Una bandera con la imagen de ‘Alfonso Cano’, la vimos en el congresos de las Farc en el Tequendama. Foto: John H.

Desde el domingo, unos 1.200 delegados y excomandantes de la guerrilla más antigua del país están reunidos en el hotel de Tequendama de Bogotá, para definir en un congreso el nombre que ellos, las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, tendrán como organización política ahora que han firmado la paz con el gobierno.

La visita de esas 1.200 personas, que fueron escogidas por la propia organización en los 26 puntos en los que está agrupada la guerrilla, escondía varias primeras visitas a Bogotá. Así que el congreso está marcando un hito en la vida de varios de los asistentes y un pretexto para abrir canales entre sus zonas y el resto del mundo.

En medio de todo eso, conocí a ‘Pedro Gutiérrez’ y a ‘Jairo Hernández’, dos tipos que prefirieron seguir usando el nombre que usaron en las Farc y que accedieron a contestar 10 preguntas que siempre quise hacerle a un exguerrillero:

 

¿Cómo se sentía ver desde el monte el fin de otros proyectos revolucionarios?

Pedro Gutiérrez: Normal. Uno ha mirado muchos proyectos revolucionarios que han caído no porque se hayan traicionado sino porque han hecho unos acuerdos y los estados no han cumplido, como en Guatemala o incluso aquí en Colombia que nos exterminaron a la Unión Patriótica, como nosotros decimos, a pura Candela.

Pero eso no afecta la convicción. La lucha revolucionaria tiene un proyecto y ese proyecto lo lleva cada uno, y es el compromiso que uno tiene con la humanidad: cambiar el sistema capitalista que no está gobernando para que la gente tenga mejores oportunidades y se respeten sus derechos.

Jairo Hernández: Desde el momento en que se posiciona la izquierda, los imperios se lanzan sobre ella para aniquilarla. De todo han hecho para que la izquierda nunca logre dar su fruto. Las Farc han sido un ejemplo de unidad de mando. Contra nosotros se han desplegado las operaciones más grandes que se hayan hecho nunca contra una guerrilla y la prueba de eso está hoy y aquí: estamos en Bogotá.

 

 

¿Qué es lo que más van a extrañar de la vida en el monte?

Pedro Gutiérrez: La vida en el monte la he estado extrañando bastante. Uno como guerrillero en el monte vive muy sabroso. Se mira la solidaridad, vive uno en comunidad, muy sabroso. Todo el mundo se respeta y uno aprende valores que quizás muchos que están en la vida civil no los tienen.

Jairo Hernández: Se extraña todo. Pero las armas las dejamos porque ya cumplieron su ciclo. Ahora vienen las palabras

 

¿Usan redes sociales?

Pedro Gutiérrez: ¡Sí! Desde que se inició el proceso las estamos utilizando, antes no por medidas de seguridad.

Jairo Hernández: Sí, claro. Las uso desde hace un año cuando nos dijeron que se podía

 

¿Y cómo aprendieron a usarlas?

Pedro Gutiérrez: En el monte lo hemos aprendido. Es que en el monte nosotros no solo aprendimos a echar candela. En el monte nos culturizamos. Entonces nosotros tuvimos profesores que iban y nos enseñaban. Muchos están aquí también. Ellos estaban en Bogotá pero iban a visitarnos. Porque las guerrillas también estaban en Bogotá y las grandes capitales.

Jairo Hernández: Yo le pedí ayuda a unos universitarios que fueron a visitarnos. Ha sido difícil, se le olvidan a unos las claves. Pero uno se acostumbra: usted le da el Whatsapp a la gente y la gente comienza chatear. Incluso he encontrado a familiares en Facebook: un día me dijeron que escribiera el nombre de ella ahí y salieron muchos nombres. Hemos hablado por Facebook, pero da sentimientos encontrados porque ya uno se hacía a que ella no existía. Mis planes ahora son visitarla, para eso somos civiles. No vamos a recuperar el tiempo perdido, pero la idea es estar ahí como un apoyo para ella y aportándole al partido.

 

¿Esta es su primera vez en Bogotá?

Pedro Gutiérrez: Sí. ‘Jorge Briceño’ dijo: En Bogotá nos pillamos y hoy me estoy acodando de él porque aquí nos estamos encontrando guerrilleros de todos los tiempos.

Jairo Hernández: Esta es la segunda vez, ya había estado una vez desde que se inició el proceso, pero antes, nunca.

 

¿Cómo le ha parecido?

Pedro Gutiérrez: Yo soy del Caquetá y mi primera impresión es que se encuentra mucha indigencia, mucho abandono del estado en Bogotá. No pensé que fuera así: uno escuchaba, pero pensé que por ser la capital Bogotá tenía otra perspectiva de vida. Pero uno en Bogotá no puede confiar de nadie.

Jairo Hernández: Digamos que uno se adapta a una vida del campo, entonces es un poco difícil. Hay que aprender de los demás, de los que se saben mover, para uno no tener problemas. Cuando uno sale acá a veces tiene un esquema, sino buscamos a la policía y la consultamos.

 

¿Le gustaría vivir en esta ciudad o en alguna otra ciudad ahora que está a punto de pasar la vida civil?    

Pedro Gutiérrez: No, ahora que estamos haciendo el transito a la vida civil la idea es… No, pero en una ciudad no. Yo sigo con mi parte rural, soy feliz en el campo.

Jairo Hernández: Si en los planes que tiene el partido está que yo me venga acá, lo hago por aportarle a la causa. Si no, me gustaría el campo, soy admirador del campo.

 

¿En qué les gustaría trabajar?

Pedro Gutiérrez: Agricultura, claro. Eso me enseñó mi padre y voy a seguir con ese proyecto, pero seguramente con más perspectiva.

Jairo Hernandez: En el deporte. Mi aspiración algún día fue ser futbolista, y ya que no puedo pues aspiro a tener una influencia en algo que tenga que ver con el deporte. Y más me animo con todo lo que estamos programando desde las Farc, precisamente jugamos que día en el Campincito e hicimos un picadito por la paz en varios barrios de Bogotá.

 

¿Ustedes tienen pareja?

Pedro Gutiérrez: Sí.

Jairo Hernández: Sí, yo tengo una pareja allá.

 

En una vida tan estricta y grupal como la de ustedes ¿Cómo consigue uno un rato de intimidad con la pareja?

Jairo Hernández: Pues, cada uno tiene su espacio, su privacidad. Nosotros le llamamos caleta: es pequeña, 2 por 2 o 2 por 3 (metros), dependiendo del terreno. Y cada uno hace su caleta y comparte ahí con su pareja.

Pedro Gutiérrez: Normal. Sí vamos a hablar de pareja, cada uno consigue su pareja, tiene su cambuche y ahí es respetable. O sea cuando uno está en el monte, tiene su camita, su pedacito, eso es suyo. Mientras yo esté ahí ese pedacito se respeta y uno respeta el del camarada. Hay unas normas que son las que nos garantizaron sobrevivir durante tanto tiempo y gracias a ellas muchos estamos vivos. Otros camaradas murieron porque violaron ciertas normas de seguridad y el enemigo los pudo cazar.

 

¿Había tiempo para relajarse en el monte? ¿Cada cuánto podían tomarse un traguito?

Pedro Gutiérrez: Por cuestiones de trabajo y por cuestiones de seguridad nosotros buscamos unos sitios muy seguros para hacer las fiestas, pero sí fiestas de 3, 4, 5 días. Con trago, orquestas, normal. Nosotros somos seres humanos, nos gusta la diversión y seguimos divirtiéndonos ahora en la vida civil.

Jairo Hernández: Nosotros el asunto del trago y eso se hace en fiestas, en fiestas especiales. El 24, el 31, el día de internacional de la mujer, ese día se les hace un brindis a ellas también. Pero la fiesta y el trago no eran algo cotidiano.

 

¿ Y marihuana?

Jairo Hernandez: No, no, no. En los principios nuestros está que lo que tiene que ver con productos psicoactivos, no está permitido.

 

¿Qué es lo mejor de la vida civil?

Pedro Gutiérrez: De pronto, la cuestión de seguridad.  De pronto en estos días de proceso ya la cosa ha estado un poco tranquila.

Jairo Hernández: Hasta este momento lo mejor es que se han cumplido los objetivos de todos los camaradas que hoy no nos acompañan: llegar hasta este punto para empezar el proyecto político.

 

¿Y lo peor?

Pedro Gutiérrez:  Tanto impuesto, la salud tan vuelta nada. Uno no tiene derecho a la salud. Entonces nos están diciendo bienvenidos a los impuestos. Por todo hay que pagar, hasta por reírse.

Jairo Hernández: Lo peor de la vida civil es que a uno lo pueden matar.

 

¿Sienten que su vida corre peligro?

Pedro Gutiérrez: Hay mucha inseguridad, uno de los compromisos que tiene el Estado es combatir a los paramilitares y no lo ha hecho, no ha mostrado la voluntad de hacerlo. Eso nos pone en peligro a nosotros y a nuestras familias.

Jairo Hernández: No se siente uno seguro, porque el paramilitarismo está vigente y esas situaciones no las puede uno predecir. Que las cabezas visibles sean objeto de atentados, todo eso se puede dar.

 

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