* El mural se encuentra en la esquina suroriental del cruce entre la carrera 7 y la calle 67 en Bogotá. 

 

En los 138 días que han pasado desde que arrancó la implementación del acuerdo de paz, en la redacción de ¡Pacifista! hemos tenido que escribir una y otra vez la siguiente noticia: “Asesinan a un nuevo líder social en Colombia”.

Una y otra vez hemos debido explicar que los matan “a disparos unos desconocidos” y que las víctimas han sido: un indígena en Cauca, un sindicalista en Putumayo, un defensor de derechos humanos en Antioquia, un dirigente comunal en Bogotá… La lista, tristemente, se ha vuelto demasiado larga como para poder enumerarlos a todos acá.

Veintinueve veces hemos tenido que escribir esa noticia. Y esto significa que en el transcurso de apenas cuatro meses y 17 días hemos tenido que contarles a nuestros lectores que, en la Colombia de la paz, 29 personas han sido asesinadas en el contexto o en razón de sus labores como miembros de movimientos políticos o sociales.

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Cada asesinato parece una copia del anterior: los encapuchados se acercan, preguntan por un nombre, disparan contra una persona y luego desaparecen. Después, el asunto se convierte en “materia de investigación”. La policía sostiene que los móviles del homicidio son “diversos”; la Fiscalía habla de “sospechosos” y de “avances”; el ministerio de Defensa recalca que los crímenes “no son sistemáticos”, y los medios tocan el tema, si acaso, de pasada.

Mientras tanto las comunidades afectadas, las cuales se mantienen en contacto con la redacción de ¡Pacifista!, quedan a la espera: a la espera de que les maten a un nuevo líder.

Colombia es un país que todos los días nos sorprende. Nos sorprende por raro, contradictorio e impredecible. Una sociedad que se dice lista a cambiar las balas por los votos ha visto caer muerto a un líder social cada cuatro días, y no ha hecho nada para cambiar la situación. Hemos leído o hemos escuchado que los asesinan por su trabajo político, por ejercer su derecho a defender la tierra, por participar en asambleas comunitarias, por hacer oposición de manera legal: en últimas, por su derecho a ser ciudadanos.

Y no hemos hecho nada. O, al menos, no lo suficiente.

Durante los últimos meses, en ¡Pacifista! hemos decidido contar los muertos y dedicarles un espacio en nuestra página de Facebook y en nuestro portal. Una o dos veces por semana debemos reunimos con nuestros diseñadores, reemplazar el rostro de la víctima, cambiar el número de nuestro contador y publicar.

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Esta semana, sin embargo, queremos romper con esta mecánica. Como medio digital, sabemos que tenemos tantas posibilidades como limitaciones. La red nos permite llegar a todas partes del país, reaccionar de inmediato, despertar controversias y plantear debates que el periodismo escrito antes no siempre tenía a su alcance. Sin embargo, también sabemos que, justamente por estar en internet, por estar sometidos a las dinámicas propias de las redes sociales y sus algoritmos, nuestras posibilidades de conversar con muchos colombianos es limitada.

Por esto es que a partir del martes, ¡Pacifista! y VICE Colombia saldrán a la calle a dejar una huella, fuera de las dinámicas de internet, muy adentro del mundo material. Con nuestro apoyo, el artista urbano Toxicómano Callejero pintará un gran muro en el norte de Bogotá para confrontar a las miles de personas que pasan todos los días por el lugar con la realidad de los líderes asesinados: una realidad que para muchos hasta ahora quizás ha sido esquiva, pero que plasmada en una pared en medio de grandes avenidas a lo mejor ahora sí podrá calar más, incidir en nuestras consciencias y llevarnos a un cambio.

El mural, cuya elaboración tomará cuatro días, será un homenaje a los muertos, pero también una advertencia a los vivos. La paz de Colombia no es un asunto que se alcance en un papel. Tampoco es algo que se logre en los foros que ofrecen las redes sociales. Y tampoco es una meta que podamos cumplir desde la indiferencia, el individualismo y la demasiado popular e irresponsable idea de que ‘¡Que lo hagan los políticos, para eso los elegimos!’.

La paz, en el fondo, la tendremos que hacer nosotros mismos: los ciudadanos de Colombia. Y la haremos, entre otras cosas, con empatía y compasión por el otro. Si no nos dejamos conmover por la violencia contra los líderes sociales, si no protestamos y nos movilizamos, si no hacemos nada para protegerlos, nunca saldremos de la espiral del odio y la destrucción. No entenderemos que también nosotros estamos siendo amenazados y violentados, incluso por nosotros mismos y nuestra indiferencia.

Que la paz no nos cueste la vida.

Ni un muerto más.

 

Camilo Jiménez Santofimio es director editorial de VICE Colombia

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