La senadora Claudia López se postuló como candidata presidencial, pero declinó argumentando la necesidad de lograr una coalición más amplia de cara a las elecciones de mayo. Archivo El Espectador.

¡Pacifista! reproduce este artículo en el marco de su alianza informativa con el diario El Espectador. Vea la nota original aquí.

Por: Lorena Arboleda Zárate – El Espectador

Claudia López Hernández no es una mujer que pasa desapercibida. Su fuerte carácter, sus vehementes posiciones, pero, sobre todo, su apasionada forma de ejercer los distintos roles con los que ha formado su carrera –desde que arrancó con el movimiento juvenil que impulsó la Constitución del 91, hasta que se hizo elegir como senadora de la República en 2014– han hecho de ella una de las figuras políticas más reconocidas en el país.

Y como no tiene “rabo de paja”, como se dice en términos coloquiales, Claudia López también se ha convertido en una de las voces con mayor legitimidad para encabezar –y, de paso, denunciar– la lucha contra la corrupción. Fue ella quien, entre otras cosas, reveló la relación entre procesos electorales y paramilitarismo, y cuáles son las regiones del país en donde más se presenta ese fenómeno.

Hoy, luego de su exitoso paso por los distintos peldaños de la política a los que llegó por azar, ha dado un salto más en esa dirección y, tras renunciar a la carrera presidencial como candidata de la Alianza Verde, aceptó convertirse en la fórmula vicepresidencial del exgobernador de Antioquia, Sergio Fajardo. Esa alianza, denominada Coalición Colombia, es la que repunta en el número dos en las encuestas de intención de voto y casi que le dan un paso seguro a la segunda vuelta presidencial, de confirmarse la tendencia en las urnas el próximo domingo, 27 de mayo.

Pero ¿qué tanto le sirve a Fajardo la llegada de la senadora López a su candidatura presidencial? Desde que se selló la Coalición Colombia, en diciembre del año pasado, –de la que hacen parte la Alianza Verde, el Polo Democrático y Compromiso Ciudadano– los sectores liderados por las tres corrientes políticas debían comenzar a trabajar unidas para cerrar filas en torno al nombre del exgobernador. Y así ocurrió. Los senadores Jorge Enrique Robledo y Claudia López se convirtieron prácticamente en la sombra de Fajardo, al punto que no lo han dejado solo en ninguna de las correrías que ha emprendido el candidato en el ejercicio propio de hacer proselitismo en las regiones.

En pocas palabras, el apoyo de los afiles de Robledo y de López quedó garantizado desde entonces. Y, por ello, la designación de la fórmula vicepresidencial del candidato de la Coalición Colombia se pensaba como la subsiguiente jugada estratégica para que sumara votos adicionales a los que ya venía recaudando, especialmente, para dar un paso seguro en la etapa histórica electoral por la que atraviesa nuestro país.


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Al final, sin embargo, Fajardo terminó eligiendo a la actual congresista, luego de estudiar una veintena de candidatos incluidos nombres fuertes de la región Caribe en donde, dicen los expertos, se eligen a los presidentes de Colombia. Entonces ¿Qué ocurrió?

Según explica el politólogo de la Universidad Icesi, Juan Pablo Milanese, desde el punto de vista “matemático”, la llegada de López como fórmula vicepresidencial de Fajardo no tiene mayor injerencia. Concretamente, según dice, porque ambos tienen perfiles muy similares, salvo la procedencia geográfica de cada uno. Sin embargo, “es algo difícil de calcular, ya que nadie lo ha estudiado seriamente en los distintos procesos electorales. Lo cierto es que López no le sumará mucho, salvo para reforzar los votos que ya tenía”, apunta Milanese.

Para el analista político y exministro Juan Fernando Londoño, el asunto tiene que ver más con el carácter de la congresista que, sin duda, será un apoyo fundamental para Fajardo quien, de acuerdo con la opinión de varios sectores, se ha caracterizado por no asumir posiciones claras y concisas. “Claudia es una persona que habla más de frente, es más directa y eso le va a permitir a la campaña de Fajardo tener más claras las posiciones. El problema con Fajardo es que no toma posiciones, es muy ambiguo y eso, en algún momento dado, puede afectar el electorado”, señala Londoño.

En lo que coinciden ambos analistas es que, históricamente, la figura vicepresidencial no ha contribuido en grandes proporciones a la hora de elegir a un jefe de Estado. Pero sí ha servido de complemento para aglutinar a sectores fundamentales con los que no se podría gobernar si no se les tiene del lado del candidato. Ello se evidenció, por ejemplo, con la elección del exsindicalista Angelino Garzón como fórmula vicepresidencial de Juan Manuel Santos, en 2010.

De hecho, esa estrategia no es ajena a otros candidatos como el del Partido Liberal, Humberto de la Calle, quien convirtió a la exministra Clara López en su fórmula vicepresidencial, dado el caudal electoral que arrastra tras de sí. No en vano, sus cerca de 2 millones de votos en 2014, cuando fue candidata presidencial, fueron necesarios en la campaña reeleccionista de Santos para asegurarse el triunfo de su segundo mandato.

Y las alianzas, ¿qué?

Pero mientras se producen los primeros efectos de la decisión de Fajardo a pocos de que se midan las fuerzas políticas en una especie de primarias, el próximo 11 de marzo, hay algunas voces en el interior de la Coalición Colombia que insisten en que la alianza debe ser mayor.

Y es que, más allá del anuncio de Claudia López, cuyo nombre es bien acogido entre los distintos sectores de la citada coalición, ciertos sectores parten de reconocer que, por sí solos, no podrán lograr un triunfo cierto que les garantice su paso a la segunda vuelta presidencial.

“La única cosa que veo posible hoy es que haya una alianza entre Petro, Fajardo y De la Calle. Es cierto que hay graves problemas de índole político, pero hay que hacerlo porque el hecho de que lleguen los tres por aparte a primera vuelta abre la posibilidad de que sean Germán Vargas Lleras y el candidato del uiribismo los que pasen a segunda vuelta presidencial”, advierte una de las voces de la Coalición Colombia.

El académico Milanese anticipa desde ya que ve muy poco probable que Fajardo o De la Calle, eventualmente, logren algún pacto con el exalcalde de Bogotá, Gustavo Petro. Lo mismo no piensa de una posible alianza entre el exgobernador y el exnegociador de paz del gobierno en Cuba, aunque recuerda que fue Fajardo quien ha cerrado, de manera insistente, la puerta para una alianza con De la Calle.

El lío de las consultas populares

Pero, hay otro problema aún más grave para los candidatos como De la Calle y Petro que querían llegar unidos en una gran alianza a la primera vuelta presidencial, el cual está consignado en la ley 1475 de 2011. ¿De qué se trata? Básicamente, de la obligatoriedad que tienen los resultados de las consultas populares y, en concreto, de la que tienen aquellos candidatos que son elegidos a través de ese mecanismo.

Como se recordará, De la Calle fue elegido el 19 de noviembre en consulta popular como candidato único de su partido, a la que se sometió para competir con el exministro del Interior, Juan Fernando Cristo. Y de esa misma forma buscará ratificarse el exalcalde Petro, quien hoy por hoy, lidera la intención de voto en las encuestas. El 11 de marzo, participará de una consulta con el también exalcalde de Santa Marta, Carlos Caicedo.


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¿Qué dice la ley? El artículo 7 de la citada norma indica que el resultado de las consultas es obligatorio para el partido, movimiento, grupo significativo de ciudadanos o coalición, que las convocaron y también para sus candidatos. Eso implica que ni el candidato, ni sus seguidores, podrán apoyar a candidatos distintos al elegido en las urnas -con excepción de los casos de muerte o incapacidad absoluta del candidato-.

“En caso de incumplimiento de los resultados de las consultas o en caso de renuncia del candidato, los partidos, movimientos y/o candidatos, deberán reintegrar proporcionalmente los gastos en que hubiere incurrido la organización electoral”, advierte la ley de 2011. En palabras sencillas, si De la Calle o Petro (este último aún por someterse a la consulta y si la gana) se verían expuestos a pagar a las autoridades electorales millonarias multas si se les da por avalar, antes de la primera vuelta presidencial, alianzas políticas.

Así las cosas, la elección presidencial convocada para el domingo 27 de mayo promete ser una fecha histórica para Colombia. La coyuntura política así lo predice, y más aún porque, por primera vez, el país verá en el escenario electoral la irrupción de candidatos que, durante más de 50 años y hasta hace poco estuvieron alzados en armas. Ese último domingo de mayo los ciudadanos definirán, en últimas, el rumbo de una nueva era.

 

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