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Columnista: María José Pizarro

 

 

Una de las cosas que hemos perdido en tantos años de guerra ha sido la capacidad de condolernos frente al sufrimiento del otro, se ha vuelto común ver la muerte del contrincante como un logro o algo necesario para la eliminación del enemigo. Parte de ello se ve reflejado cuando en los medios de comunicación se nos dice, por ejemplo, ‘cinco soldados asesinados y cinco guerrilleros dados de baja’. ¿Cuál es la diferencia entre la muerte de uno u otro?

Es la deshumanización de ese enemigo la que nos aboca a condolernos únicamente cuando alguien de nuestro sector, de nuestra filiación política, de nuestro entorno, es asesinado. Cualquier otra muerte tendemos a naturalizarla y muchas veces a justificarla, como si la muerte violenta de cualquiera fuera justificable. En los casos de mayor sevicia, justificamos lo injustificable, y frente a este hecho nadie puede lavarse las manos, ni siquiera el Estado, quien debe dar ejemplo de respeto y defensa de la vida.

El ejemplo claro es la Ley de Víctimas, cuando establece que cuando los miembros de la Fuerza Pública sean víctimas(…), su reparación económica corresponderá por todo concepto a la que tengan derecho de acuerdo al régimen especial que les sea aplicable. De la misma forma, tendrán derecho a las medidas de satisfacción y garantías de no repetición señaladas en la presente ley.

Los miembros de los grupos armados organizados al margen de la ley no serán considerados víctimas, salvo en los casos en los que los niños, niñas o adolescentes hubieren sido desvinculados del grupo armado organizado al margen de la ley siendo menores de edad”.

Mas adelante el artículo 9º sobre el carácter de las medidas de justicia transicional indica que “las medidas de atención, asistencia y reparación contenidas en la presente ley, así como todas aquellas que han sido o que serán implementadas por el Estado con el objetivo de reconocer los derechos de las víctimas a la verdad, justicia y reparación, no implican reconocimiento ni podrán presumirse o interpretarse como reconocimiento de la responsabilidad del Estado(…)”

Esto significa de entrada que los miembros de los grupos armados al margen de ley, entre ellos los integrantes de la insurgencia armada, a los que les violaron sus derechos humanos fundamentales, no serán reconocidos como víctimas y que, en todos los casos, los miembros de la Fuerza Pública sí son reconocidos. También, significa que la promulgación de la Ley de Víctimas no implica el reconocimiento de alguna responsabilidad del Estado o sus agentes en los hechos ocurridos en el marco del conflicto armado interno colombiano.

Eso, palabras más, palabras menos, implica que a un integrante de la insurgencia puede ser torturado, abusado sexualmente, asesinado extrajudicialmente o desaparecido forzadamente y no le será reconocida su condición de víctima en el marco de la ley. Esto marca una actitud del Estado frente al reconocimiento de quienes se le enfrentan, actitud que además podemos ver en la falta de garantías para que los integrantes de estos grupos o sus familiares puedan acceder a la justicia cuando sus derechos humanos hayan sido vulnerados.

Este 6 de noviembre se cumplen 30 años de unos de los episodios mas impactantes de esta guerra, donde podemos ver cómo la vida ha perdido su valor en Colombia: la toma y retoma del Palacio de Justicia en 1985. La vida de los magistrados, trabajadores y visitantes no fue respetada. Es más, se llego a la negación sistemática de la desaparición forzada de personas, o a su justificación por ser guerrilleros. Los familiares tuvieron que justificar durante tres décadas que sus familiares no eran militantes del M-19 para poder hacer comprender a un Estado, a un sistema judicial y a la sociedad indolente lo injusto de la desaparición de sus familiares a manos de las Fuerzas Armadas, que debían garantizarles la vida.

La pregunta es: ¿Es justificable la tortura, el asesinato extrajudicial y la desaparición de los militantes del M-19? ¿No debían las Fuerzas Armadas apresarlos y juzgarlos? Y, por otro lado, ¿Cómo es posible que 30 años después los colombianos nos cuestionemos aún sobre la responsabilidad de las instituciones que debían garantizar la vida de quienes estaban al interior del Palacio, incluyendo los guerrilleros?¿Cuántos de ellos salieron con vida del Palacio de Justicia y fueron encontrados muertos al interior en los días posteriores? ¿Cuantos de ellos fueron torturados y continúan aún desaparecidos? ¿Cuantos militares murieron en combate durante la retoma?

Hace 5 años cuando inauguré en el Museo Nacional de Colombia la exposición Hacer la Paz en Colombia “Ya Vuelvo”, Carlos Pizarro, acababan de hacer publico el informe de la Comisión de la Verdad sobre lo ocurrido en el Palacio de Justicia, y en la pagina web oficial que había en aquel momento, nos sorprendió que en el listado de muertos y desaparecidos no aparecían los militantes del M-19, ni los militantes de las Fuerzas Armadas, como si ellos no hubiesen existido o no hubiesen perdido la vida durante la retoma. Hoy quiero publicar los nombres que pudimos encontrar y que hicieron parte de la exposición, a la espera de que quienes lean esta columna y tenga información nos puedan ayudar a actualizar o corregir el listado.

 

Combatientes de la Compañía Iván Marino Ospina del M-19

 

Luis Otero Cifuentes Comandante del Estado Mayor Compañía Iván Marino
Andrés Almarales Manga Miembro del Estado Mayor
Alfonso Jacquin Miembro del Estado Mayor
Guillermo Elvecio Ruiz Miembro del Estado Mayor
Ariel Sánchez Miembro del Estado Mayor
Orlando Chaparro Vélez Combatiente de la Compañía Iván Marino Ospina
Marcela Sosa Combatiente de la Compañía Iván Marino Ospina
Arturo Almonacid Rodríguez Combatiente de la Compañía Iván Marino Ospina
Jesús Antonio Rueda Velasco Combatiente de la Compañía Iván Marino Ospina
William Almonacid Rodríguez Combatiente de la Compañía Iván Marino Ospina
Fabio Becerra Correa Combatiente de la Compañía Iván Marino Ospina
Carlos Benavides Martinelli Combatiente de la Compañía Iván Marino Ospina
Jimena Marcela Clavijo Combatiente de la Compañía Iván Marino Ospina
Ricardo Mora González Combatiente de la Compañía Iván Marino Ospina
Ángela Murillo Salazar Combatiente de la Compañía Iván Marino Ospina
Alberto Nicolás Erazo Murcia Combatiente de la Compañía Iván Marino Ospina
Josué Marín Peña Combatiente de la Compañía Iván Marino Ospina
Constanza Molina Combatiente de la Compañía Iván Marino Ospina
Mónica Molina Beltrán Combatiente de la Compañía Iván Marino Ospina
Elkin de Jesús Quiceno Acevedo Combatiente de la Compañía Iván Marino Ospina
Noralba García Trujillo Combatiente de la Compañía Iván Marino Ospina
Nicolás Ortiz Sogia Combatiente de la Compañía Iván Marino Ospina
Enrique Giraldo Pineda Combatiente de la Compañía Iván Marino Ospina
Olga Gracia Combatiente de la Compañía Iván Marino Ospina
Cristina Garzón Reyes Combatiente de la Compañía Iván Marino Ospina
Fernando Rodríguez Sánchez Combatiente de la Compañía Iván Marino Ospina
Amalia Sosa Sierra Combatiente de la Compañía Iván Marino Ospina
Dora Torres Sanabria Combatiente de la Compañía Iván Marino Ospina
Javier Ulpiano Varela Polanía Combatiente de la Compañía Iván Marino Ospina
Francisco Vargas Soto Combatiente de la Compañía Iván Marino Ospina
Edison Zapata Vázquez Combatiente de la Compañía Iván Marino Ospina
Humberto Lozada Valderrama Combatiente de la Compañía Iván Marino Ospina
Diógenes Benavides Martinelli Combatiente de la Compañía Iván Marino Ospina
Héctor Arturo Loza Riveros Combatiente de la Compañía Iván Marino Ospina
Jesús Antonio Carvajal Becerra Combatiente de la Compañía Iván Marino Ospina

Miembros de las Fuerzas Armadas y DAS

Héctor Aníbal Talero Cruz Capitán
Sergio A. Villamizar Q. Teniente
José R. Fonseca Villada Subteniente
Jaime Benítez P. Sargento Primero
Jaime A. Portilla Franco Agente
Jaime Rodríguez Vivas Agente
José Gerardo Malaver Agente del DAS
Everardo Bermúdez García Agente del DAS
Ramón León Ariza Agente del F-2
Saúl Chavarría Salamanca Agente del F-2
Libardo Durán Agente del F-2

fundacioncarlospizarrol@gmail.com

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