Juramento de Iván Duque ante Ernesto Macías, presidente del Senado | Foto: Twitter Iván Duque

El Centro Democrático ya ha dado muestras de que el tono amigable y conciliador de Iván Duque puede verse enfrentado con las posturas arraigadas en el partido. 

 

Suficiente se ha hablado sobre la posesión del nuevo presidente y las profundas diferencias de tono que marcaron los discursos de Iván Duque y del presidente del Senado, Ernesto Macías. Que el primero fue conciliador y el segundo altanero y divisor son versiones que el común de los medios han sacado a relucir para hablar sobre la ceremonia del 7 de agosto. Sin embargo: ¿no vale preguntarse cuál de los enfoques regirá la institucionalidad del Estado en los próximos cuatro años? ¿No resulta al menos extraño que haya tan profundas diferencias de tono entre dos políticos que se rigen por los principios del mismo partido, el Centro Democrático, y que ocupan cargos trascendentales?

Ya lo dijo la vicepresidenta Marta Lucía Ramírez: “una cosa es el gobierno y otra el Centro Democrático”. Sin embargo, eso no pareció reflejar la reunión privada que tuvieron el expresidente Uribe y sus colegas de partido después de la ceremonia, que se hizo pública por un video revelado por Noticias Uno. En esa reunión, por ejemplo, la senadora Paloma Valencia se muestra muy a favor del discurso de Macías –generoso en críticas al saliente gobierno– porque “si no todo lo que está pasando nos lo van a achacar a nosotros”. Si no ha visto el video, acá se lo dejamos:

Hoy vimos varias voces del Centro Democrático defender la posición del presidente del Senado, entre ellas figuras como las de María Fernanda Cabal y Paola Holguín. No obstante, ¿por qué, si aparentemente hay una linea moderada en la colectividad –como la de Duque– nadie del partido se pronunció críticamente sobre si era o no el momento para sacar a relucir todo lo que dijo Macías?

Fernando Giraldo, politólogo y profesor de la Universidad del Norte, opina que estas jugadas pudieron llegar “con la venia o autorización de Álvaro Uribe, y se trata de un mensaje para todo el país, pero para amarrar y condicionar a Duque también”.

Entonces no hay que ser un genio para sospechar que a Duque como presidente se le avecina una labor que puede ser complicada: conciliar las posturas más extremistas y radicales de su partido con sus intenciones de integración y de unidad nacional. Ya desde el inicio de su campaña, mucho antes de que fuera el favorito para ser presidente, se definió como un “extremista de centro”, e incluso más atrás, en su participación como defensor del ‘No’ para el plebiscito del 2 de octubre de 2016, fue de los pocos del Centro Democrático que demostraba serenidad y sensatez a la hora de argumentar.

Será un reto, pues de acuerdo con analistas, y con fuentes al interior del Centro Democrático, Duque era considerado como el contendor más blando y moderado de su partido para la carrera presidencial, cosa a los ojos de los sectores más radicales de la derecha no lo pintaba como el candidato apropiado.

Fernando Giraldo opina que “la tendencia menos extremista de Duque se va a ver confrontada con el sector mayoritario del partido que es radical, y eso lo va a comprometer y a condicionar porque le va a poner presión. Ellos pueden no simpatizar con Iván Duque al sentirlo blando en ciertos temas, pero están poniendo las condiciones para que él gobierne como lo quieren sus mayorías”.

Otro tema al que se va a ver enfrentado el nuevo presidente va a ser su gobernabilidad y capacidad de maniobra. Pedro Piedrahíta, politólogo y doctor en Derecho Internacional, piensa que “lo que se lee del discurso es que la posición de Iván Duque es más liberal y conciliadora que la de otros uribistas. Sin embargo, la duda que se abre es que gran parte del gabinete de Duque está compuesto de lo que se pueden denominar ‘uribistas purasangre’. Su campo de acción podría ser muy estrecho”. A esto hay que sumarle que el Centro Democrático cuenta con una participación importante en el Congreso, con 19 escaños en el Senado y 32 en la Cámara, cuyos apoderados serán los primeros aliados del presidente en tramitar proyectos de ley que el gobierno considere convenientes. Sin embargo, es presumible que eso ocurrirá siempre y cuando consideren que el presidente es aliado de ellos también. 

Quienes pueden acompañar a Duque con sus posiciones conciliadoras dentro del partido, según analistas consultados por ¡Pacifista!, son Carlos Holmes Trujillo (canciller),  Federico Hoyos (excongesista), Susana Correa (excongresista), Ciro Alejandro Ramírez  (senador) y, fuera del partido, su vicepresidenta Marta Lucía Ramírez. De otro lado estarían  los sectores más radicales encarnados por José Obdulio Gaviria (congresista), Fernando Londoño Hoyos (directivo del partido), Paloma Valencia (senadora), María Fernanda Cabal (senadora) y Álvaro Uribe (senador, expresidente y jefe del Centro Democrático).

Julio César Botero, coordinador de negocios internacionales en la Universidad de la Salle, piensa que en la “contradicción” de los discursos de Macías y Duque también hay una intención clara de diferenciar dos tipos de políticas que se van a ver: “hay un policía bueno y policía malo, un garrote y una zanahoria. Se le mostró al país y a la comunidad internacional la postura dura del partido frente a una postura conciliadora de Duque. El policía bueno se verá ante el ciudadano, con las reformas tributaria y pensional que se vienen. El policía malo, o el garrote, se verá frente a los Acuerdos de paz, con lo que se va a revisar hasta el más mínimo detalle”.

Fernando Giraldo dice que una parte del Centro Democrático quiere poner los puntos sobre las íes en lugares que incomodan a la gobernabilidad de Iván Duque, y que este tendrá que “someterse a esas mayorías del Centro Democrático en aras de no traicionar, no ser desleal y cumplirle al partido, o va a tener que romper de alguna manera, con un carácter que todavía no le conocemos, para actuar con autonomía e independencia como presidente y cumplir con su promesa de reconstruir el país con unidad”.

Esto último, de acuerdo con Pedro Piedrahíta, va a ser complicado porque “hay una diferencia radical respecto a que Iván Duque puede ser un ‘Juan Manuel Santos 2’, porque ambos llegaron con el aval de Uribe, pero Santos tenía una carrera política anterior, una trayectoria y un respaldo importante. En cambio, Iván Duque es un político ‘nuevo’, que ha logrado lo que ha logrado exclusivamente por el peso de Álvaro Uribe”.

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