Iván Márquez y Rodrigo Londoño – Foto: El Espectador

¡Pacifista! reproduce este artículo en el marco de su alianza informativa con el diario El Espectador. Vea la nota original aquí.

Por: Redacción Política – El Espectador 

Según Rodrigo Londoño o “Timochenko”, como mejor lo conoce el país, candidato presidencial de la ahora llamada Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común (Farc), los insultos, abucheos e intentos de agresión que padeció el pasado sábado pasado en Armenia, donde dio inicio a su campaña, son producto de la “intolerancia” de la sociedad colombiana y de una estrategia calculada de sus opositores. “La campaña de desprestigio que se hizo por más de 50 años tiene esas consecuencias. Es comprensible que la gente tenga prejuicios, pero poco a poco llevaremos nuestro mensaje y cambiaremos esa impresión. Estamos por la reconciliación, no más odios”, escribió en su cuenta de Twitter tras dicho episodio.

Ese mismo día, miembros del nuevo partido político denunciaron que cuando adelantaban una reunión en un edificio en Pereira, un grupo de personas se agolpó a la entrada de este y durante al menos cinco horas impidieron su salida. Y ayer, en Florencia, cuando ‘Iván Márquez’, exjefe guerrillero y hoy cabeza de lista al Senado de la FARC, se aprestaba a intervenir en un evento público, varias personas comenzaron a gritarle que se fuera y ante las dificultades, tuvo que cancelarse el acto.

“La situación política del país amerita un llamamiento a la cordura, tolerancia, aceptación del cambio político y transitorio por parte de la sociedad en general (…) exhortamos a todos los sectores políticos para que abramos el debate de manera respetuosa en el marco de la democracia y la diferencia, puesto que no consideramos necesarias las acciones violentas a la hora de expresar las diferencias políticas”, escribió en un comunicado, ante la difícil situación, Israel Zuñiga, nombre real de ‘Benkos Bioho’, uno de los exjefes subversivos que también aspira al Congreso.


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En Twitter, “Iván Márquez” también se refirió a los insultos y abucheos: “Nuestra sociedad no puede seguir siendo víctima de la manipulación de los sentimientos y de la siembra de odios por parte de una clase política excluyente y mezquina. Nuestro camino es la paz y la reconciliación. Ellas triunfarán sobre la intolerancia”, trinó.

Un pronunciamiento que tuvo riposta por parte del candidato presidencial del uribista Centro Democrático, Iván Duque, quien en un acto público, también en Florencia, calificó como una afrenta al país que los comandantes de la exguerrilla estén aspirando a cargos de elección popular sin haber sido investigados, sin haber pagado cárcel, sin haber dicho toda la verdad y sin haber reparado a sus víctimas. “Los colombianos sí queremos una paz con justicia, pero no una falsa paz con mentiras de los verdugos de Colombia”, dijo.

Lo sucedido muestra claramente las dificultades que enfrentarán los líderes de la Farc a la hora de adelantar campaña en la plaza pública. Si bien en varias fotografías difundidas a través de las redes sociales, el mismo movimiento político mostró que no todo fueron insultos y que también hubo muestras de afecto y de simpatía frente a sus discursos, no cabe duda que en gran parte de la población impera todavía el rechazo y que muchos se resisten a aceptarlos viéndolos haciendo política legal.

En las redes sociales el debate subió aún más de tono. Mientras algunos pedían que los dejaran hacer su campaña, pues es preferible que estén dando discursos en lugar de tenerlos dando bala, otros no los rebajaban de asesinos y pedían justicia. Sea como sea, en una u otra orilla, queda claro que la tan anhelada reconciliación es por ahora solo un espejismo y que estas muestras de agresividad y de no permitirles a los excomandantes guerrilleros hacer campaña implica que una gran parte de la ciudadanía no ha comprendido lo que significa la justicia transicional, o no creen en ella, y que lo que quieren es venganza.

Y puede significar también que el discurso del miedo y del odio que manejan y azuzan constantemente algunos sectores políticos tiene muchos adeptos. Un escenario preocupante, sobre todo porque cuando se toma distancia de las diferentes posturas expresadas, unos y otros tienen sus razones de peso para aceptar o rechazar a la FARC. El perdón, al fin y al cabo, es un acto íntimo y personal, y si hay gente que no lo quiere dar, no se les puede estigmatizar o señalar. Están en todo su derecho, aunque también habrá quien diga que ese derecho no justifica tratar de agredir y que esas muestras de odio son las que terminan desbordándose y llevando a que se asesinen personas, incluyendo líderes sociales y comunitarios que, por el simple hecho de su labor, son considerados “enemigos”.

Por ahora, al menos es lo que muestran las encuestas, la FARC es solo una voz minoritaria en el panorama político nacional. Como lo escribiera Silvia Colombo, en The New York Times, “aun tratando temas de la dura realidad de los colombianos humildes, no ofrecen todavía, en su reinvención política, salidas concretas. Y las que ofrecen suenan ingenuas. ¿Tiene las Farc la autoridad moral para representar ese discurso? Está por verse si los colombianos le creen este mensaje a una organización con un largo récord histórico de asesinatos y secuestros. Los exguerrilleros podrían sorprenderse con el resultado”.

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