Didier Erney Velasco Cobo (izq.), Gladis Rebeca Miguel Vides, Jesús García y Dilia Elena Mejía. Todas las fotos por Pablo David G.

Si algunas voces tomaron relevancia en el transcurso de 2017 fueron las de los líderes sociales. La implementación del acuerdo de paz de La Habana dejó al descubierto la fragilidad de los líderes y defensores de derechos humanos en las regiones. En ¡Pacifista! hemos registrado el asesinato de 61 líderes desde que las Farc y el gobierno comenzaron a implementar los seis puntos del acuerdo de paz. Sus causas, como lo hemos contado, están directamente relacionadas con el posconflicto, como la sustitución de cultivos ilícitos o la defensa del medio ambiente.

Antes de terminar el año, un grupo de líderes sociales se reunió en la Universidad Jorge Tadeo Lozano de Bogotá para hablar sobre sus experiencias en construcción de paz. El evento, organizado por “La Paz Querida”, buscó mostrarle a la ciudadanía que la paz se puede construir a través de nuevas estrategias, como los diálogos intergeneracionales. Hablamos con cuatro líderes de diferentes regiones sobre lo que fue, para ellos, el ‘primer año de la paz’.

Jesús García

Representante de la Plataforma Juvenil de El Doncello, Caquetá

La implementación llegó justo mientras yo hacía un diplomado en transformación de conflictos en la Universidad de la Amazonía. Como yo, muchos jóvenes han comenzado a interesarse en la paz, en los conceptos. La verdad es que no es tan fácil entender los acuerdos para la gente del común. En la plataforma juvenil hemos venido interactuando con diferentes personas con las que antes no hablábamos, hemos ido incluso limando asperezas. Esto del posconflicto tomará años porque culturalmente no es fácil incorporar los acuerdos. Lo que veo difícil en Caquetá es que la gente siente desarraigo, no se interesan tanto por el territorio y por ende por los acuerdos de paz. Mucha gente no sabe qué es la JEP, no sabe lo que está pasando en Bogotá, aunque la vida sí se se sienta un poco más tranquila.

Didier Erney Velasco Cobo (izq.), Gladis Rebeca Miguel Vides, Jesús García y Dilia Elena Mejía. Todas las fotos por Pablo David G.Gladis Rebeca Miguel Vides

Alcaldesa de Tarazá, Antioquia

Tarazá es un municipio del Bajo Cauca y por eso mismo está priorizado en la etapa de posconflicto. El año de implementación ha servido para sacar adelante trabajos juiciosos que antes no se podían hacer, la mayoría relacionados con perdón y reconciliación. Lo que toca hacer ahora es intentar reconstruir el tejido social. Estamos trabajando también en el programa de sustitución voluntaria de cultivos. Estamos esperando todavía los proyectos de vías terciarias, viviendas dignas, educación y planes agropecuarios. Aunque esto tomará tiempo, para los líderes políticos el acuerdo es lo mejor que nos ha podido suceder. Ahora sentimos que hay más garantías para sacar otro tipo de proyectos, como los de reconciliación.

Didier Erney Velasco Cobo

Presidente de la Junta de Acción Comunal del corregimiento de Siberia en Caldono, Cauca

Los acuerdos se han visto un poco atrasados por el incumplimiento del gobierno. Nosotros nos hemos reunido con las Farc, la ONU y el gobierno pero hay temas que siguen muy atrasados. El problema de sustitución, por ejemplo, todavía no ha avanzado lo suficiente. Nosotros somos conscientes de que terminar una guerra de 53 años es difícil, también de que tomarán años para que las cosas cambien radicalmente.

Sin embargo hemos visto cambios, como en materia de seguridad. Ahora se siente más tranquilidad y la venta de propiedades incluso ha aumentado un montón. Hay más inversión en el municipio. Eso digamos para la gente, porque para los líderes sociales todavía no hay tantas garantías. A los movimientos subversivos no les conviene que los campesinos se comiencen a organizar. Por ejemplo, hace 15 días le hicieron un atentado al presidente de la Asociación Nacional de Usuarios Campesinos del Cauca (Anuc) en Cauca. Y aunque allá donde vivimos no hay Bacrim, sí hay un aumento en la presencia del ELN que pueden ver en los líderes sociales una amenaza.

Dilia Elena Mejía

Docente, defensora de los derechos humanos en Bolívar

Este año termina con un reto para todos: romper el paradigma de que la paz no es un mito. Creer en la paz es uno de los temas más difíciles. Nosotros estamos convencidos de que este reto lo podemos afrontar a través de procesos de educación secuenciales, sistemáticos y permanentes. Indudablemente sentimos que hacen falta muchas cosas para consolidar cada uno de los puntos del acuerdo de paz de La Habana. Es urgente que el gobierno le cumpla las promesas que le hizo a la sociedad civil con el acuerdo de paz. En ese proceso de implementación necesitamos construir una ética social basada en la esperanza, en la acción razonada. Como líderes tenemos que trabajar mucho en reconstruir el tejido social, en lograr acuerdos en los aspectos sociales, culturales, económicos y educativos.

Bolívar es un departamento en donde se está haciendo un trabajo serio para construir una política de educación para la paz. La educación es clave para que todos los actores sociales puedan ejercer su rol, incluyendo a los líderes sociales.

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