Desde hace dos años, José Luis García consume hoja de coca para sus problemas reumáticos.

Por Clara Roig
Todas las fotos fueron tomadas por la autora

Un día de 2015 notó una molestia en el dedo gordo del pie. Luego, al andar, José Luis García ya no podía apoyarse bien. Después empezó a subirse por las rodillas, las piernas, la espalda, los brazos, las articulaciones. Hasta que el dolor le inundó todo el cuerpo. “Todo me crujía y no podía sujetar los platos cuando fregaba o al subir y bajar las escaleras parecía que mis rodillas se iban a quebrar”, explica José Luis sentado en su casa, en Barcelona (España).

En 2007 había comenzado a tener crisis que duraban más de un mes y lo dejaban postrado en cama sin poder hacer nada. “Me levantaba por la mañana y si ese día me encontraba mal, no podía hacer otra cosa que echarme en el sofá”, relata. José Luis también padecía insomnio. Durante tres meses, estuvo sin poder pegar ojo ni de día ni de noche. “Pensaba que me iba a morir”, asegura.

Estuvo varios años de médico en médico, con varios tratamientos que lo curaban temporalmente, pero después la enfermedad se volvía a manifestar. En 2015, después de la crisis de las articulaciones, le encontraron que tenía los valores reumáticos disparados. Empezó a tomar unas vitaminas de calcio y magnesio que le ayudaron a mitigar el dolor, pero con la hoja de coca encontró la verdadera solución a sus problemas de salud.

José Luis consume la hoja de coca acompañada de bicarbonato de sodio.

“Es la primera vez después de muchos años que he notado un alivio efectivo”, asegura José Luis. Ante la experiencia de ineficacias médicas, José Luis buscaba alguna cosa natural que le ayudara a reforzar su tono físico y tuviera un cierto efecto estimulante. “Hace un año que la tomo y me encuentro mucho mejor a nivel físico, energético y mental”, comenta. Y continúa: “con la hoja puedo mantener un estado físico óptimo evitando los bajones de energía. “Además, garantizo que es un antidepresivo de primer orden”, afirma.

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Él consume entre cuatro y seis bolitas de hoja de coca al día que se introduce en la boca acompañándolas con bicarbonato. Para García, el mascado de la hoja es un ritual. Se acomoda en el sillón, coge un puñado de hojas de la bolsa y poco a poco les va sacando el nervio. Una a una, se las introduce en la boca y cuando ya tiene unas cuantas las deja reposar en la mejilla para que lentamente vayan haciendo su efecto.

José Luis García, acompañado de su esposa Maribel.

A parte de su enfermedad, José Luis tiene que lidiar con la enfermedad de su esposa. “Le encontraron dos puntos negros en el cerebro, esclerosis múltiple, pero no la podían medicar porque no tenía brotes”, asegura José Luis.

Maribel, su mujer, se fue deteriorando poquito a poquito, y José Luis tuvo que asistir al desfallecimiento de su ser querido mientras se hacía cargo de su hija pequeña y de la casa. “Todo ello fue repercutiendo en mi estado de ánimo, que estaba por los suelos. La responsabilidad me creaba mucho estrés”, añade. Y la hoja de coca fue su única medicina.

¿Qué dicen los científicos sobre los beneficios de la hoja de coca?

La hoja de coca está considerada como el “architónico del reino vegetal”, como la definió en el siglo XVIII el médico peruano Hipólito Unanue. La explicación a esa afirmación, Unanue la encontraba en el poder curativo que, según él, actuaba sobre las diversas disfunciones orgánicas del cuerpo.

Tradicionalmente, la hoja de coca se utiliza en las comunidades indígenas latinoamericanas como energizante en el trabajo, para aliviar el dolor, mejorar la digestión, calmar la ansiedad y contra el soroche o mal de altura. Varios expertos como la nutricionista Maritza Vera, en Perú, o la doctora Roxana Miranda, en Bolivia, ofrecen harina de coca a pacientes con osteoporosis, diabetes, artritis reumática y gastritis. Las dos aseguran que los son resultados notables.

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Algunas investigaciones han encontrado en la hoja de coca más de 14 alcaloides, a los que se le atribuyen los distintos beneficios para el organismo, entre ellas el estudio de la Universidad de Harvard (1975), que defiende el valor nutricional de la hoja, o la investigación de Novak et al., de la Universidad de Utretch (1984), que concluye que el efecto de la hoja de coca puede venir de la suma de todos los componentes de la planta, y no solamente de la cocaína.

Aún así, uno de los estudios más completos sobre el efecto del mascado de hoja de coca en el cuerpo humano es del Instituto Boliviano de Biología de la Altura (IBBA). Fue publicado en 1999 y afirma que la hoja de coca contiene entre tres y cinco alcaloides, principalmente la cocaína y sus derivados. “Los estudios fisiológicos [muestran] que la sola presencia de la cocaína podría explicar en parte las actividades farmacológicas observadas durante el acullicu [el mascado en Bolivia]”, concluyen los autores. A partir de varias pruebas con personas que mascan hoja de coca, los investigadores encontraron una relación entre el efecto estimulante de la cocaína y el incremento tardío del consumo de oxígeno, un mayor uso de grasas durante el esfuerzo físico, la dilatación de los bronquios y un incremento de la función cardíaca.

Un largo recorrido para encontrar la hoja de coca

Para José Luis, la hoja de coca es indispensable, pero llegar a obtenerla en España fue toda una odisea. Estuvo años buscándola, y después de tanto insistir, la hoja de coca apareció cuando menos se lo esperaba por una persona que le podía conseguir esporádicamente. A partir de ahí, con una muestra física de la hoja, ya podía ir a otros lugares a preguntar. “Al verla la gente reaccionaba de manera diferente, confiaban en ti, sin prejuicios”, explica, –y añade– “pero es denigrante que una persona de Latinoamérica se asuste cuando le preguntas por la hoja de coca, ni que estuvieras pidiendo heroína”.

José Luis pasó años buscando la hoja de coca en España, esto, debido a su ilegalidad en ese país.

En Barcelona, la segunda ciudad más importante de España y por donde vive José Luis, existe un mercado activo de plantas. La hoja llega a través de la comunidad latina, sobre todo por parte de los compatriotas bolivianos y peruanos, que son más de 17.000 personas (el 6% de la población extranjera), según el censo de la ciudad de 2016, sin contar los municipios aledaños.

Aún así, el mercado más extenso se encuentra por internet. Algunas empresas, en su mayoría peruanas como CocaNatural  ofrecen envíos a España y al resto de Europa de productos derivados, como el mate de coca o la harina. Sin embargo, para José Luis no tienen el mismo efecto.

La hoja de coca es difícil de encontrar en España porque, como en el resto del mundo menos en algunas partes de los países andinos, es ilegal. En 2014, el Tribunal Supremo condenó a seis meses de cárcel por un delito contra la salud pública a un ciudadano español de origen boliviano que llegó en el aeropuerto de Barcelona con 7,5kg de hoja de coca para consumo propio.

Algo parecido le pasó una mujer llamada Pilar al recibir un paquete de 1.5 kg. de harina de hoja de coca de su hijo que vive en Perú. “Un día se presentaron dos agentes de policía a la puerta de mi casa en Zaragoza”, relata Pilar en entrevista telefónica. La policía de aduanas había retenido el paquete en el aeropuerto de Madrid ya que había encontrado la presencia “del alcaloide de cocaína” y de hoja de coca “incluidas en la lista amarilla de estupefacientes sometidos a fiscalización internacional”, apunta el auto judicial.

Desde entonces, Pilar le ha pedido a su hijo que no envíe más hoja de coca para no arriesgarse. “La droga la tienen metida en la cabeza –añade– deberían actualizar las leyes a nivel global para que los poquitos que queremos tener acceso a la hoja también nos podamos beneficiar”.

Cuando la hoja de coca se convirtió en droga

En 1961, la ONU aprobó la Convención Única de Estupefacientes en la que introdujo a la marihuana, la paja de adormidera y la hoja de coca –las plantas para el alivio del dolor- en la Lista I de Estupefacientes, equiparándolas a sus derivados sintéticos como la cocaína, la morfina o la heroína. Previamente, en 1950, la Junta Internacional para la  Fiscalización de Estupefacientes (JIFE) había presentado un informe en el que se determinaban “efectos perjudiciales” del mascado de hoja de coca que, según los autores, explicarían la desnutrición y el bajo nivel social y económico de los países y comunidades que mantienen este hábito. En 1988, en una segunda convención sobre drogas, la ONU abrió la posibilidad de legalizar el uso tradicional de la hoja de coca y demás plantas en aquellos territorios donde hubiera evidencia histórica.

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En 1992, cuarenta expertos asociados a la Organización Mundial de la Salud (OMS) concluyeron en la mayor investigación realizada sobre la cocaína y sus derivados –el Proyecto Cocaína–, que la hoja de coca no era dañina para la salud. Los autores propusieron que “sería más interesante descubrir si el mascado de hoja de coca tiene efectos positivos en la salud y en qué medida estos efectos son transferibles del contexto tradicional a otros países y culturas”. Sin embargo, el estudio nunca se publicó oficialmente.

Aurelio Díaz, antropólogo y profesor de la Universidad Autónoma de Barcelona especializado en los aspectos socioculturales del consumo de drogas, participó como coordinador de una de las investigaciones del proyecto. Según Díaz, el error fue que se presentó antes de tiempo ante la JIFE y  a la UNODC, las instituciones de las Naciones Unidas encargadas de la fiscalización y el control de drogas. “La reacción fue tremenda. Era un informe provisional y había que matizarlo, pero decíamos tres cosas que molestaron mucho al embajador de Estados Unidos”, explica el profesor. Entre ellas, que el consumo tradicional de hoja de coca no era un problema de salud pública.

El representante de EEUU de la ONU, Neil Boyer, amenazó con la retirada de fondos a programas de la OMS si el informe se hacía público y la organización renunció a presentarlo. El documento se perdió, y ocho años después el Instituto Transnacional (TNI en sus siglas en inglés) publicó el informe prohibido, junto con las pruebas de las amenazas del gobierno estadounidense.

“Quizá se podría haber conseguido alguna cosa para la hoja de coca”, comenta Aurelio Díaz, como por ejemplo, vender mate de coca a nivel internacional. Pero según el antropólogo, no se logró porque la política que sigue siendo dominante es que hay que erradicar los cultivos. “Se piensan que si acaban con la oferta van a acabar con las drogas, pero las drogas están aquí [en nuestra sociedad] y no hay forma de acabar con ellas”, recalca.

El UNGASS 2016, la última Sesión Especial de la ONU en materia de drogas celebrada en abril de 2016 en Nueva York, es una muestra más de ese pensamiento imperante. En un momento de apertura hacia la legalización del cannabis para uso recreacional y terapéutico, la sesión sirvió para poco más que reafirmar los tres tratados internacionales –entre los cuáles se encuentra la Convención Única de Estupefacientes de 1961.

Aún así, los últimos casos en España sobre importación de hoja de coca ofrecen esperanzas. Pilar fue finalmente absuelta, y en marzo de 2017 la Audiencia Provincial de Girona absolvió a un ciudadano colombiano que se había enviado a si mismo un paquete de 2kg de hoja de coca molida. Los fiscales habían pedido un castigo de cuatro años de prisión alegando que el acusado tenía la intención de obtener 6,3 gramos de cocaína, pero la defensa logró ganar el caso poniendo énfasis en la absurdidad de obtener cocaína de hoja de coca molida y en el valor histórico, cultural, social y medicinal de la hoja de coca. Quizás, estemos ante el comienzo de un cambio de paradigma.

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