Luís Varón y Boris Guevara

En este momento, en Colombia, alrededor de 7.500 exguerrilleros que anteriormente formaban las Farc comienzan a entrar a la vida civil. Muchos nunca han estado en una ciudad, jamás han recibido una quincena y llevan décadas sin dormir a solas en una habitación. En un esfuerzo por comprender el desafío al que se enfrentan estos excombatientes y la sociedad de la que ahora son parte, ¡Pacifista! se sentó a conversar con Luis Varón y Boris Forero, dos hombres que pertenecieron a la guerrilla durante 11 y 18 años respectivamente.

Ellos dejaron las armas en 2005 y hoy trabajan con la Agencia para la Reintegración y Normalización (ARN), acompañando a quienes hacen la transición de soldados de la revolución a ciudadanos del montón. Y esto fue lo que nos dijeron acerca de cómo tratar a un exguerrillero:

 

‘Pregúntenos algo distinto a si hemos matado’

Luis:

“Trabajando para la ARN he tenido que ir a muchas actividades en colegios y nunca la falta pregunta: ‘¿venga usted ha matado?.  Y yo siempre le digo a los chinos que el tema en las Farc o cualquier otro en grupo armado —legal o ilegal— no es de matar o no matar, es que el día que su comandante le dice que tiene que matar a una persona, le toca.  No importa si se criaron desde chiquitos. No importa si usted no quiere matarlo, es que le toca. La pregunta no me incomoda, siempre dónde me ha tocado hacer un reconocimiento lo hago. Pero a mí no me interesa mucho quedarme hablando del pasado”.

 

‘Ni humillados, ni ofendidos’

Boris:

“La gente no debe esperar que los exguerrilleros vengan avergonzados de su vida como luchadores en armas. Creo que debe haber una sana lectura de esa vida, para extraer los valores positivos que pueda tener.

La vida guerrillera es comunitaria en el sentido más puro y real: la alegría, el estudio, el combate, la recreación, la cocina, la tristeza, todo se vive en grupo. El guerrillero tiene un gran sentido de responsabilidad colectiva, sabe que es importante cumplir con sus deberes frente al grupo porque asimismo recibe unos beneficios.

El guerrillero tiene disciplina individual y colectiva. Sabe pensar en el que no está: en la selva, la gente siempre dejaba un tinto listo para el que llegaba al campamento a las 3:00 de la mañana.

La sociedad colombiana no necesita a alguien que llegue con arrogancia. Quizá, cuando uno está la militancia tiende a decir con mucho orgullo: es que yo soy un luchador social, soy miembro de la guerrilla más antigua. Luego uno viene aquí a un barrio o a una vereda, ve el día a día del campesino, del obrero,  de la madre cabeza de familia y se da cuenta de que no necesariamente por llevar un arma uno es más luchador”.

 

‘Paciencia, estamos pasando por muchas cosas al mismo tiempo’

Boris:

“Para quien ha sido guerrillero rural hay un primer impacto al llegar a la ciudad. La vida en el monte es ruda, pero no lo prepara a uno para ver a un anciano tirado tres días en un separador de una avenida, o para ver niños sumidos en el pegante. Uno allá escucha noticias y entiende que hay una sociedad en crisis y descomposición, pero cuando viene y lo ve es un golpe muy fuerte”.

Luis:

“Cuando uno a entra a un proceso de reintegración le avisan a uno: de aquí mañana, cuando se le acabe el apoyo económico que el Estado le da, usted va a tener que salir a buscar para pagar un arriendo, para los transportes, para la ropa y para estudiar. Y pensar en eso da miedo. Porque pucha, en la guerrilla yo nunca necesité nada de eso. La gente tiene que recordar que los exguerrilleros van a entrar a la misma lucha de todos los demás colombianos”.

 

‘No nos tenga miedo y díganos las cosas en la cara’

Luis:

“Allá en el grupo armado nosotros aprendimos a respetar muchas cosas. Para nadie es un secreto que nosotros manejábamos mucho dinero y si estamos vivos es porque nunca nos robamos un peso. Y eso le deja a uno una huella: no me robé miles de millones allá, ahora que estoy fuera de la guerrilla,  ¿voy a ponerme a robar un celular?”

Boris:

“Tengan la seguridad de que donde encuentren a un antiguo combatiente de las Farc encontrarán a una persona buena, respetuosa y considerada. En esencia, el guerrillero es un muchacho campesino que no será de grandes elaboraciones teóricas, pero que es perspicaz y que le gusta que le digan las cosas de frente. Háblele sin ambages, sin falsas condescendencias. Al guerrillero nunca le ofende la franqueza, pero le molestan las insinuaciones, que le adornen las cosas. Sea su vecino o su colega, si hay que decirle algo, aborde el tema con toda sinceridad y encontrará un interlocutor genial”.

 

‘No nos trate como máquinas de guerra, porque lo que somos es máquinas de trabajo’

Luís

“Cuando usted entra  a las Farc lo primero que le advierten es que es un trabajo con turnos de 24 horas.  Y tal cual: desde las 4:45 de la mañana hasta que se quedó dormido por ahí a la medianoche. Entonces uno comienza a crear una cultura del esfuerzo que sirve mucho en la vida civil.”

Boris

“El guerrillero, por prohibición estatutaria, no se queja ni pone excusa: si hay misión hay cumplidor de misión. ¿Usted se imagina lo que es hacer 10 metros de trinchera con una cuchara?  ¿O hacer una marcha de 15 días caminando 12 y 13 horas todos los días? Si a mí hoy me propusieran devolverme yo digo: no, gracias. No quiero sacralizar esa tarea, pero creo que hay que reconocer y valorar esa abnegación con la que un guerrillero aborda cualquier trabajo.  Es que no somos máquinas de guerra,  somos máquinas de trabajo”.

 

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