Foto: Colprensa.

En 1994, cuando José Cuesta decidió invitar al excoronel Hugo Chávez a Bogotá, no tenía forma de saber que a la vuelta de 10 años, Chávez iba ser el presidente de Venezuela, ni que a la vuelta de 20, estaría muerto y “el chavismo” en declive. Mucho menos iba saber Cuesta que su gesto con ese carismático exmilitar golpista terminaría convertido en una munición política de alto calibre en contra de Gustavo Petro, su candidato presidencial.

“Asumo toda responsabilidad política e intelectual por esa invitación”, me dice por teléfono Cuesta, quien militó en el m-19 y hoy aspira a la Cámara de Representantes por la Lista de la Decencia.

Para julio del 1994, Cuesta trabajaba en el equipo del entonces representante Gustavo Petro y dirigía la fundación Cultural Simón Rodríguez, dedicada a “promover la cultura de paz  y la unión entre los pueblos en América Latina”. Desde allí, Cuesta le extendió al recién liberado Hugo Chávez una invitación para pasar una semana en Bogotá.

En ese entonces, Chávez era un excoronel que había fundado el Movimiento Bolivariano Revolucionario 200. Se trataba de un grupo de seis militares venezolanos de rango medio que un día de 1982 se reunieron bajo un célebre árbol conocido como el Samán de Güere y juraron reformar el Ejército y refundar la patria bajo los ideales bolivarianos. Diez años después, en el 92, Chávez terminó preso luego de un fallido golpe de Estado contra el presidente Carlos Andrés Pérez. Luego, en marzo del 94 y con Rafael Caldera en el poder, Chávez fue amnistiado a cambio de renunciar al Ejército.

Y sí, unos meses después de eso recibió una invitación para visitar Bogotá.

“La decisión de invitar a Chávez a conocer el proyecto que surgió de la Constituyente de 1991 obedece a una coincidencia que teníamos con un hombre que, en ese momento, fue capaz de recoger las banderas del pensamiento de Simón Bolívar” explica José Cuesta.


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Como detalle, Cuesta relata que cuando habló con Chávez y le comentó que se trataba de un evento austero, a lo que él respondió: “Compatriota, no se preocupe que yo acabo de estar metido en la cárcel”.

La visita está ampliamente documentada por el propio Cuesta, quien ha publicado dos artículos acerca de ella, y también por El Tiempo y Semana. Este último artículo reconstruye la visita a partir del testimonio de Gustavo Petro, quien acompañó a Chávez durante sus estancia de ocho días en Bogotá:

“El futuro presidente de Venezuela llegó al aeropuerto Eldorado en clase económica, se hospedó en una pensión de la Juventud Trabajadora de Colombia (JTC), hizo amistad con la cocinera del lugar y tuvo reuniones con los tres copresidentes de la asamblea constituyente: Horacio Serpa, Álvaro Gómez y Antonio Navarro Wolf”.

Según la versión publicada por Semana, durante esta reunión Navarro le dijo a Chávez unas palabras que se quedaron en la memoria del joven y saliente representante Gustavo Petro: “La Constituyente es un mazo que se levanta contra la clase política y se tienen dos oportunidades, dejarlo caer o no. Coronel, ¡déjelo caer!”.

La frase era una alusión al momento político que vivía Colombia: para julio del 94, la bancada de 23 senadores del M-19 que había llegado al Congreso para realizar la promesa de la Constitución del 91 abandonaba el legislativo luego de ser barrida por la clase política tradicional en las elecciones de ese año. Años después, en febrero del 99, el recién posesionado presidente Hugo Chávez se dirigiría por primera vez al pueblo venezolano para decretar la activación inmediata del “poder constituyente”. Al cabo de dos meses, Venezuela ya tenía una nueva Constitución.

Hay otros dos momentos significativos de la visita: el primero es la celebración del cumpleaños 40 de Chávez, que se llevó a cabo en la pensión de la JTC en La Candelaria y contó con una demostración de cuatro a cargo del propio coronel Chávez. El segundo respondió a la única exigencia que realizó el invitado: visitar el puente de Boyacá. Allí, luego de terminar un recorrido guiado a cargo de un policía. Chávez leyó unas palabras y, según el testimonio de Cuesta,  los presentes juraron  “convertirse en el embrión de una nueva Latinoamérica”.

También decidieron tomarse esta foto para la posteridad:

Según la versión publicada por Semana, en julio de 2000, luego de esta visita, Cuesta y Chávez siguieron en contacto y organizaron dos encuentros más, uno en Maicao y otro en Santa Marta, con el objetivo de promover el pensamiento bolivariano.

“(Con Chávez) encontramos una sintonía ideológica en la lucha contra la corrupción y el discurso bolivariano”, decía Petro en ese momento.

Más allá del uso político del que han sido objeto en esta campaña, las dos fotos que registran el paso de Chávez por Colombia sí revelan los coqueteos que, a principios de los 90, existieron entre el retirado coronel golpista y el recién desmovilizado Gustavo Petro. Coqueteos que, todo sea dicho, nunca llegaron a materializarse.

Para el año 2000, Chávez ya estaba en el poder y las Farc ya habían comenzado a desplazar a Cuesta y a Petro como principales enlaces del movimiento bolivariano en Colombia: “Es un golpe oportunista de las Farc”, le decía Petro a Semana. Y continuaba: “Después de criticar durante 10 años al M-19 por su bolivarianismo, una vez vieron que esto cogía fuerza en Colombia y en América Latina, observaron la ascendencia de esas ideas, se apropiaron de la palabra de Bolívar sin su pensamiento y le vaciaron el alma, igual que hizo la política con su estatua”.

Sin embargo, el respaldo idelógico de Petro a Chávez seguía firme en 2006, cuando una periodista de la revista Colombia Ganadera insinuó que el parlamentario colombiano y el presidente venezolano eran cercanos: “’¿Y cuál es el pecado?’ –contestó Petro en ese momento– “Si es que Chávez está haciendo lo que el M-19 quería hacer, una sociedad democrática, una sociedad donde los pobres puedan expresarse y no los maten, una sociedad donde el crédito vaya para todos, una sociedad donde la tierra se vuelva productiva, donde su principal riqueza que es el petróleo se vuelve salud para los viejitos”.

Para marzo de 2010, cuando el presidente Chávez ya expropiaba locales en vivo por televisión, Petro comenzaba a desmarcarse: “Nosotros somos el socialismo del siglo 21 y Chávez es el socialismo del siglo 20. Yo no expropio la propiedad de los trabajadores” trinaba Petro durante la campaña presidencial del 2010. En abril del mismo año, Chávez aseguró que Petro representaba a izquierda “cobardona” en Colombia, aunque nunca dejó de referirse a él como “un amigo”. Cuando el presidente venezolano falleció en 2013, Petro reconoció a Chávez como un “gran líder latinoamericano”.

Veinticuatro años después, el recuerdo de aquella tarde pasada en el puente de Boyacá en compañía de un exmilitar golpista venezolano, sigue persiguiendo a Gustavo Petro.

Cuesta lo sabe y por eso, durante nuestra conversación me dijo: “tenga claro que la vida útil de esa foto durante esta campaña apenas comienza”.

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