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Lea aquí la primera entrega del Cuestionario VICE: ‘“No es la bala, es mi cédula la que debe decidir”: Claudia López’

Lo prometimos hace pocas semanas, VICE y ¡PACIFISTA! cubrirán juntos las elecciones de 2018, cruciales para un país que pasa por un momento histórico y decisivas para una generación de jóvenes que vivirán en una Colombia distinta a la violenta y atribulada en que vivieron sus papás, y los papás de sus papás…

Espere todos los lunes en VICE y ¡PACIFISTA! una entrevista con un candidato presidencial en texto y en video (en redes sociales e incorporada a cada artículo).

Hoy, con ustedes: Humberto de la Calle, desde el pasado 19 de noviembre candidato oficial del Partido Liberal a la presidencia de la República.

Hace algunas semanas, De la Calle nos visitó en las oficinas de VICE Colombia en Chapinero, Bogotá, y habló con todos los miembros de la redacción.

Vea aquí la primera parte de la entrevista en video:

Y lea aquí el resto de la entrevista:

VICE Colombia: ¿De dónde va a sacar energía para ser presidente?
Humberto de la Calle: La pregunta es válida porque estoy sorprendido conmigo. Yo en el colegio yo era deportista, pero me apareció un asma infantil y hubo momentos en que no podía hacer ejercicio. Por eso, mientras los demás estaban en educación física, terminé leyendo. La sorpresa ahora es que me siento extraordinariamente vigoroso. Voy al gimnasio tres veces por semana, me cuido, trato de no engordar y creo que tengo energía.

 

¿En La Habana, por ejemplo, esa energía nunca se le agotó?
Durante esos casi cinco años realmente no me sentí desfallecer físicamente, aunque obviamente había momentos de agotamiento psicológico, estrés y ansiedad porque eso era una especie de montaña rusa. Y hay algo más que me sorprendió. No sé de dónde saqué esa dosis de paciencia. Yo no soy una persona paciente.

 

¿Por qué deberíamos votar por Humberto de la Calle?
Me considero una especie de experto en arreglar bollos grandes. Primero viene lo que pasó en 1991, cuando empezó a venderse la idea de que la Constituyente llevaba el país a la ruina y llegamos al punto de que en un editorial del periódico El Tiempo dijo algo así como: ‘Se acabó el país, montaron una Constituyente que está desvertebrando todo, y el Gobierno es un irresponsable, aún más irresponsable ese jovencito de la Calle’. Pocos meses después llegamos a una Constitución nueva, garantista y moderna que permitió un cambio espiritual. Y ahora miremos las conversaciones con las Farc. Sí, hay dificultades, insultos, calumnias, a uno lo atacan todo el día, pero estoy convencido de que el paso que le convenía históricamente a Colombia era liquidar la confrontación militar y abrir nuevos espacios. Es algo de lo cual me siento orgulloso, aún reconociendo que hay personas que no están de acuerdo. Tengo experiencia en asuntos de Estado y tengo más experiencia que Sergio y que Claudia.

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Ellos, por su parte, podrían decir que usted está viejo.
A quienes me achacan la edad les recuerdo una anécdota famosa. En un debate de Ronald Reagan y otro candidato más joven, el candidato más joven le sacó relucir a Reagan el tema de la edad. Reagan le dijo: ‘Yo sí no quisiera entrar en eso porque yo me había hecho el firme propósito de no hablar de su juventud e inexperiencia’. ( Risas) Me siento capaz de marcar un camino y ejercer un liderazgo. Tengo unas ideas sólidas y una formación desde la perspectiva liberal, no tanto del Partido Liberal, sino de lo que significa la preservación de una sociedad incluyente, que no discrimina.

 

Al decir esto último, ¿no se siente demasiado parecido a Fajardo, Claudia López e incluso Robledo?
Creo tener vínculos, simpatías y coincidencias ideológicas con Fajardo y con Claudia, menos con Robledo. A Robledo le tengo admiración, es sólido, decente y honesto, pero hay una diferencia ideológica seria sobre todo en términos de modelo económico. Con ellos todavía no me he sentado a hablar de posibles acuerdos, pero habrá que hacerlo. En el caso de Robledo, como ya dije, me parece que es más difícil.

Había momentos de agotamiento psicológico, estrés y ansiedad porque eso era una especie de montaña rusa

¿Entonces podría haber una unión?
Contesto categórica y definitivamente que sí. Hay tres razones para eso. En primer lugar, nadie va a lograrlo solo, este es un momento de coaliciones. El riesgo es muy grande de que, si las personas de centro y de fuerzas democráticas de izquierda no nos unimos, pasen las opciones que marcan Vargas Lleras y el doctor Uribe, que a mí no me parecen buenas para Colombia. Lo digo sin insultos, pero con franqueza. En segundo lugar, creo que no se puede dar marcha atrás en la posibilidad de la paz. Hay que distinguir dos conceptos. Una cosa es el fin del conflicto, y otra, la paz. Y esta, que es la posibilidad de no estar dando más bala, se consigue entre todos. Por último, creo que en 2018 se abren dos caminos. Uno es el de una sociedad pluralista, abierta, tolerante y no discriminatoria, y el otro es del fanatismo, el autoritarismo y el caudillismo, la negación de la democracia.

 

¿Por qué negar la democracia?
Cuando en una encuesta un grupo de personas dice que vota por el que diga Pedro Pérez eso significa que dimite de la democracia.

 

Al representar tan enfáticamente el pensamiento liberal, ¿no teme exponerse a acusaciones como la famosa ‘ideología de género?
Respecto a eso, yo francamente vi una cosa muy alucinante. Cuando hablamos de enfoque de género en La Habana, queríamos entender que la mujer, por ser mujer, fue mucho más victimizada que el hombre. El enfoque de género trataba de responder a esa situación. En Montes de María estuve con líderes campesinas que me decían: ‘¿Qué es lo que pasa en Bogotá que no entienden? Le puedo mostrar la casa en que a 250 mujeres de aquí las violaron entre las Farc, los militares y los financiadores de la guerra’. A uno puede no gustarle, pero eso es lo que ocurre aquí en Colombia. Y el enfoque de género iba dirigido a eso, a evitar y advertir que también la comunidad LGBTI había sido víctima de discriminación. Sobre eso fabricaron esa teoría de la supuesta ideología de género, que lo que queríamos era acabar con la familia, una cosa realmente alucinante, lo más doloroso que me pasó en La Habana.

 

¿Qué fue lo que más aprendió de las Farc?
Al aflorar una multiplicidad de problemas, muchos relacionados con la Colombia invisible y profunda que no vemos en las ciudades, aprendí como si hubiera hecho cinco posgrados. El trabajo detrás de la mesa era descomunal, y el de ellos también. Tengo que reconocer que vi una gran disciplina en las Farc y el deseo de enterarse desde su perspectiva.

 

¿A qué se refiere cuando habla de la Colombia profunda?
Siempre cuento una anécdota, y es que me impresionó mucho un día en el Club del Nogal el presidente de un grupo financiero que me dijo: ‘Pero si usted era un abogado prestigioso y ganaba plata, ¿para qué se fue a ese embeleco de la paz?’. El término ‘embeleco de la paz’ para mí fue como si Saulo de Tarso se cae del caballo y se pregunta: ‘Pero, ¿cómo es posible que uno piense que esto es un embeleco?’. Esta es una sociedad fragmentada e insolidaria en que cada quien pedalea por su lado. La Colombia profunda es aquella donde están los cultivos de coca, los temas de minería, donde la gente sufre.

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¿Cuál es el primer problema que resolvería siendo presidente y cómo lo haría?
La piedra de toque no es nada fácil y es la inequidad. Somos la sociedad más inequitativa de América Latina al lado de Haití, Honduras y Guatemala. Esto tiene mil consecuencias. Desde el punto de vista humanístico, pero también económico, y por eso superarla es un primer deber ético y económico. Lo que hay que hacer es fácil decir, pero difícil hacer. Lo primero es educación, y por educación entiendo los elementos no solo de instrucción, sino también formativos en términos de cómo una sociedad respeta los derechos, respeta a los demás. Eso arranca desde preescolar, y hay que agregar elementos básicos que son la nutrición, la cobertura y la calidad. Hoy el sistema educativo nos está dividiendo.

 

Cuéntenos de un tema del que poco se le oye hablar. ¿Qué planes tiene en lo medio ambiental?
La siguiente gran discusión en Colombia será esa, y nos va a tomar años resolverla. Lo importante es discutirlo con sentido de diálogo, y no empezar a fragmentarnos otra vez con posiciones inflexibles. Tenemos dos realidades. Una es el tema fiscal, lo que significa la industria extractiva para la fiscalidad. Más ahora que el panorama fiscal no es el más amable. Vamos a tener enormes dificultades con la declinación del crecimiento económico. Esto impacta las finanzas del Estado, y estas son una manera de luchar contra la pobreza. O sea, nada es gratis. Si el Estado empobrece, usted lo que hace es meterle más distancia en años a la reivindicación de las personas con necesidades básicas insatisfechas.

 

¿Cuál es la otra realidad?
Pues la del panorama de preservación, que es crítico. Hay una devastación del medio ambiente en Colombia enormemente preocupante. Sumemos a esto las manifestaciones espontáneas, las consultas ad hoc, algunas generadas por las comunidades. Uno no puede darle la espalda a eso. Decir como hace el Gobierno que “eso es ilegal y no me compromete“ es un error porque hay una realidad, hay unos problemas de buen vivir y una concepción de lo que significa vivir en un territorio. Hay que recoger ese mensaje vigoroso y generar mecanismos de mayor diálogo para ver qué camino tomamos.

En 2018 se abren dos caminos. Uno, el de una sociedad pluralista tolerante y no discriminatoria. El otro, el del fanatismo, el autoritarismo y el caudillismo, la negación de la democracia

¿Qué posición tiene frente a la extracción?
Hay que distinguir la minería del petróleo, que son dos cosas distintas en su comportamiento y en su efecto fiscal. Controlar la explotación petrolera es menos difícil que la minería. La minería sí está realmente arrasando muchos territorios, y particularmente la minería ilegal está descontrolada. Además, la minería en el trópico tiene que tener un tratamiento distinto a la minería en el sur. Siempre le dicen a uno: ‘¿Pero en Chile y Perú por qué no hay ningún problema?’… pues porque son desiertos. La minería en el Amazonas es un desastre mundial. (…) Tenemos que tener claro zonas en las que no puede haber ningún desarrollo minero y eso exige un inventario cuidadoso.

 

¿Y el fracking?
Es muy difícil tener la certeza de que eso es inocuo. Una de las últimas posturas de alguien enterado fue: “Discutamos a favor, discutamos dónde es viable y dónde no en función de cómo se puede minimizar los daños ecológicos“. Creo que dar el paso del fracking sin una valoración más detallada de sus efectos colaterales es un error. Debe privilegiarse el principio de precaución.

 

¿Dónde ve un potencial para que Colombia genere ingresos sin recurrir a la minería?
Costa Rica prohibió la minería, y se dice que vive del turismo. Ahora, Colombia, al ser un país de cincuenta millones de habitantes y con un alto grado de inequidad, no podrá vivir solo del turismo. Pero en una canasta de oferta productiva, justamente aprovechando que no nos estamos dando bala, uno no tiene que depender tanto de la industria extractiva. Además, ya desde el punto de vista económico, seguimos siempre ligados a productos, estamos sujetos a las vicisitudes de lo que pasa afuera. Cuando era el café el monocultivo, todo lo que pasaba en el café terminaba por subir o bajar la economía colombiana. Ahora lo mismo pasa con el petróleo y el carbón. Tenemos que hacer un esfuerzo de cambiar el modelo económico, más hacia el sector servicios, hacia la diversificación tanto del aparato productivo como de nuestros mercados.

 

¿Cuándo habló la última vez con Álvaro Uribe?
En las conversaciones con el No después del plebiscito, un día el doctor Uribe me dijo lo siguiente: ‘Eso de las Farc ya pasó, esos señores ya no van a combatir más, le prestan demasiada atención a ese grupo’. Yo le dije que estaba equivocado en el sentido de que… supongamos que el Secretariado no va a combatir, esos tipos en general tienen sesenta años o un poco más. Es probable que algunos de ellos no quieran regresar a las armas y otros llevan viviendo en el exterior y seguramente están desentrenados, pero ese no es el problema. El problema es que esa es una organización con un cuerpo que tiene comandantes de frentes y base de combatientes. Es irresponsable enviar el mensaje de que en 2018 esto puede revisarse de fondo.

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Eso es lo que piensan algunos de sus adversarios en las próximas elecciones.
No es un invento aquello de que dicen que se va a volver trizas el acuerdo, es una frase textual. Pero digamos que alguien puede decir que ‘bueno, no es para tanto’, como lo dijo Uribe, que ‘se trata de cambiar dos cositas, la JEP y la participación en política’. Esas son las coronarias del acuerdo, eso es derogar el acuerdo. Y eso traducido hacia abajo sí me parece muy peligroso porque de hecho a mí me pareció milagroso que dejaran las armas en medio de una discusión de esta naturaleza. Pero eso se puede ir desgranando, y también es muy mal mensaje para el ELN porque el Estado no puede incumplir la palabra. Hay un elemento que no es jurídico, ni siquiera político, sino ético. Aquí hubo un compromiso refrendado por el Congreso, y eso compromete al Estado colombiano.

La piedra de toque no es nada fácil y es la inequidad. Superarla es un primer deber ético y económico

¿Cómo aproximarse a los colombianos que no creen en las Farc?
Yo distingo como dos bloques de grupos humanos en la sociedad colombiana. Hay mucho colombiano de buena fe que es escéptico y odia las Farc, odio merecido porque las Farc han cometido todo tipo de barbaridades. Ahí me parece que hay una especie de miopía selectiva, más aguda en las ciudades. Se habla de crímenes horribles y todo el mundo mira las Farc y omite, a veces deliberadamente, que también hay otros responsables. Si uno no entiende que hubo un conflicto con distintas responsabilidades, pues el país no va a ser capaz de dar el paso hacia una paz más firme. Creo que hay un gran número de colombianos escépticos a quienes no les gustan las Farc, y ahí hay un grupo mayoritario extraordinariamente intransigente por mil razones —porque no quieren saber la verdad, porque se lucran de la guerra o por razones electorales— frente al cuales hay muy poco que hacer frente al convencimiento racional. Pero ese mismo grupo mayoritario va a ir entendiendo el camino, para dónde vamos y las ventajas que se desprenden de allí. Todos los días se da un pasito más en medio de esta discusión enorme. Yo confío en que detrás de la hojarasca, esa comunidad termine enteniendo.

 

¿Y qué siente hoy respecto a la paz?
Me da cierta tristeza porque realmente se ha mentido mucho, se han exagerado problemas que no tienen esa enorme connotación. Pero al mismo tiempo, sigo confiando en que va a irse abriendo el camino. Lo que pasa es que va a ser una lucha dura y hay que hacer todos los días un ejercicio de pedagogía y explicación. Para decirlo en la frase más colombiana de todas es: ‘¡Ahí vamos!’. Es lo que decimos siempre en Colombia.

 

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