Foto: Cortesía Alexis Aubin / Hans Lucas

Los efectos de las minas antipersonal en el conflicto armado colombiano han sido devastadores y, sobretodo, invisibles. Cuando el país habla de la guerra, menciona los desplazados, los hombres y mujeres que se quedaron sin tierra, los secuestrados, las viudas, los huérfanos y los muertos. A pesar de eso, Colombia ocupa el segundo lugar en el mundo, después de Afganistán, en número de víctimas de minas antipersonal y remanentes explosivos de guerra.

Por eso, el Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH) tituló su informe sobre este crimen atroz La guerra escondida,  que se presentará mañana en la Feria del Libro de Bogotá. Según la introducción del documento, a pesar de que “la afectación por minas antipersonal no tiene el mismo impacto social y mediático que los hechos asociados al conflicto armado (…), la presencia en los territorios de estos artefactos ha desencadenado procesos de confinamiento, deserción escolar, desplazamiento forzado y cambios en las actividades rurales”.

El informe concluye que “las minas antipersonal han cambiado los usos y las formas de apropiación del territorio propias de la vida campesina”.

La tarea de desminar el país es titánica. Hoy, según el ministerio para el Posconflicto y la Dirección de Acción Integral Contra Minas (Daicma), hay “más de 52 millones de metros cuadrados contaminados de minas antipersonal. En la actualidad el gobierno adelanta trabajos en 14 departamentos, que representan el 40 por ciento”.

Uno de los principales desafíos de la negociación entre el gobierno y el ELN será echar a andar un plan piloto de desminado humanitario, que permita concretar acciones que desescalen el conflicto y brinden confianza. Retos como ese demuestran que el informe “La guerra escondida”, del Cnmh,, es una alerta de un flagelo que está lejos de acabar.

Vea también: ‘¿Por qué nadie está hablando de las minas antipersonal del ELN?’

¡Pacifista! revisó el informe y presenta los diez datos más impactantes de la investigación:

1.

Colombia ocupa el segundo lugar en el mundo, después de Afganistán, en número de víctimas de minas antipersonal y remanentes explosivos de guerra.

Según el informe, desde 1990 hasta 2016 la Daicma registró más de 11.000 víctimas de minas y remanentes. Se estima que 40 por ciento de los afectados son civiles.

2.

Hay minas en casi todos los departamentos del país.

“Según la Daicma existe sospecha de la presencia de estos artefactos explosivos en 31 de los 32 departamentos de Colombia. Sin embargo, esto no significa que la mayoría del territorio colombiano esté minado”, asegura el CNMH.

María Elisa Pinto, encargada de dirigir la investigación, afirma que los únicos territorios libres de minas son San Andrés, Providencia y Santa Catalina.

3.

Las minas en Colombia son fabricadas de forma improvisada.

Las minas que se utilizan en el país se fabrican con elementos como tarros, latas, envases y jeringas, entre otros. El informe, además, señala que tienen diferentes métodos de activación, como liberación de presión y tensión.

4.

Víctimas de remanentes explosivos de guerra: las más olvidadas.

El CNMH señala que las personas afectadas por los explosivos que quedaron en los territorios después de enfrentamientos armados no han recibido la suficiente atención en comparación con otras víctimas. Según el informe, ese fenómeno se debe a que este flagelo sólo representa 4,1 por ciento de los 8 millones de víctimas de la guerra.

Foto: Mario Zamudio.

Foto: Mario Zamudio | ¡Pacifista!

5.

Más de 100 indígenas han muerto por minas.

De acuerdo con cifras de la Daicma, más de 300 indígenas han sido víctimas de minas durante el conflicto. El grupo representa 9 por ciento de los afectados por esos explosivos en Colombia.

6.

El número de víctimas de minas disminuyó desde el inicio de los diálogos de paz.

Tras el anuncio de las conversaciones entre el gobierno y las Farc, Colombia pasó de una víctima de minas cada 2,7 días en 2012 a reportar una cada 30 días en 2015.

7.

Las bacrim también están sembrando minas.

Aunque el uso de minas se ha asociado comúnmente a los grupos guerrilleros, el informe revela que algunas bandas criminales están haciendo uso de ellas. “Las bandas criminales de Antioquia y Córdoba han estado plantando minas para proteger los cultivos de coca, corredores del narcotráfico e intereses mineros ilegales”, dice el documento.

8.

Antioquia, Meta, Caquetá, Nariño y Norte de Santander: los departamentos con más víctimas.

Los municipios con mayor afectación son Vista Hermosa (Meta), Tame (Arauca), San Vicente del Caguán y Montañita (Caquetá), Ituango y Tarazá (Antioquia).

Distribución de víctimas de minas antipersonal, 2006-2016. Imagen: CNMH

9.

Cultivos de coca y minas: una relación directa.

El documento revela que en 2008, 2010 y 2012 hubo un número importante de erradicadores de cultivos ilícitos que se convirtieron en víctimas de minas.

Según el informe, los departamentos más afectados por la relación entre cultivos de coca y minas son: Norte de Santander (El Tarra, Tibú), Antioquia (Anorí, Tarazá, Cáceres, Valdivia y Briceño), Córdoba (Puerto Libertador y Tierralta), Meta (Vista Hermosa), Putumayo (San Miguel, Puerto Leguízamo, Puerto Asís, Valle del Guamez) y Nariño (Tumaco).

10.

14 por ciento de los municipios afectados por minas concentraron la mitad de las víctimas durante 19 años.

El documento cita el caso de La Vega (Cauca), donde 80 por ciento de los incidentes por minas ocurrieron entre 1990 y 2001. Salvo dos casos, todas las víctimas en ese municipio son civiles y 0,8 por ciento de ellas son niños y niñas.

 

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