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El Común se publica mensualmente, con un tiraje de 12 mil ejemplares. Foto: Pablo David | ¡Pacifista!

El nacimiento de un periódico es siempre una buena noticia. Más aún en esta época, cuando la industria de la prensa escrita intenta seguir bandeando la “crisis” generada por el vertiginoso crecimiento de Internet. Hoy, cuando buena parte de la gente de las ciudades consume noticias en la web, la casa periodística Semana se lanzó al agua con un nuevo proyecto editorial que subvierte la lógica de los medios tradicionales urbanos: un periódico de 32 páginas en formato tabloide llamado El Común, que se publica mensualmente y se reparte en las veredas de municipios donde se desarrolló (y se desarrolla) la guerra, como Buenaventura (Valle del Cauca), Chaparral (Tolima) y San Carlos (Antioquia).

Al frente de El Común está el curtido periodista Víctor Diusabá, que define al periódico como un “tabloide popular”, en el que se cuentan los problemas de los pueblos y las historias de resistencia de sus habitantes, y en el que se concibe la información como un “servicio público”. Por eso, en sus páginas se habla de vías terciarias, salud pública y desminado, así como de turismo, emprendimiento, gastronomía, economía campesina y liderazgos comunitarios.

Con un componente adicional: la participación de las comunidades en la redacción de noticias y hasta en la distribución mano a mano del periódico, que tiene un tiraje de 12 mil ejemplares con cobertura en nueve municipios. Para ello, los periodistas de El Común se enlazan con colectivos de comunicación locales, que reciben formación en periodismo y, más tarde, escriben para el periódico. Los líderes de organizaciones sociales y los funcionarios de las alcaldías, entre otras personas relevantes de los municipios, ayudan a identificar los temas de interés en lo local y a pensar estrategias de lanzamiento y distribución. Es un medio que funciona con la “participación de la gente”, según Diusabá.

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El equipo de El Común. Foto: Pablo David | ¡Pacifista!

Gerardo Quintero, editor nacional de El Común, dice que la relación entre el periódico y los medios locales “no pretende arrasar con ellos, sino juntar esfuerzos y hacer alianzas, con el plus de poder llevar una historia del sur del Tolima a las veredas de Valle del Cauca”. Para Diusabá, poder llegar a esos territorios es un triunfo de la paz y una ganancia en la lucha por la libertad de la prensa: “Durante décadas, en el Cañón de las Hermosas (Tolima) la circulación de la prensa de afuera estaba restringida por razones estratégicas de la guerra. Entonces, este periódico está venciendo barreras”.

Son justamente las características de esos territorios, donde el acceso a internet es precario, las que hacen que para los reporteros de El Común la circulación de medios impresos sea una necesidad de primer orden. Según Diusabá, “a este tipo de productos periodísticos se les da otro valor en esas regiones, muy diferente al que se le puede dar en la Colombia urbana. La gente guarda el periódico, lo colecciona, lo presta y lo reclama; es decir, lo asume como un bien colectivo”.

Pero El Común también tiene una apuesta para el público urbano que accede a internet. El periódico está a punto de lanzar una página web propia y una aplicación para iOS y Android, que busca servir de “guía de viaje a los destinos de la nueva Colombia que sean de tipo alternativo, comunitario y ecológico”, según Andrés Guevara, editor digital de El Común.

Los temas relacionados con la implementación del acuerdo de paz también están en la agenda del periódico, pero con un enfoque local y un lenguaje asequible. Diusabá dice que lo importante es “ayudar a la gente a saltarse esa agenda que les impusimos desde el centro, al reducirla a ese relato de que ‘ustedes son la violencia, la pobreza y la periferia’”. Se trata, pues, de un periódico para el posconflicto.

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