuestrados hasta que los mataron y quedó claro que las promesas de liberación fueron mentira.

A Santos también lo han cuestionado por su falta de atención en este proceso. Esta misma mañana, de hecho, el ministro del Interior de Ecuador le envió un mensaje: “Que les quede claro a las autoridades colombianas: sin su colaboración estos delincuentes seguirán atentado contra la paz”.

Sin embargo, las consecuencias de esta realidad también llegan al otro lado de la frontera. La libertad con la que están operando las disidencias en Nariño está causándole serios problemas al presidente Lenin Moreno, quien sostiene una dura batalla política con su antecesor, Rafael Correa.

Pero… ¿Qué tan viable es que caiga Guacho?

Con la indignación nacional e internacional a cuestas –Guacho ni siquiera ha entregado los cuerpos de los periodistas asesinados– el presidente Santos anunció una ofensiva militar coordinada con el ejército ecuatoriano. “Guacho está en una lista que tenemos de objetivos de alto valor, ningún criminal que ha llegado a esa lista está vivo, o está en la cárcel”, dijo Santos el pasado domingo 15 de abril, después de sostener una reunión con la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP). Los reflectores también han apuntando hacia Lenin Moreno, quien no se quedó atrás con los anuncios: “Voy a cumplir mi palabra, como siempre.  Pondré mano dura contra los delincuentes”, prometió.


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Lo primero que acordaron los presidentes fue ofrecer una recompensa para las personas que entreguen información sobre el paradero de Walter Artízala, alias Guacho, al mando del Frente Óliver Sinisterra. En un comienzo ofrecieron 100.000 dólares (cerca de 300 millones de pesos). Después, y es la cifra que está vigente, acordaron subir el valor de la recompensa a 230.000 dólares, que representan 622 millones de pesos.

Desde el pasado 13 de abril ambos gobiernos ordenaron una ofensiva militar en la zona de frontera que, según el gobierno ecuatoriano, ha dejado cuatro soldados muertos en combate. Como resultados de estos operativos, de acuerdo con el ministro del Interior ecuatoriano, César Navas, fueron capturadas 43 personas que pertenecerían a las disidencias. Una de esas personas fue Rubén Jaramillo Alizala, primo de Guacho e incautaron 72 cartuchos antiaéreos calibre 50. Ahora, dentro de las peticiones del cabecilla disidente, como contó Navas, está la liberación de las personas capturadas que trabajan con él.

Según el Ministerio de Defensa, 10.000 hombres del Ejército colombiano están en Tumaco, ejerciendo presión sobre el grupo armado.  Teniendo en cuenta que Guacho y cerca de 100 hombres que lo acompañan están en el área rural de la frontera, las operaciones militares serán delicadas. “La primera que hicieron para rescatar a los periodistas ecuatorianos salió mal, ya Guacho estaba advertido. Es difícil que caiga, por lo menos en un corto plazo”, nos contó una fuente militar.

Como lo contamos en ¡Pacifista!, en la zona donde opera el Frente Óliver Sinisterra existe un conflicto que ha desplazado a las comunidades afro, abriéndole espacio a los cultivadores de coca, representados por la Asociación de Juntas de Acción Comunal de los ríos Mira Nulpa y Mataje, (Asomunima). Esta asociación emitió un comunicado pidiéndole al gobierno que replanteara las operaciones militares por la posible afectación a la población civil, esto “teniendo en cuenta que en el territorio habitan niños, niñas, mujeres en estado de embarazo y adultos de la tercera edad”.  Fue en esta misma zona justamente –consejo de Alto Mira y Frontera – donde las disidencias asesinaron a José Jair Cortés, líder del consejo comunitario.

La estrategia militar del gobierno, según la Fundación Ideas para la Paz (FIP), necesita un nuevo aire: “Si bien se han logrado importantes resultados operacionales en términos de capturas, muertes e incautaciones, el enfoque de estas acciones, centrado en la neutralización de sus cabecillas y en la desarticulación de sus estructuras de mando y control, no parece ser suficiente, entre otras cosas porque deja de lado factores de tipo geográfico, económico, político y social que favorecen su continuidad”. En menos de un año, agrega la FIP en su último informe, las disidencias se expandieron en 13 departamentos.

El Frente Óliver Sinisterra es una de las disidencias más fuertes, según la FIP. Esto se debe en buena medida a que cuenta con redes de campesinos cocaleros, enlaces internacionales y narcotraficantes locales. Después de la firma del Acuerdo de Paz, el frente se ha dedicado a continuar con las actividades de la extinta columna móvil Daniel Aldana de las Farc: “En la actualidad se dedican a actividades principalmente criminales, lo que no los despoja de cierta legitimidad social y política con poblaciones de colonos que llegaron a la región patrocinados por las Farc”.

El general (r) Jaime Ruiz, presidente de la Asociación Colombiana de Oficiales Retirados (Acore), respalda la declaración del ministro del Interior ecuatoriano: “Si las dos Fuerzas Armadas trabajan juntas, las operaciones podrían ser exitosas. En este momento tienen a su favor que tienen toda la información para planear las operaciones y que ofrecieron dos recompensas que pueden facilitar la captura de Guacho. Con la indignación que generaron los asesinatos de los periodistas, las personas que viven en la zona pueden mostrarse dispuestas a entregar información”.

No obstante, existe un punto en el que coinciden los expertos: los gobiernos de Ecuador y Colombia llegaron tarde a la frontera. El general (r ) Jairo Delgado, dice que lo primero que tienen que hacer Santos y Moreno es pasarle un corte de cuentas a la Comision Binacional Fronteriza entre Ecuador y Colombia (Combifron), que en teoría debería ser útil para coordinar las operaciones militares. “Se deben mejorar los niveles de coordinación. La capacidad militar y de inteligencia están, lo que se tiene que acelerar es la capacidad operativa”.

Justamente este martes está se llevará a cabo una sesión extraordinaria de la Combifron, en donde participan 29 funcionarios de alto rango de las Fuerzas Militares la Policía y la Fiscalía Colombiana. Antes de planear las operaciones, seguramente tendrán que pensar sobre la última amenaza de Guacho, quien ya demostró que puede asesinar, sin mayor reparo, a civiles secuestrados.

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