Foto: Mateo Rueda | ¡PACIFISTA!

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Por Julio C. Londoño y Mateo Rueda, enviados especiales de ¡PACIFISTA!
Alto Mira, Nariño

Desde el pasado jueves 5 de octubre, cuando ocurrió la masacre de nueve campesinos en la vereda de Alto Mira, la zona rural de Tumaco ha estado lejos de la tranquilidad.

Líderes locales dicen que la Policía abrió fuego durante una protesta contra la erradicación de cultivos ilícitos. La Fuerza Pública, por su parte, responsabiliza a las disidencias de las Farc. A estas voces, el fin de semana se sumaron Medicina Legal y la Defensoría del Pueblo.

La entidad de investigación forense informó que al menos seis de los muertos fallecieron por impacto de proyectil de alta velocidad, disparado a larga distancia. La Defensoría sostuvo que, tras reunir testimonios de testigos, la responsabilidad de miembros de la Policía Antinarcóticos en las muertes es factible.

La tarde del domingo, nuevos hechos llenaron titulares: miembros de la Fuerza Pública usaron bombas aturdidoras y ráfagas de fusil contra una comitiva que se disponía a hacer una verificación de la zona en que tuvo lugar la masacre. La integraban miembros de Naciones Unidas y de la OEA y la acompañaban varios periodistas, entre ellos, el reportero Julio C. Londoño y el fotógrafo Mateo Rueda, de ¡Pacifista!.

Los hechos se dieron cuando algunos integrantes de la comisión se aproximaron a la base temporal de erradicación de cultivos ilícitos de la Policía y el Ejército, ubicada en El Tandil, Tumaco.

En un comunicado oficial, la Policía Nacional lamentó la situación, ofreció excusas públicas y sostuvo que el incidente ocurrió cuando un “un grupo indeterminado de personas intentó ingresar a la fuerza por la parte posterior de la base, circunstancia que conllevó a que los uniformados activaran dos granadas de aturdimiento, que no dejaron heridos”.

En contraste a esta reacción, el vicepresidente de la República y exdirector de la Policía Nacional, Óscar Naranjo, afirmó de manera categórica que los uniformados  “actuaron irregularmente en contra de esta misión humanitaria” y convocó a una rueda de prensa el lunes 9 de octubre en Tumaco para aclarar lo sucedido.

En medio de las hostilidades, las versiones, los señalamientos y la controversia, ¡Pacifista! publica los testimonios de sus dos reporteros en el terreno. Además de dar su versión de lo ocurrido el domingo con la comisión de verificación, comparten sus impresiones de lo que han encontrado en en las selvas de Nariño, golpeadas hoy por la tragedia y el conflicto.

Los indígenas denuncian que la Policía cortó los árboles donde, después de los hechos del pasado jueves, podía haber balas y esquirlas. Foto: Mateo Rueda | ¡PACIFISTA!

Julio C. Londoño: “Indígenas denunciaron que la Policía cortó árboles para eliminar evidencia”

Tumaco es un lugar supremamente extraño. En las zonas por las que uno se puede mover tranquilamente, como el centro, el aeropuerto y El Morro, parece como si nada anormal estuviera pasando en las veredas cercanas. Eso sí, hemos visto mucha Policía Antinarcóticos.

Hablamos con varias personas. Una de ellas fue un muchacho de unos dieciséis años, que nos dijo que en los barrios de las afueras escuchaban balaceras desde muy temprano. Decía que a estos lugares llegaban hombres armados en lanchas a rematar gente, mientras todos dormían.

El escenario cambia cuando uno sale de Tumaco.

A diez kilómetros del centro aparece la otra Colombia. Cerca de una hora de donde se coge una lancha que lleva hasta El Tandil, yendo hacia la playa, está una zona de agrupamiento de excombatientes de las Farc, con iluminación y casas de ladrillo. A medida que uno se acerca a la playa, hay carteles con la cara de Manuel Marulanda por todas partes.

En zonas rurales como Alto Mira, donde el pasado jueves ocurrió la masacre de los nueve campesinos, a las personas que vienen de otras partes les dicen los colonos. Y hay muchos líderes de acá que consideran que se trata de gente con mucho dinero, que básicamente llega para apropiarse de tierras de los consejos comunitarios afro. Sin embargo, al ver la realidad desde adentro, uno se da cuenta de que es gente igualmente pobre que llega simplemente buscando un negocio: la coca, una economía que funciona más mal que bien y de la que depende gran parte de esa zona del país.

Es gente pobre que llega buscando un negocio: la coca, una economía que funciona más mal que bien y de la que depende gran parte de esa zona del país

Nosotros estábamos en El Tandil cuando ocurrieron las explosiones cerca  a la base temporal de erradicación de cultivos ilícitos de la Policía y el Ejército. Junto a periodistas de medios como El Espectador, Semana, CityTv y Contagio Radio estábamos acompañando a la Comisión de Derechos Humanos de Naciones Unidas, que pretendía verificar la zona de la masacre. Estaban también un representante de la Gobernación de Nariño, miembros de la Guardia Indígena, el Comité Permanente para los Derechos Humanos, el Diálogo Intereclesial por la Paz, y la OEA.

En el trayecto, los indígenas habían denunciado que en el sector la Policía había cortado los árboles donde, después de los hechos del jueves, había balas, esquirlas y demás.

Estábamos reunidos entrevistando campesinos cerca de un claro, y un grupo de indígenas, junto a miembros de la ONU y la OEA, se adelantó y se metió en el monte porque buscaba el cuerpo de un miembro de su comunidad que, según ellos, habían visto la noche anterior. Cuando se acercaron al sector de los Policías, ellos empezaron a decirles que no podían pasar. Sentimos tres explosiones aturdidoras y nos tuvimos que mover del lugar.

Cuando los integrantes del grupo regresaron a donde estábamos, dijeron que les habían lanzado gases lacrimógenos e incluso ráfagas de disparos, mientras ellos les gritaban que eran civiles.

Cuando regresamos por la misma ruta por la que habíamos llegado, nos encontramos con el Ejército. Fue un encuentro cordial, pero varios de los que acompañaban a la comisión les reclamaron por no hacer nada para protegernos. No pudieron dar ninguna declaración. La Policía tampoco se pronunció sobre lo que acababa de pasar.

Foto: Mateo Rueda | ¡PACIFISTA!

Mateo Rueda: “No tuvimos garantías”

En Tumaco, el pueblo, la gente vive su día a día. Todo parece normal. A quienes les preguntamos por el corregimiento de Llorente, donde está la vereda Alto Mira, dicen casi siempre que “eso por allá está caliente”. Pero no dan muchos detalles más. Me dio la impresión de que están un poco desconectados de la realidad: saben que los rodea una zona roja, pero no conocen exactamente qué es lo que está pasando.

Parecen más enfocados en sus propios problemas, que dicen que no son pocos: pandillas, disputas de territorios, disidencias de la guerrilla, etcétera. Dicen que viven tiroteos casi que a diario y que siempre hay muertos.

Aseguran también que hay lugares donde no se puede entrar si uno es de acá o si no conoce a alguien. Según nos dijo un vendedor, “meten a la gente en un garaje, le preguntan cosas y si uno no responde lo que es, no vuelve a salir”.

Uno de los señores con los que hablamos nos dijo que, si no conocíamos a nadie en Llorente, era mejor que no nos apareciéramos por allá. Sin embargo, nos dimos cuenta de que eso no es así. Uno puede ir hasta allá, incluso puede ir hasta El Playón, donde se cogen las lancha rumbo a las veredas. Es un trayecto tranquilo. Justo ahí, cuando llegamos, vimos el funeral de algunas de las personas que fueron asesinadas el jueves. Vimos muchas lanchas con carteles de protesta, coronas de flores y música ranchera. Oímos sus gritos de dolor y los vimos tomando trago con lágrimas en los ojos.

Saben que los rodea una zona roja, pero no conocen exactamente qué es lo que está pasando. Dicen que viven tiroteos casi que a diario y que siempre hay muertos

Llegamos a Llorente y, ahí, ocurrió el episodio de la comisión.

Cuando oímos la primera explosión, los campesinos con que estábamos charlando no se sorprendieron. Aseguraron que ya estaban acostumbrados, pero cuando escuchamos dos explosiones más a los periodistas y a la comisión nos pidieron acercarnos para ver lo que pasaba. No lo hicimos: no teníamos garantías.

Esperamos un rato. Los indígenas que estaban con nosotros cerca del claro del río Mira se comunicaban por radio con los que se acercaron a la base temporal del Ejército y la Policía. Aseguraron que la Policía, vestida de antimotines, les había gritado que se fueran.

Cuando de regreso nos encontramos con el Ejército, los efectivos con que hablamos solo dijeron que no podían dar declaraciones. Uno de los campesinos resultó lastimado. Tenía el codo raspado y una herida en la parte de atrás de la pierna. Los soldados lo atendieron, y los representantes de la OEA nos pidieron retirarnos para hablar a solas con los militares.

Foto: Mateo Rueda | ¡PACIFISTA!

 

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Foto: Mateo Rueda | ¡PACIFISTA!

 

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