Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común. Este es el nombre del partido con que las Farc, hasta hoy la guerrilla más antigua del hemisferio, saltarán a la arena política, aspirarán a cargos públicos e intentarán conquistar al electorado. Después de más de 50 años de conflicto, la organización optó por no desprenderse de la sigla que la caracterizó en el monte. Con armas o sin armas, entonces, en Colombia seguirán existiendo las Farc, o mejor: la Farc, cuyo símbolo ahora es una rosa roja. 

Fueron necesarios cinco días de deliberaciones en un congreso que contó con unos 1.000 delegados guerrilleros, que llegaron a Bogotá de todas las regiones del país. Al final, el máximo líder Rodrigo Londoño, alias Timochenko, se encargó de hacer el anuncio y revelar en su cuenta de Twitter los resultados de la votación que definió el nombre: 628 votos para Farc, 264 para Nueva Colombia.

¿Acierto o error?

Empecemos por las cifras. De acuerdo al sondeo de Gallup publicado en la última semana del pasado junio, las Farc obtuvieron una imagen favorable de apenas el 15 por ciento, mientras que su imagen desfavorable alcanzaba un 81 por ciento. La medición abarcó a Medellín, Bogotá, Cali, Barranquilla y Bucaramanga. Los números, en sí, ya dan algunas pistas del estado de ánimo electoral que en su salto a la política la ahora exguerrilla encontrará en las ciudades.

Para Angelika Rettberg, directora de la Maestría de Construcción de Paz de la Universidad de Los Andes, que la sigla se haya mantenido es una declaración de principios. “No van a negar, ni avergonzarse de su pasado”, le dijo a ¡PACIFISTA!. “Insistir en su nombre significa que quieren ser fieles a su historia. Esto, sin duda, es un desafío para quienes están viendo críticamente su participación en política. Que hablemos de Farc ya no como guerrilla sino como partido va a ser difícil de aceptar para muchos sectores”.

Por su parte, el analista político Jairo Libreros considera la elección del nombre una equivocación: “¿Creen que pueden sacar réditos políticos de un nombre que en cinco décadas ha dejado miles de víctimas en el conflicto? Lo veo, incluso, como un gesto de deslealtad con el acuerdo de paz y con las víctimas”.

“Hablar de Farc ya no como guerrilla sino como partido va a ser difícil de aceptar para muchos sectores”, Angelika Rettberg

 

Las dos alas de las Farc

Farc y Nueva Colombia: cada una de las dos propuestas entre las que se resolvió el nombre definitivo tenía su historia. A principios de agosto, y mientras ‘Timochenko’ se reponía de sus dolencias de salud en Cuba, ‘Iván Márquez’ anunciaba en un video que el partido que agruparía a la guerrilla en la vida civil iba a conservar la sigla con que se identificaron durante los años de lucha armada, aunque con una pequeña variación frente a la definitiva: Fuerza Alternativa Revolucionaria de Colombia. No obstante, en la víspera del congreso constitutivo de esta semana, ‘Timochenko’ reapareció públicamente desde sus redes sociales. Anunció su regreso a Colombia y dejó a consideración de los tuiteros las ideas que él tenía para bautizar la nueva colectividad: Nueva Colombia, Esperanza del Pueblo, FARC – EP y Nuevo Partido.

La propuesta ganadora fue Nueva Colombia, que obtuvo 36 por ciento de los votos en el sondeo informal en que participaron 10.387 tuiteros. El ejercicio sirvió para que Londoño llevara la propuesta como propia al congreso. Ahora que sabemos que la opción de Twitter fue derrotada, parecen confirmarse varias de las versiones que hemos recogido en ¡Pacifista! a lo largo de la cobertura del congreso y de sus días previos: dentro de las Farc hay un ala que permanece muy enclavada en la retórica de la guerra y que encabeza ‘Iván Márquez’, y otra menos ortodoxa que lidera ‘Timochenko’ y que busca una apertura a los nuevos tiempos y a la conciliación, sin renunciar a los principios revolucionarios que marcaron su historia subversiva.

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El ala militarista, si quisiéramos llamarla de alguna forma, está muy aferrada a las dinámicas regionales, sobre todo en los territorios donde las Farc hacían presencia, asumían un papel parecido al del Estado y gozaban de popularidad entre la gente. De hecho, según una fuente guerrillera a la que tuvimos acceso, uno de los principales temores que rondó el congreso era que al desligarse la de sigla tradicional, el electorado en esos territorios no pudiera identificarse con el grupo con que habían convivido durante los últimos años y en el que confiaban. Esta realidad demostraría claramente que la apuesta de la Farc (en singular) está claramente enfocada en las áreas rurales.

Para Libreros, que la propuesta de quien fuera el jefe máximo de la guerrilla saliera derrotada revela dos realidades. Una, que a pesar de tener una escala de rangos perfectamente clara la dirigencia deja entrever un espíritu democrático. Y la otra, “que el sector militar, al parecer, goza de un mayor poder –basta con ver la diferencia de votos– que el sector político que se hizo sentir a la hora de negociar la paz”.

La historia del partido apenas comienza.

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