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Un kilo de cocaína empacado y listo para distribución.

Un kilo de cocaína empacado y listo para distribución. Foto por: Jaime Barbosa.

Por: JS Rafaeli

Es viernes por la noche, el bar acaba de cerrar y estás en el apartamento de alguien después de haberte tomado cinco cervezas. “¿Quién lo llama?”, pregunta uno de tus amigos.

Todos ponen algo de dinero en la mesa, haces la llamada y una hora después de la hora que habían acordado la entrega, sales para encontrarte con un tipo que se lleva tu dinero y te da unas bolsitas de cocaína. Esto podría volver a pasar a las 4:00 a.m. y probablemente otra vez a las 7:00 a.m. Como sea, no te vas a despertar hasta la tarde siguiente y cuando lo hagas vas a sentir como si alguien te hubiera metido un rayador de queso en la nariz.

No estás solo. Por lo visto, muchos hacemos lo mismo. Muy seguido. ¿Pero qué le hace todo este consumo de cocaína a nuestro cuerpo? Todos hemos escuchado historias de terror sobre lo que pasa cuando te metes cuatro gramos en un día —tu septum se desintegra y tu corazón explota—, pero esa no es la forma en que la mayoría de personas consume la droga. ¿Qué pasa con el consumidor casual? ¿Qué pasa con la persona que consume un gramo o medio gramo cada fin de semana o cada 15 días durante varios años?

El doctor Adam Winstock, especialista en siquiatría y fundador de la Global Drugs Survey, es claro en que: “Meterse un gramo de cocaína todos los fines de semana no es sano y tampoco se puede calificar como consumo promedio o casual”. Según él, “a esto se le llama percepción errónea normativa, que es cuando una persona piensa: mis amigos y yo actuamos así, entonces seguro todos los demás hacen lo mismo y, por lo tanto, es normal. La cocaína es un vasoconstrictor —hace que el corazón bombee más rápido y estrecha los vasos sanguíneos—. Es como si pusieras el pie en el acelerador mientras aprietas el conducto de combustible. Además, a la gente se le olvida que el billete enrollado que todos se meten a la nariz podría transmitir Hepatitis C, un virus capaz de vivir fuera del cuerpo por semanas”.

El doctor Henry Fisher, un químico que ahora es responsable de políticas en VolteFace, explica que “consumir cocaína todos los fines de semana es más peligroso que consumir otros químicos como el MDMA. La cocaína acelera el corazón y produce microlaceraciones en los músculos cardiacos por el exceso de ejercicio. Con el tiempo, estas laceraciones empeoran y generan tejido cicatrizal conforme envejeces, lo cual puede causar arteriosclerosis”.

La ateroesclerosis es cuando las paredes de las arterias se espesan hasta que parecen filetes grasosos y gordos. Nada glamuroso.

El doctor Winstock insiste en que hay muchos factores que lo hacen todavía más complejo. “Obviamente, si tienes sobrepeso, fumas y eres mayor de 50 años, tu corazón va a estar bajo más presión que el de un atleta de veintitantos. Pero aun así, el peligro es el consumo por un periodo prolongado de tiempo. La clave está en cómo consumes la droga”, señala. “Los descubrimientos de Global Drugs Survey, una encuesta que recopiló evidencia de más de 50.000 consumidores de droga durante varios años, indican que, en promedio, el 0.5 % de los consumidores de cocaína termina en el hospital por intoxicación, y que los consumidores en la mayoría de los países sacan, en promedio, alrededor de diez líneas por gramo. Sin embargo, el promedio en Brasil es de seis líneas por gramo y su tasa de ingresos al hospital por intoxicación es de 3.5 %. Entonces es obvio que inhalar líneas más pequeñas y con menos frecuencia es mejor para el corazón que consumir líneas enormes”.

Tanto Winstock como Fisher coinciden en que muchos de los riesgos del consumo prolongado de cocaína se relacionan con daños emocionales, mentales y físicos. “Conforme la gente consume más y más, por periodos más prolongados de tiempo –señala Winstock–, las relaciones empiezan a deteriorarse. Las cuentas bancarias de los consumidores quedan vacías, su rendimiento en el trabajo se desploma, sus parejas se enojan y sus amigos se alejan. Esto hace que los adictos a la cocaína se queden solos y consuman aún más para subir su ego, aunque sea algo falso”.

Fisher lo explica de forma todavía más concisa. “Uno de los efectos principales de la cocaína es que hace que nos portemos como idiotas”. Y resalta la gravedad del asunto. “La gente no se da cuenta de lo engañoso que puede ser. Los consumidores se vuelven dependientes de la confianza falsa que les proporciona la cocaína. Al principio la gente lo hace cada fin de semana y conforme pasa el tiempo, empieza a sentir que la necesita el jueves en vez de esperar hasta el viernes. Después empieza a necesitarla el viernes y así consecutivamente hasta que se vuelve un problema muy serio”.

Y peor aún, el problema no es sólo la cocaína, sino todas las cosas que se le agregan a las bolsitas que compramos. “A la cocaína se le agregan hasta 16 químicos. La pureza varía enormemente, pero el promedio para un gramo —al menos en Inglaterra— es de alrededor de 10 %”, afirma Woods.

“El químico levamisol se agrega normalmente al principio, en la primera etapa del proceso de producción. Este químico fue creado como un agente de desparasitación para el ganado y no es bueno para los glóbulos blancos de los seres humanos. También está la lidocaína, un anestésico dental que se utiliza para que la cocaína pese más y que es cancerígeno si se consume con frecuencia. Obviamente, estos aspectos serían mucho más seguros si la cocaína se ofreciera en un mercado regulado. De hecho, en Inglaterra el único año en que bajó el número de muertes por cocaína fue en 2008, cuando la mefedrona era legal. En cuanto el Gobierno la prohibió, el número de muertes por sobredosis de cocaína se volvió a elevar”.

Ojalá te sientas mejor ahora que sabes lo que pasa en tu cuerpo cada vez que te metes un gramo. Y espero que el miedo a que tus arterias se obstruyan por meter agente para desparasitar ganado en tu nariz no te arruine el fin de semana.

*Este artículo fue publicado originalmente en VICE.

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