Foto: Claudia Currea | VICE Colombia​

Lea aquí la primera entrega del Cuestionario VICE: ‘“No es la bala, es mi cédula la que debe decidir”: Claudia López’

Y aquí, la segunda entrega: ‘“Soy un experto en arreglar bollos grandes”: Humberto de la Calle’

Lo prometimos hace pocas semanas: VICE y ¡PACIFISTA! cubrirán juntos las elecciones de 2018, cruciales para un país que pasa por un momento histórico y decisivas para una generación de jóvenes que vivirán en una Colombia distinta a la violenta y atribulada en que vivieron sus papás, y los papás de sus papás…

Espere todos los lunes en VICE y ¡PACIFISTA! una entrevista con un candidato presidencial en texto y en video, en redes sociales e incorporada a cada artículo.

Hoy con ustedes: Sergio Fajardo, exalcalde de Medellín, exgobernador de Antioquia y ahora candidato a la Presidencia de la República por Compromiso Ciudadano.

Hace dos semanas, el mismo día en que lanzó su libro El poder de la decencia (Editorial Planeta), Fajardo nos visitó en las oficinas de VICE Colombia en el barrio Chapinero de Bogotá y habló con los miembros de la redacción.

El encuentro tuvo lugar pocos días antes de que una crisis pusiera a tambalear la coalición que el propio Fajardo busca conformar junto a la candidata de Alianza Verde, Claudia López, y al candidato del Polo Democrático Alternativo, Jorge Robledo.

Imagen: VICE Colombia

Vea aquí un resumen de la entrevista en video:

 Y lea aquí la conversación completa:

¡Pacifista!: Antes de esta entrevista, usted nos contó que le gustan la bicicleta y la montaña. Es como un dejá-vu de Peñalosa. ¿Qué lo distingue del alcalde de Bogotá?
Sergio Fajardo: Bueno, pues, primero que todo, a mí me parece odioso hacer una reflexión de por qué soy distinto de Peñalosa. Pero, pues, por ser cortés digo una cosa: yo soy profesor, explico las cosas, me relaciono con las comunidades de una manera muy diferente en el sentido de lo que significa construir, de qué significa trabajar para construir el tejido social y de qué manera lo voy trabajando. Pero, por mi naturaleza, no me gusta estar comparándome con alguien más. Ahí respondí un poquito, para ser educado.

Sabemos que como alcalde de Medellín y luego como gobernador de Antioquia usted prohibió los reinados en los colegios. ¿Cuál es su raye con los reinados?
[Risas] ¿Cuál es mi raye con los reinados? A mí me da mucha risa esa pregunta porque… Además, hay mucha gente que dice que a mí no me gustan las mujeres… Son tonterías. Es una apuesta por el valor de la mujer, por el desarrollo de las mujeres, y empezamos en la ciudad de Medellín. El primer acto que yo hice como alcalde fue decir: ‘Ni un peso público para reinados de belleza de la ciudad de Medellín, de la Alcaldía de Medellín’.

¿Por qué?
Pues porque nosotros creemos que en una sociedad decente y digna el valor de la mujer no está asociado a su belleza como condición para poder ser mujer en una comunidad en la que hablamos de educación, ciencia, tecnología, innovación, emprendimiento, cultura, talento y capacidades. Entonces, fue un hecho simbólico para decir: ‘Esa no es nuestra apuesta’. Nosotros le apostamos al desarrollo de las mujeres porque creemos en su capacidad como seres humanos para ser protagonistas de una sociedad profundamente machista.

En una sociedad decente y digna el valor de la mujer no está asociado con su belleza

¿Y logró el efecto deseado?
Pues, no solamente dijimos ‘Ni un peso público’, sino que además hicimos una política pública. Hicimos el Concurso de Mujeres Jóvenes Talento en Medellín, y la plata que se gastaba para reinas de belleza, para llevarlas a Cartagena con todas sus cortes, la invertimos en un concurso al que convocamos a mujeres jóvenes de Medellín alrededor de la actividad científica y el desarrollo social, cultural, deportivo. Se presentaban con sus proyectos y trabajos, y en el mismo día en que habitualmente se escogía a la reina de belleza en la Feria de las Flores nosotros seleccionamos a las jóvenes talento de Medellín alrededor de su capacidad de ser parte de la sociedad. Es una forma de entender la sociedad. Muchas lindísimas… El problema no es que una mujer no pueda ser linda, ni más faltaba. Pero estábamos haciendo énfasis en su capacidad de hacer parte de la sociedad. Hicimos lo mismo en Antioquia para educar a muchas niñas que pasan por el mundo escolar, y no solo a niñas, sino al contexto de la comunidad en general. No es la belleza la que determina el valor de una mujer, sino su capacidad de ser parte de la sociedad.

¿Haría lo mismo si llega a la Presidencia de la República?
Total, total… No debe haber ni un peso público para reinados de belleza, y tenemos que explicarle a nuestra sociedad lo que eso significa. Hay mujeres bellísimas, inteligentísimas, brillantes, que a mí me gustan y que yo admiro. Ese no es el problema. Es un tema de una cultura en un país como el nuestro, que es machista y que tiene a las mujeres en una condición de inferioridad, y una de esas condiciones es la belleza como condición para ser parte de la sociedad.

Usted formó parte de una comisión facilitadora de paz de Álvaro Uribe cuando él era gobernador de Antioquia. ¿Cómo fue ese momento? ¿Uribe le toca a su puerta de profesor y le propone apuntársele a eso?
Sí… ¿Dónde está mi libro? [Lo toma de una mesa y lo muestra a la cámara.] Voy a hacer un comercial aquí en VICE. Eso está aquí en mi libro, que está saliendo en este momento en que estamos grabando. Aquí yo cuento bastantes aspectos de mi vida en sociedad y de la vida que yo he liderado en el contexto de lo público. Pero le voy a contestar aprovechando el comercial. ¿Puede ser que no me editen esta parte, por favor? [Risas]

No lo haremos.
Entonces, yo conocí a Álvaro Uribe acá en Bogotá, y en alguna oportunidad había hablado con él. Yo escribía artículos, y él hacía parte en ese entonces del grupo político que se llamaba el Poder Popular, de Ernesto Samper y Horacio Serpa. Álvaro Uribe era liberal y conocido de mi familia. Estudió en mi colegio, aunque iba más adelante. Pero ya nos conocíamos del colegio. Entonces él me invitó a conversar, y dado eso y lo que yo escribía en la Universidad de Antioquia, me llamó para que fuera Alto Comisionado para la Paz de Antioquia.

Álvaro Uribe era liberal y conocido de mi familia. Estudió en mi colegio. Me invitó a conversar y a que fuera Alto Comisionado para la Paz de Antioquia

¿Por qué no aceptó?
No acepté porque al mismo tiempo él, y lo había dicho claramente, estaba apoyando la política de las Convivir, que era una política nacional. De hecho, el gobierno de Ernesto Samper tenía esa política, y él la iba a aplicar en Antioquia y yo le dije a él que no podía ser Alto Comisionado para la Paz porque yo no estaba de acuerdo con las Convivir. Él me dijo: ‘Bueno, está bien, pero vamos a tener una Comisión Facilitadora de la Paz en el departamento de Antioquia, y yo quiero que usted participe’. Y yo dije: ‘Pues, bueno, yo participo’. Era una comisión ad honorem, participé con un montón de personas y me sirvió muchísimo porque aprendí.

¿Cómo es hablar de paz con Uribe?
Yo tengo que decir que cuando yo he hablado con él de estos temas, yo he explicado lo que pienso, y él también. Siempre ha sido seria la conversación. Esa es mi relación con Álvaro Uribe, y así fui y aprendí muchísimo de la Comisión Facilitadora de Paz de Antioquia. En lo que yo estuve, nunca vi una injerencia o algo en lo que él estuviera tratando de manipular o hacer alguna cosa extraña. Fue transparente en ese sentido.

Usted forma parte del círculo de los superinteligentes, de una élite intelectual y académica de este país. ¿Cómo fue el golpe al relacionarse con colombianos del común?
[Risas] Bueno, super inteligente… ¡No! Pues el término a mí me da pena porque seguro que soy inteligente, pero de ahí a ser superinteligente… ¡No! Pero sí soy un privilegiado del mundo intelectual, del mundo académico, de la ciencia. Yo hice un doctorado en lógica matemática, y ese es un mundo sofisticado, digamos, el mundo de la ciencia, un extraordinario mundo al que yo quiero y que yo escogí. Ahora, yo nunca tuve que hacer ese tránsito de ser superinteligente [Risas] … no, de ser de ese mundo y empezar a relacionarme con personas humildes.

Soy un privilegiado del mundo intelectual. Hice un doctorado en lógica matemática, y ese es un mundo extraordinario al que yo quiero y que yo escogí

¿Por qué?
Le voy a explicar. También está en el libro, en el origen del libro. Esto es una anécdota. Yo crecí en un sitio de Medellín, entrando a Envigado, cerca de donde vivía una persona muy famosa, Fernando González, el escritor, que tenía su casa en la entrada de ese sitio. Era una casa campestre, como decimos en Antioquia con ‘mangas’, frutas, guayabas, y yo vivía en una casa que había diseñado mi papá, que era un arquitecto, y en la casa, en el barrio de al lado, sin ningún tipo barrera —ahora el mundo está lleno de rejas, portones y talanqueros— estaba La Magnolia, que era un barrio obrero, y yo tenía una gran cantidad de amigos de allá y pasaba de un lado al otro, y eran mis amigos de manera natural. Y en mi casa, mi papá y todos siempre nos relacionábamos con la gente de manera respetuosa, nunca hubo la ostentación de ‘Yo vengo de un lugar extraordinario y las otras personas son inferiores’, sino que de manera natural yo aprendí a ser educado, a tratar y a valorar a las personas, y nunca fue, pues, un esfuerzo, digamos, en el término de trato a las personas.

¿Hay algo que le cueste trabajo al tratar con la gente?
Sí me ha costado trabajo, digamos, entre comillas, el ser tímido, reservado, y tener el espíritu del científico de aspecto solitario y retraído de la investigación. Irrumpir en lo público y acercarme a tantas personas, al principio, me producía pudor, y me daba pena molestar a la gente, etcétera. Pero aprendí muy rápido el significado de entregar un volante, de encontrarse en una calle. Yo creo en la dignidad del espíritu humano. Es que yo soy un profesor y creo en la dignidad y la capacidad de la gente. Entonces yo no miro el mundo con el filtro de un origen social, sino con la mirada de las capacidades y de la dignidad de las personas.

Foto: Claudia Currea | VICE Colombia​

Cambiemos de tema. Hace unas semanas pasó por VICE Claudia López y en la entrevista que le hicimos dijo que para solucionar el problema de la coca pondría al Estado a comprar la cosecha de los campesinos cocaleros. ¿Qué opina usted de eso?
Pues yo creo que el problema es mucho más profundo que ir a comprarles la droga. Lo que hay que hacer dentro de todo esto es un desarrollo territorial, que nuestros campesinos tengan la oportunidad de ser campesinos, de pertenecer al mundo rural, de cultivar y de hacer la agricultura con unas condiciones diferentes. Entonces, por supuesto que hay un momento de transición, el momento en que se eliminan esos cultivos de coca y vamos construyendo otras alternativas. Pero lo más profundo que hay ahí es que tenemos que llegar al sector rural, crear unas condiciones de vida, darles sentido al desarrollo rural y a la agricultura para las personas que están allá.

Yo no miro el mundo con el filtro del origen social, sino con la mirada de la dignidad de las personas

¿Esa es toda la solución?
Yo le digo una cosa con respecto al tema de las drogas, que más de una vez me han preguntado. La solución al problema de las drogas es la legalización, de eso no tengo la menor duda. También es entender el consumo de drogas como un tema de salud pública y de cada uno de nosotros, entender la capacidad de regularnos y saber qué hacemos como personas.

¿Qué va a hacer con el narcotráfico?
Nosotros tenemos que enfrentarlo. Hay que enfrentarlo porque nos trae destrucción. Aparte de los Estados Unidos y otros lugares del mundo, el narcotráfico es destrucción en Colombia. El microtráfico y toda esa cantidad de recursos que hay, etcétera, son un daño para nuestro país.

¿Como presidente se daría la pela por legalizar la marihuana recreativa?
Como dije, yo creo que ese es el camino. Pero creo que tenemos que mirar cuáles son las condiciones de Colombia hoy. En qué condiciones estamos en nuestro país, cuál es la destrucción del narcotráfico, todo lo que está pasando en el territorio. En el mundo ideal, yo diría: ‘Se puede legalizar’. Pero en el mundo de Colombia hoy, con todas complicaciones que tenemos, y yo voy a ser presidente cuatro años… ¡No! El tema de la marihuana medicinal me parece perfecto, y es un avance, repito, en la salud pública ir avanzando en todo esto. Pero como presidente, no [legalizaría la marihuana para uso recreativo].

La solución al problema de las drogas es la legalización, de eso no tengo la menor duda, y entender el consumo como un tema de salud pública

Foto: Claudia Currea | VICE Colombia​

Usted llegó a Bogotá en el setenta y cuatro.
[Risas] Uf, sí, enero.

En ese momento era fácil conseguir marihuana hasta en las casas de la esquina. ¿Usted fumó?
Pues yo no recuerdo que aquí en Bogotá vendieran marihuana hasta en las casas de la esquina.

Eso nos han dicho los que vivieron acá en los años setenta…
Esa no es la imagen que yo tengo. Yo probé la marihuana porque yo quería probarla, porque era un fenómeno que… Pues, se hablaba de la marihuana en esa época, y la probé y fumé y me reí un rato. Pero ya. Yo no consumo, mi forma de ser no es de adicciones, en ese sentido. Entonces, pues, la probé, y así como la probé, no pasa nada, no es lo mío, y ya.

Usted tiene la reputación de ser apuesto. En la vida, ¿ser pinta ayuda?
[Risas] Hombre… A mí esa pregunta siempre me da pena porque yo estoy educado en el mundo de la ciencia. Es que mi formación en este mundo es la de un profesor, un científico, un matemático, y en la matemática lo que menos importa es la apariencia física de las personas. Entonces yo crecí con otros valores. A mí esa pregunta me da pena porque me dicen: ‘Las mujeres se mueren por usted’ o ‘Las mujeres van a votar por usted porque usted es pinta’. Eso es irrespetar a las mujeres. A mí me da vergüenza, se lo juro, me da pena por dentro. Pues yo me río. La gente es cariñosa, pero yo no sé sinceramente en qué me habrá ayudado en la vida. No creo que por el hecho de tener esta apariencia la vida se me haya facilitado o me haya dado más oportunidades. No. Yo les he apostado es a la cabeza, a la inteligencia, a la educación. [Risas] Qué pena esa pregunta, hombre.

Ayer un grupo de jóvenes se reunió para pedirles unidad a los candidatos que están con el acuerdo de paz. ¿Qué les dice?
Pues yo lo que puedo decir es que nosotros le apuntamos a la paz por convicción profunda y por la experiencia personal de haber entendido lo que significan los fenómenos de reinserción y construcción. Igualmente debo decir que la falla del proceso de paz ha sido la falta de pedagogía en Colombia para explicarnos qué significa construir la paz. Otra gran falla ha sido no llegar al territorio para construir paz con las comunidades [ni explicar] qué significa construir un tejido social, qué significa hacer a las comunidades protagonistas de su desarrollo, comunidades que han estado agobiadas por la violencia de una forma u otra, guerrilleros, paramilitares… Siempre esa violencia. Entonces yo creo en eso, y eso es parte de lo que queremos hacer.

No creo que por el hecho de tener esta apariencia la vida se me haya facilitado. Yo les he apostado a la cabeza, a la inteligencia, a la educación

Usted es un tipo exitoso. ¿Ha perdido batallas? ¿Qué espinita le queda?
No, yo me he estrellado muchas veces, y estrellarse hace parte del espíritu de las personas. Por eso hoy creo que estoy preparado para ser la persona que conduce a Colombia en una época en que se necesita serenidad, en que se necesita sabiduría para no permitir que nos fragmentemos como sociedad por la polarización y que empecemos capítulos diferentes de la violencia.

Explique mejor esto.
Yo siempre miro hacia adelante, yo soy una persona positiva en el sentido de acercarme a los temas en la vida. Yo tengo mis espinas, mis dolores, mis contradicciones, mis sufrimientos, que hacen parte de la vida íntima que todos tenemos en este mundo de lo público que es tan agresivo con las personas… Pues yo tengo ahí mi espacio de intimidad, tengo mis dolores. Pero siempre estoy soñando, siempre estoy pensando en el paso siguiente. He pasado por momentos muy difíciles, yo me he caído.

Hable de una de esas espinas en la vida pública.
En la vida pública… Pues hubo una espina, y es que yo era gobernador de Antioquia y para escoger a la persona que me iba a suceder a mí tenía que ganar otra persona y no ganó la persona que yo quería. Y yo creo que cometimos muchos errores en el sentido político, de organización, de movimiento, etcétera. Y pues es una lástima porque habríamos tenido una persona excelente, conocedora del departamento de Antioquia, con unas condiciones extraordinarias, y ganó una persona que es la antítesis de lo que nosotros representamos en política. Pero soy respetuoso. Yo siempre respeto las reglas. Siempre. Es la democracia, y si uno quiere estar en la democracia, pues tiene que dar ejemplo. Entonces, esa es una espina.

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