Disputa entre agentes del Esmad y comunidades indígenas en el Cauca. Foto: Cortesía CRIC

Como una extensión de la violencia que sacudió a las regiones más vulnerables del país a finales de 2017, el departamento del Cauca está viviendo las consecuencias de un conflicto armado que sigue latente.

La semana pasada los medios de comunicación registraron dos enfrentamientos: uno en el caserío Mazamorrero, al sur del departamento, donde murieron alias ‘Bin Laden’ y ‘Nené’, dos exintegrantes del ELN, y otro en Corinto, norte del Cauca, donde militares de la Tercera División del Ejército fueron agredidos, al parecer, por indígenas de la región.

Al final, la Gobernación del Cauca informó que al menos siete personas murieron en los enfrentamientos al sur del Cauca. Aunque en Corinto no hubo heridos, sí se generó una ola de indignación en redes sociales por un video en donde un indígena le pone un cuchillo en el cuello a un soldado, quien dispara al suelo para alejarlo y luego se retira.

Según el Ejército, el incidente se presentó cuando un grupo de 50 personas, integrado en su mayoría por indígenas y campesinos, invadieron unos predios “pertenecientes al Ingenio Azucarero del Cauca e intentaron incinerar la maquinaria que se encontraba en el lugar”.

A partir de estos episodios comenzaron a surgir unas hipótesis sobre lo que está afectando al Cauca. El primero en hablar fue el brigadier general William René Salamanca, comandante de la Regional Cuatro de la Policía Nacional. Según él, el Cartel de Sinaloa tendría a personas operando en el territorio. “La hipótesis que se maneja es que se trató de una disputa entre dos grupos delincuenciales para continuar con las extorsiones, la minería ilegal y el narcotráfico (…) Hay un trabajo para establecer si hay presencia de sujetos de carteles mexicanos en la zona”.

En caso de ser cierta la hipótesis, se estaría confirmando que en Cauca, durante el posconflicto, sigue la guerra por el narcotráfico. También confirma que, además del Ejército, en el departamento los otros actores del Estado siguen ausentes. De hecho, incidentes entre la Fuerza Pública y las comunidades indígenas en el norte del Cauca vienen de tiempo atrás y lo que demuestra el episodio de Corinto es que siguen sin resolverse.

En territorios como Corinto y Caloto se vienen presentando desde años atrás disputas por predios privados que las comunidades indígenas han reclamado. La iniciativa indígena llamada Liberación de la Tierra, por ejemplo, contempla la recuperación de 6 mil hectáreas para las comunidades indígenas. Los predios del Ingenio del Cauca han sido centro de múltiples disputas, pues la pelea por estos terrenos usualmente termina en confortaciones armadas.

Los problemas por la minería, por ejemplo, pueden perdurar en el tiempo. De acuerdo con la misma Agencia Nacional de Minería, de las 3 millones 89 mil hectáreas que tiene el departamento, en 350 mil hay nuevos proyectos ejecutándose.

Por todo esto, le pedimos a dos indígenas del Cauca y a un experto en el tema que  nos contaran sus opiniones sobre lo que está sucediendo.

Yordi Junda Pajoi, coordinador de Derechos Humanos del Consejo Regional Indígena del Cauca (CRIC):

“En el Cauca estamos pasando por un momento muy complejo. Hay mucha persecución a los líderes sociales, la mayoría de asesinatos a líderes ocurren en el departamento. En estas circunstancias, la población vive prevenida y preocupada. Tenemos que revisar los temas y articular un trabajo con el Gobierno para construir confianza.

Actualmente hay disidencias, ELN, grupos paramilitares. Todos grupos armados, finalmente. El Ejército no ha tenido mucha presencia en el territorio, y cuando llega la comunidad se confunde, uno no sabe qué grupo armado llega y con qué intereses. Como hay narcotráfico y minería ilegal todo se mezcla, a tal punto que no sabemos distinguir cuál actor armado es el que está operando”.

Eduardo Camayo, líder indígena, exconsejero mayor del CRIC:

“Aunque es prematuro hacer un balance de la implementación de los acuerdos de paz, podemos decir que en el Cauca los avances han sido mínimos. Los problemas de tierras, por ejemplo, son muy complejos y no se solucionan solamente con un banco de tierras. En el territorio habitamos indígenas, población campesina, afros, personas que han sido desplazadas de los cascos urbanos. Hay muchas familias hacinadas. Se requieren soluciones integrales.

Otro problema que sigue presente es el de la minería. Tanto la minería legal como la ilegal ha ido usurpando el territorio, dañando los ecosistemas. No hay una regulación frente al tema. Lo mismo sucede con el narcotráfico. Para dar un ejemplo: las autoridades de Jambaló propusieron un Plan Integral de Sustitución de Cultivos (PNIS) muy interesante, pero no se ha desarrollado, ni siquiera se ha concertado”.

Luis Trejos, profesor de la Universidad del Norte, experto en conflicto  

“Esta es una hipótesis explicativa de lo que sucede en el Cauca, entre comunidades indígenas y el Ejército: Estas zonas se terminan configurando como territorialidades armadas o ‘estados de guerra’, que son definidos como espacios del territorio en los que el poder institucional no es soberano y en los que amplios sectores sociales manifiestan la abierta voluntad de no someterse al orden estatal, resistiéndose a su control, dejando latente la posibilidad de confrontarlo con las armas. En los estados de guerra, la violencia se convierte en el medio utilizado para la resolución de tensiones y conflictos sociales, es decir, la violencia y quienes la administran o ejercen pasan a ser el elemento dinamizador del desarrollo de la vida en común”.

ARTÍCULOS RELACIONADOS