Foto: Pablo David G.

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Por: Felipe Sánchez Villarreal

El penthouse de Fabián Sanabria, al pie de la estación de Transmilenio de Las Aguas, es un cuarto de maravillas del barroco enclavado en la desastrada Bogotá del nuevo milenio.

—Sigan, sigan, bienvenidos.

Cruza uno la puerta de entrada y, sin tregua, el lugar bofetea como un extenso gabinete de curiosidades del cual —no hay duda— él mismo es el principal atractivo. Los libros que tapizan la sala se acompañan de esa sofisticación casi anacrónica con la que ejecuta cada movimiento. Las figuras de pesebre de barro acumuladas dentro de la chimenea, los gabanes alineados a lo largo del pasillo, las matrioskas y los candelabros sazonan sus pronunciados pero suaves ademanes. Las máscaras venecianas, los sombreros, los juguetes para gato de todas las formas y texturas, las réplicas de marimondas barranquilleras y los diplomas de universidades parisinas custodian el brillo del foulard azul con el que adorna su cuello.

—Bienvenidos, bienvenidos al palacete de Pedro Abelardo. Sigan, sigan.

Abelardo, Pedro Abelardo, su gato de ojos verdes —lo saben quienes lo conocen—, es su único amor y se hizo famoso al tiempo que Sanabria en abril de 2011, cuando el primer video de El tramoyero, su videocolumna en YouTube, superó las 10.000 vistas. Eso después de su agitado periodo como decano de la Facultad de Ciencias Humanas de la Universidad Nacional entre 2008 y 2010, cuando algunos grupos de estudiantes, cuenta, le rompieron los vidrios de la casa, instalaron un sarcófago en el hall de la Facultad y enjaularon un gato al lado de su oficina. “Mi vida privada se queda en casa”, le dijo en ese momento a El Tiempo, cuando se enteró de que algunos estudiantes, “una minoría homofóbica”, como dijo él, se metió incluso con su orientación sexual con afiches de su rostro chuzado con flechas, flyers y correos electrónicos de grueso calibre.

—Pedro Abelardo es el dueño de esta casa. ¿Cierto, Abelardo? A él es al que más duro le ha tocado con toda mi trayectoria. ¿Cierto Abelardo? Si llego a ser rector y Abelardo llegara a conocer los muebles de pluma de ganso de Mantilla, adiós muebles.

Foto: Pablo David G

Las modulaciones de su voz, se nota, han sido intervenidas por el francés que habló durante años en París, dos años después de su grado como antropólogo de la Universidad Nacional, cuando cursó su Maestría en Antropología y sociología de lo político y, más tarde, su Doctorado en Sociología en la Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales. Después de su paso por la decanatura, fue nombrado Director General del Instituto Colombiano de Antropología e Historia (ICANH) desde 2011 hasta 2015, antes de lanzarse por primera vez a la rectoría de la Nacional ese año.

Dice que no iba a darle un segundo chance, pero que el día de su cumpleaños, el 29 de enero, decidió volverse a lanzar. “Quise hacer algo distinto esta vez: como en mi primera postulación nadie leyó el documento de las propuestas, decidí tuitear toda mi propuesta. Un trino cada hora durante seis días, con los títulos y párrafos de toda mi propuesta para la rectoría”, dice, antes de tuitear el título de su tercera propuesta: Un pensamiento que se estanca, se pudre. De su faceta como youtuber académico, su tradición francesa de enseñanza, le vino la idea de titular cada uno de sus puntos como un grafiti de Mayo del 68, en su quincuagésimo aniversario.


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(Encuentre en este enlace todos los detalles de su propuesta a la rectoría).

Las elecciones serán el próximo 22 de marzo y hay once aspirantes en la carrera por el despacho que deja Ignacio Mantilla después de seis años. Por su excéntrica presencia en la vida académica colombiana, su faceta como novelista, las convulsas pulsiones que despierta y su posibilidad de llegar a ser el primer rector abiertamente gay de la Universidad Nacional, hablamos con Sanabria en su apartamento sobre la Universidad. Le preguntamos por la decisión de lanzarse de nuevo a la rectoría, por los momentos jodidos de su presencia en redes y algunas anécdotas curiosas de lo que ha significado ser uno de los académicos más mediáticos y extravagantes de Colombia.

VICE: ¿Por qué decidió volver a lanzarse a la rectoría de la Universidad Nacional?

Fabián Sanabria: Lo dudé mucho, porque estaba muy cómodo: podía dar mis cursos, tener mis publicaciones, viajar, me ofrecieron ser profesor en Lyon con motivo del año Colombia-Francia, tengo una cuarta novela en camino que dejé en puntos suspensivos y me fascina estar acá jugando con mi gato Abelardo. Pero el 29 de enero, el día de mi cumpleaños, tomé la decisión de hacerlo.

Cuando fui candidato en 2015 me sentí muy contento porque me fue muy bien entre los estudiantes y los profesores. Estuve entre los cinco primeros nombres que van al Consejo Superior, tuve un apoyo muy grande de colegas siendo primíparo en estas cosas, sin contar con la maquinaria que tienen otros. Y con maquinaria no solo me refiero a los grupos de estudiantes o los profesores que se afilian, sino, por ejemplo, a los partidos de izquierda que siempre sostenían a un candidato tradicional de esa inclinación política. Hoy en día, con la división de la izquierda, no hay ese candidato oficial.

¿Y usted cree que con el apoyo estudiantil sí va a llegar a ser rector? Dicen que el rector que eligen los estudiantes nunca queda, que es el que se quema…

Sí, tengo esperanza. Pero debo señalarles por qué el rector que eligen los estudiantes no queda. En esas elecciones no vota más del diez por ciento, y ese diez por ciento es el que está confesionalizado o presa de un movimiento estudiantil con una posición política clara. El Consejo Superior no lo ponía para no quedar presa de ningún movimiento. Ahora, yo le apunto a los estudiantes y profesores que no son confesionales, a los que no votan; estoy convencido de que esos son los que me apoyan.

Con todo el cariño que le tengo, debo decir que, en su momento, quien más incidía en la decisión de un gran grueso de esos estudiantes confesionales era el senador Robledo. Pero ahora que apoya a un liberal como Sergio Fajardo, se ha dado una recomposición de las izquierdas; máxime cuando hay una oposición en su interior entre las izquierdas que apoyan la coalición Robledo-Claudia López-Fajardo, las de Clarita López y el doctor De la Calle —a quien chiflaron llegando a la Nacional hace unas semanas— y las de Gustavo Petro Urrego. Como hay esa disyuntiva, no hay un candidato oficial de las izquierdas ni para la Universidad de Antioquia ni de la Nacional. Y al no haber un candidato, hay posibilidades de que quienes no votan y no son confesionales, voten por mí.

¿Y a quiénes le está apuntando usted?

Hay dos espectros de tendencias que, grosso modo, se han instaurado en la universidad desde que yo era alumno. Hay un grupo que se preocupa más por la investigación, podríamos decir más “académico”, que aboga por la sociedad del conocimiento o la mundialización de la investigación. Y hay otro que, si bien es académico y publica, es un poco más de compromiso político, activismo y crítica social, sin duda también muy pertinente.

El problema es que las derivaciones de unos y otros puede generar a alguien que sea purista académico que no soporta el compromiso social o, en la otra cara, un militante. Yo no le apunto ni a lo uno ni a lo otro, tampoco a los de derecha ni a los de izquierda confesionales. Si la dejan a un lado, bienvenidos a esta inclusión.

Supe que en su llegada a la decanatura en 2008 hubo una serie de confrontaciones por su orientación sexual. ¿Por qué alguna minoría vio con malos ojos a un decano gay?

Esa situación fue una salida del clóset de la Facultad de Ciencias Humanas. Se supone que es ahí donde se incuba la tolerancia, el respeto por la diversidad, y fue donde fui más atacado. El primer día, cuando me nombraron decano, me dieron la bienvenida rompiendo los vidrios de toda mi casa. Después me pusieron un sarcófago en el hall del edificio de Sociología. Luego, empezaron a ser más jocosos y pusieron un gato enjaulado. Yo me apropié de todas esas cosas y salí en la revista Jet-Set con mi gato jugando, respondiéndoles jocosamente que no iban a poder conmigo.

Me parece completamente anodino que esa fuera una razón para enjuiciar a un decano. Es algo que me parece absurdo hoy en día: es como si me juzgaran o eligieran porque me gustan los gatos y no los perros. Y eso sin necesidad de ser militante de los gatos o de los perros, o militante de los fríjoles o las lentejas. Justamente esa elección fue una manera de decirle a la gente que a usted no lo eligen por sus gustos estéticos, sexuales, religiosos o políticos, sino por su hoja de vida y por sus propuestas. Y ahí están los resultados, porque fue una Decanatura inolvidable.

¿Y le daría miedo entonces andar por la universidad, a lo Mockus? En varios periodos la gente no ha visto a ningún rector andar dentro de la Universidad…

¡Pero por supuesto que andaría por el campus! Una de las cosas que más me aterra es que el rector no pueda entrar a la Universidad, ¡hágame el favor! Yo mandaría a los escoltas en el Audi que se compró el rector Mantilla y me iría en bicicleta. Haría exactamente lo que hizo Antanas: que mandaba a los escoltas en el Mercedes Benz, que ahora es el Audi de Mantilla, y yo andaría en bicicleta o a pie.

 


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¿Qué piensan en la comunidad académica de su estilo? Usted es un intelectual ultra mediático, activo en Twitter, que sube videos a YouTube…

Yo creo que cualquier intelectual que se respete en el mundo no solo es mediático, sino que tiene que estar en contacto con las redes sociales; si no, no existe. Le decía justamente a mis alumnos que Bourdieu, Derrida y el mismo Chomsky son así, los más divas. ¡Slavoj Žižek es una vedette, por favor! Es ridículo creer que uno se tiene que quedar en su torre de marfil y no existir. Hoy día, el que no existe en Google ¡no existe! La vie est ailleurs, la vida está afuera. Necesitamos movernos, por eso lo digo, como en los grafitis de Mayo del 68: “un pensamiento que se estanca, se pudre”.

A muchos mi propuesta y el hecho de que la esté trinando les debe parecer un desafío a la seriedad. Si es un desafío a la seriedad, ¡bendito desafío! Lo mismo que han hecho Macron, Justin Trudeau. Yo, como ellos, no me voy a quedar como un vejestorio anquilosado.

Foto: Pablo David G.

¿Y qué pasó con El tramoyero, su videocolumna en YouTube? ¿Cómo le iba con eso de ser youtuber académico?

Eso cumplió su ciclo. Terminó como novela, así se llamó: justamente, El tramoyero. Ahora la echo de menos. Viendo tanta competencia y el éxito de ciertos individuos en esa plataforma, creo que me hubiera ido mejor. Qué vaina… Esa es otra posibilidad si no quedo de rector, o incluso si quedo: volverme youtuber.

Además de YouTube a usted le gusta llevar el debate a otros espacios no institucionales, como los grupos de Facebook tipo “Materias y electivas fáciles UNAL”. ¿Por qué no lo ha hecho en esta campaña?

Lo que pasa es que yo respeto las reglas. Si bien mi candidatura ya fue oficialmente certificada, la presentación oficial de mi candidatura es el quince de febrero. Tengo una ética mockusiana en ese sentido: ni me anticipo a cómo deben ser las cosas ni prometo decanaturas o eso. Cuando me certifiquen la candidatura, ahí sí me mando con toda en Materias y electivas fáciles, enSociólogos y sociólogas UN, en De interés general para Manizales. Por ahora, estoy motivando con estos trinos, que es mi forma de hacer lo que los otros colegas están haciendo visitando gente. Yo no voy a regalar panfletos, sino que tengo otra sorpresa, un regalo mío. Ya verán.

Como ya estoy curtido en que un texto académico como el de mi anterior postulación nadie lo leyó, quise hacer algo diferente. Dije: voy a presentar mis seis puntos por Twitter. Cada punto tendrá diez párrafos que no pueden sobrepasar el límite de 280 caracteres de Twitter. Y los subtítulos son cada uno un grafiti de Mayo del 68. Así quedó, y la titulé “UNALma Mater Más Incluyente”. La U y la N se unen como una cinta de Moebiuz.

¿Cómo le ha ido con los trolls en internet?

Ahora joden muchísimo menos. Eso muestra, una vez más, que hay menos confesionalidad. Hasta el momento no he tenido una sola persona que me haya insultado ni que haya sido irrespetuosa ni que haya levantado falso testimonio diciendo que yo saqueé el ICANH u otras ridiculeces que me ha tocado aguantar. Todavía no ha pasado eso. Como ya quedé preparado de la vez pasada, en la cabeza de mi Twitter usted tiene mi blog donde están las cuentas de todas mis gestiones como Decano, como director del ICANH y como comisario del año Colombia-Francia.

La gente jode mucho por su afrancesamiento, su fumada de pipa, su amor por los gatos… ¿Cómo le ha ido con eso?

Es ridículo. A otros les pueden gustar los perros o les puede gustar más Alemania o Australia. No es mi caso, qué le vamos a hacer: me formé en Francia y amo los gatos. ¿Que por qué uso una pañoleta en mi cuello? Porque yo me gano el pan con el sudor de mi garganta y mi garganta es débil y nada más rico que tener una seda en el cuello (risas). Que dejen la envidia. Ya no pude fumar más pipa ni tabaco porque eso me afectó los pulmones. Pero era la mayor delicia fumar pipa. Envidio a Ramón Fayad que fuma todavía tabaco. Pero el foulard no lo dejo ¿Sería rector de corbata? No: rector de foulard.

En un blog le decían a usted el Hugh Hefner de la sociología…

Todo eso me resbala. Es más: los memes y las sátiras, bienvenidos siempre. Desde que fui decano y me pusieron el sarcófago y esas cosas, aprendí que justamente hay que mostrarle al otro la posibilidad de reírse de sí mismo. Yo no tengo ningún inconveniente con eso. Pero de la misma manera como me mandan memes por eso, ahora la gente se divierte con cosas mías. Por ejemplo, con mi saludo: abrazos y ronroneos. La gente me responde mails así, o se despide de mí así.

Qué le vamos a hacer: me fascinan los gatos y si quieren los colegas de Veterinaria, que pongan una guardería para gatos en la Universidad. Así como debería haber guarderías de niños, debería haber para perros y gatos, que uno deje sus mascotas. Mi pobre Abelardo es el que más va a sufrir si llego a ser rector, porque estaré menos tiempo con él.

¿Y qué le diría a los que siguen jodiendo y se la montan por su personalidad?

Ya no me da rabia, al contrario, me gratifica que hablen de mí. Todo eso promueve mi candidatura. Una persona relativamente ilustrada mirará a ver qué estoy proponiendo, una persona bestia se deja guiar por el cliché.

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