Encuentre aquí todos los contenidos del especial ‘UN AÑO EN PAZ’ de ¡PACIFISTA!.

El primer año de la implementación del acuerdo de paz con las Farc, que busca acabar con nuestra guerra de dos o tres generaciones, nos llegó hace exactamente un año como una cascada furiosa de noticias.

Y también de hechos: las Farc salieron del monte, entregaron sus armas y lanzaron una fórmula presidencial. Además han visto salir de sus filas a las primeras disidencias y, en días recientes, le han dado incluso un ultimátum al acuerdo como lo aprobó el Senado en relación con la JEP.

Y esto es solo lo que ha sucedido, digamos, a esa orilla del acuerdo.

Incluso los investigadores que han dedicado más tiempo a pararle bolas a la implementación, así como los colegas periodistas más juiciosos que han llenado sus libretas de apuntes han vivido un año intentando navegar en un mar de sucesos, anuncios y siglas que no han sido fáciles de entender, mucho menos de interiorizar.

¿O alguien sabe hoy qué significan estos trabalenguas: ZVTN, ETCR, SIVJRNR o CI-MM&V? No vayamos tan lejos: ¿Entiende todo el mundo qué significa JEP? ¿Y no solo en el sentido de saber qué es la Jurisdicción Especial para la Paz, sino en su significado para el futuro del país?

Mi respuesta es que no. Que no estamos preparados, y que todavía nos da muy duro y nos parece muy jodido mantenernos al tanto de lo que pasa con el acuerdo y, por ende, con la paz.

Acercarse a un parroquiano cualquiera en una universidad, como lo hicimos hace unos días en ¡PACIFISTA! para un video que saldrá próximamente en nuestro portal, y confrontarlo con un puñado de preguntas de trivia sobre la paz parecería malintencionado.

Pero no lo es.

Saber sobre la paz no es lo mismo que estar enterado de cómo va la Liga Postobón o qué pasó en el último capítulo de Game of Thrones. La paz es crítica, y eso todavía muchos ciudadanos no lo hemos podido entender.

No es trivial saber que un exguerrillero que se acoja a la JEP no pagará penas privativas de la libertad en el sistema ordinario de justicia. No es irrelevante tener claro que un exguerrillero recibirá plata del Estado (nuestra, podríamos decir) a cambio de no retomar la armas y reintegrarse a la sociedad. Es importante saber que estas cosas, y decenas más, serán los ladrillos con que se va a construir este país en adelante. Quiéralo o no el presidente que venga: no olvidemos que la Corte Constitucional blindó el acuerdo por los dos siguientes periodos presidenciales.

Conocer el verdadero contenido de los acuerdos y sus implicaciones en la práctica son el primer paso para tomar una posición frente a ese pedazo de papel que marcará la próxima década de nuestra historia. Y es un paso que aún está pendiente.

Dar el paso será también un desafío interesante, sobre todo si consideramos que el acuerdo tiene 310 páginas, que además siguen siendo modificadas en tiempo real. Piensen en un GoogleDoc editado a dos manos por el Congreso y por la Corte Constitucional.

¡Paren bolas!

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