Wálter Artízala, alias Guacho. Foto: Archivo particular

Antes, cuando las Farc controlaban el tráfico de coca en la zona, la presencia de carteles se mantenía en un bajo perfil. Con las nuevas disputas territoriales, Tumaco queda de nuevo al descubierto.

Tumaco está demostrando, como en 1994, cuando el Cartel de Cali consolidó su expansión en el sur del país, que el narcotráfico le sigue ganando la batalla al gobierno colombiano. Esta vez se trata de un cartel internacional, el de Sinaloa, presente en 54 países del mundo y el cual tuvo a uno de los narcotraficantes más conocidos al mando: Joaquín ‘El Chapo’ Guzmán, encarcelado en Estados Unidos. Aunque este cartel se sumió en una crisis tras la captura de Guzmán, la Fiscalía tiene evidencias de que, por lo menos desde 2013, este cartel tiene influencia en Colombia.  Hoy, sus principales aliados son las disidencias de las Farc en Tumaco, responsables del asesinato de tres periodistas ecuatorianos.

El 7 de abril de 2014, cuando la DEA y la Dijín capturaron en Cali al mexicano Héctor Coronel, alias Rincón, enlace entre el cartel de Sinaloa y bandas criminales como Los Urabeños, Los Rastrojos y facciones de las Farc y el ELN, aparecieron nuevas explicaciones: el cartel de Sinaloa comenzó a comprar “franquicias”, tratando de controlar todo el proceso de tráfico de cocaína, desde el cultivo de coca en Colombia  hasta la producción y exportación a Estados Unidos, todo esto de acuerdo con información recopilada por la Fiscalía. Este resultaba ser un buen negocio para las bandas criminales: no arriesgaban traficando en Centroamérica y tampoco tenían que hacer grandes inversiones, lo que les permitió fortalecer las redes de microtráfico en Colombia.

Después de la desmovilización de la columna móvil Daniel Aldana de las Farc, un guerrillero que por ese entonces resultaba desconocido pasó a ser el criminal más buscado en el país: Wálter Artízala, alias Guacho, responsable de los asesinatos de periodistas y del secuestro de dos civiles. De él comenzó a depender la relación con los mexicanos en torno al narcotráfico. El Cartel de Sinaloa, según información de la Fundación Paz y Reconciliación, estableció canales de comunicación con Guacho, mientras que el cartel de Jalisco Nueva Generación empezó a trabajar con las Guerrillas Unidas del Pacífico (GUP), otra disidencia de las Farc.


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En contraste con lo que pasaba en la época del Cartel de Cali, cuando se controlaban todas las fases de producción, esta vez se han visto mexicanos en Tumaco, controlando el proceso de cultivo de coca en los 125 kilómetros de frontera del área Pacífico. La relación entre Guacho y el Cartel de Sinaloa también fue confirmada por el fiscal general, Néstor Humberto Martínez, quien señaló que Guacho “sería el brazo armado de ese cartel en Colombia”. Según Ariel Ávila, subdirector de la Fundación Paz y Reconciliación, el Cartel de Sinaloa le puso un precio a la cabeza de Guacho por llamar la atención de las autoridades y de los medios de comunicación tras ordenar el asesinato de tres periodistas ecuatorianos. A esta presión se suman las recompensas ofrecidas por Colombia y Ecuador para capturarlo, las cuales alcanzan los 1.000 millones de pesos.

La disputa de las disidencias en Tumaco

Nariño ha sido uno de los departamentos en donde la reincorporación de excombatienes ha sido poco exitosa. Uno de los dos Espacios Territoriales de Capacitación y Reincorporación  (ETCR), el de Policarpa, tuvo que ser reubicado, y el segundo, en Tumaco, donde está al mando de Henry Castellanos, alias Romaña, permanece la mayoría del tiempo vacío por la desconfianza que han generado las operaciones de las Fuerzas Militares en la zona.

Las disidencias se formaron alrededor de un eje: las actividades criminales y la renta del narcotráfico. Según información de inteligencia de la Policía, la disidencia ‘La Gente del Orden’ hace presencia en el casco urbano de Tumaco. Actualmente, por diferentes capturas, en esa disidencia existe una división entre alias ‘Hugo’ y ‘Cardona’. Otra disidencia, la que opera en la costa Pacífica, es conocida como las Guerrillas Unidas del Pacífico (GUP), liderada por Vïctor David Segura, alias David, también exintegrante de las Farc. Por otro lado está el Frente Oliver Sinisterra (FOS), comandado por Guacho y ubicado en la frontera con Ecuador, en la región de Alto Mira y Frontera.

“La facción de Hugo de la Gente del Orden ha hecho alianzas criminales con la GUP para copar nuevos espacios. Por otro lado, la de Cardona tiene alianzas con Guacho, quien mantiene confrontaciones armadas con Hugo  para quedarse con el control de la coca. Cuando lo atacan las facciones de Hugo, Guacho se apoya en Cardona”, nos contó una alta fuente de inteligencia de la Policía. Estas divisiones son importantes para comprender la conflictividad en Tumaco. Antes, cuando el territorio era dominado por la columna móvil Daniel Aldana de las Farc, no existían disputas por la comercialización de narcotráfico y el trabajo con los carteles mexicanos permanecía en un bajo perfil.  De ahí a que el Cartel de Sinaloa quiera silenciar a Guacho y retomar las operaciones en la frontera.

Un investigador en Tumaco nos contó que “sí hay presencia del Cartel de Sinaloa en Tumaco, principalmente garantizando y verificando la calidad del producto. No estoy seguro del Cartel Jalisco Nueva Generación, por lo menos no los vimos, pero sí sabemos que después de la desmovilización las disidencias han mantenido contacto con ambos carteles. De hecho, el comandante Oliver Sinisterra –el cual Guacho elige para nombrar a su frente– era uno de los que más coca traficaba en alianza con los de Sinaloa”.

De acuerdo con el investigador Luis Fernando Quijano, director de la Corporación para la Paz y el Desarrollo Social (Corpades), los carteles mexicanos han tenido presencia en “Buenaventura, Tuluá, Córdoba, Urabá, Bajo Cauca y Tumaco. Se habla incluso de que en Bogotá hay delegados del Cartel de Sinaloa, aunque por la división con los Zetas no está tan claro quiénes son los que están al frente de los negocios en Colombia.  No solo las disidencias tienen relación con ellos, también las Autodefensas Gaitanistas. Cualquier grupo criminal que quiera traficar droga necesita comunicarse con los carteles mexicanos. No es gratuito que ‘El Chapo’ Guzmán haya estado por lo menos 10 veces en la ciudad de Medellín”.

Desde una orilla distinta, Max Yuri Gil, sociólogo e investigador del conflicto, nos dijo que existe un efecto mediático, quizás exagerado, con la participación de los carteles mexicanos en Colombia. “No se puede caer en la explicación de que los carteles mexicanos son los responsables de toda la criminalidad en Colombia. Los carteles mexicanos son un eslabón en la ruta del narcotráfico hacia Estados Unidos, eso es. No se puede olvidar que los carteles colombianos tienen mucha experiencia también y han sabido aliarse con políticos, militares y jueces”.

En lugar de culpar a los carteles mexicanos, Gil señala que el gobierno tiene una gran responsabilidad sobre lo que está sucediendo en la frontera con Ecuador: “Es increíble que en 15 municipios de Nariño se produzca el 49 por ciento de la coca y que el Estado, con más de 500.000 efectivos y más de 30 años de experiencia sea incapaz de detener el narcotráfico en esta zona. Es increíble que en el Acuerdo de Paz pactaran una erradicación voluntaria de la coca en la que 100.000 familias aceptaron participar. De estas familias, solamente el 10 por ciento han recibido recursos para comenzar la sustitución”.

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