Después del asesinato del líder social número 40, ¡PACIFISTA! cambió la imagen de su perfil en Facebook y dedicará un espacio diario a un contenido sobre líderes sociales asesinados, que llevará el hashtag: #LaIndiferenciaMata

 

El asesinato del líder afro Héctor William Mina, el pasado viernes en Guachené, Cauca, vuelve a recordarnos la tragedia que hoy viven las personas en diversas regiones de Colombia, que ven cómo sus liderazgos locales (emergentes o ya consolidados) van extinguiéndose por culpa de una violencia que hasta ahora no parece tener cara ni nombre. Mina caminaba por su barrio a media mañana, cuando hombres encapuchados lo abordaron y le dispararon sin más. Su muerte nos llevó, entonces, a sumar otro caso a nuestro contador de asesinatos de líderes sociales. Por eso hoy tenemos que recordarles a ustedes, lectores, que ya van 40 desde que el 1 de diciembre del 2016 comenzó la implementación de los acuerdos de paz entre las Farc y el gobierno.

Sí, son 40. Un número sonoro que indica que la violencia política aún no se detiene y está matando cada seis días a un líder. Los entes oficiales, incluida la Fiscalía, hasta ahora no han dado un parte definitivo sobre dónde podría estar el origen de esta oleada de muerte que ataca, por lo general, a líderes que velan por la restitución de tierras, a defensores de derechos humanos y de los pueblos indígenas y a representantes de juntas de acción comunal. El gobierno, a través de la Comisión Nacional de Garantías de Seguridad (que integran el Presidente, el Procurador, el Fiscal, entre otros) ha intentado ponerle freno a esta realidad, pero los resultados no se ven. De hecho, en un buen número de los casos contabilizados, ¡PACIFISTA! ha podido establecer que el asesinato de líderes ha sido antecedido por amenazas desatendidas por parte de las autoridades.

Estos hechos son alarmantes. Que el Estado no esté en capacidad de proteger a los líderes sociales es grave, pero quizá es más grave aún que el tema hasta ahora no haya llegado a lo más alto del debate nacional. Por el contrario, por ahora permanece una suerte de realidad menor dentro de nuestras prioridades políticas. El gobierno ha dejado claro que le apostará a reincorporar a las Farc a la sociedad civil y al posconflicto, pero al no incluir el problema del asesinato de líderes sociales dentro de la primera línea de sus preocupaciones está potenciando, sin quererlo, una amenaza directa contra la paz. En el pasado, Colombia ya ha vivido realidades similares que han desencadenado en más violencia. Así que, por favor: evitemos que las historias de sangre vuelvan a ser escritas.

Desde ¡PACIFISTA! sentimos aquí una dosis de indiferencia. Sentimos que el Estado no está dispuesto a sacrificarse ante esta nueva ola de violencia, en parte porque este es un asunto político, pero en parte también porque la violencia en un posconflicto tan frágil como el nuestro no es algo que el gobierno necesite mostrar en este momento. No nos digamos mentiras, los políticos siempre intentan ocultar sus fallas para exhibir los éxitos de sus gestiones.

Pero esto va más allá de la política. Durante nuestro esfuerzo por visibilizar a los líderes asesinados hemos percibido una indiferencia que es mayor y preocupa más: la de la gente.

A lo largo de los últimos siete meses y medio, hemos notado que el homicidio de un líder político, social o de derechos humanos genera un impacto muy reducido en la sociedad colombiana. Cada vez que uno de ellos muere de forma violenta, el tema no llega a los trending topics de las redes sociales y rara vez es reportado por los grandes medios de comunicación.

Ya van 40, pero el país todavía no ha cerrado investigaciones, ni condenado a los responsables. Y difícilmente lo hará sin una oleada de indignación ciudadana, una vía que en un país como Colombia se ha convertido en una efectiva presión a la justicia.

No queremos decir que la muerte de un líder social sea más importante que la de un ciudadano común. Ni que este crimen sea peor que muchas otras atrocidades que se cometen en nuestro territorio. Pero ojalá que la gente de las ciudades, la que suele dar los debates públicos a través de las redes y otros espacios de opinión, ponga los ojos en las regiones, que son las que más padecen la tragedia de perder con violencia a quienes defienden sus intereses.

Desde ¡PACIFISTA! lo hemos intentado y lo seguiremos haciendo a través del periodismo y de acciones como la de nuestro mural en la carrera 7 con calle 67, pintado por el artista urbano Toxicómano Callejero para visibilizar, durante casi tres meses, el aumento de los líderes asesinados. Somos conscientes de que en un país como Colombia la indiferencia y el silencio matan, así que los invitamos a que nos sigan en este propósito, y los invitamos también a indignarse, si lo tienen a bien, contra toda manifestación de violencia.

Una vez más decimos: #NiUnMuertoMás.

 

ARTÍCULOS RELACIONADOS