Santiago Jaramillo

Santiago Jaramillo ayudó a fundar el Centro Democrático, fue expulsado por radical, acusado de estar loco y ahora aspira a la Alcaldía de Medellín para las elecciones del próximo año. 

Por: Julio C. Londoño Á.

A Santiago lo sacaron del Centro Democrático por loco, por dar un “lamentable espectáculo” en el Concejo de Medellín, según dijo la resolución del partido, y decir que Álvaro Uribe era el principal obstáculo para la paz. Mejor dicho, se les volteó el muchacho dentro de sus filas y, como buena familia paisa que se precie de su apellido, lo convirtió en un demente para restarle tenor a sus denuncias.

Porque a pesar de que en los medios y las redes sociales rodaron viralmente los videos de las intervenciones provocadoras que hizo el exconcejal, el ojo público estuvo más en el tono que usó –y que indiscutiblemente llamó la atención nacional– que en las denuncias que venía realizando sobre el esquema de fotomultas en Medellín, las vacunas en las comunas y las herencias narco de miembros de su propio partido.

Sin que el Centro Democrático pudiera reclamarle el puesto, pues se trata de una elección popular, Jaramillo permaneció en su curul hasta que la Procuraduría lo suspendió por siete meses por una agresión a un periodista del canal Telemedellín. El cabildante no pudo presentar recurso de apelación pero según su versión, la supuesta cachetada que le dio a Manuel Alejandro Gallego se presentó en medio del reiterado matoneo que el comunicador, miembros del Concejo y twitteros le hicieron sobre su estado mental, y por la medicina psiquiátrica que le recomendaban tomarse. Todos, aprovechando que en 2016 Santiago le contó al programa De Acuerdo del Concejo de Medellín que había tenido un consumo problemático de alcohol y otras sustancias.

En rebelión con su partido y desintonizado con el alcalde Federico Gutiérrez, a quien apoyó en su campaña, Santiago ahora se propone llegar a la Alcaldía de Medellín en las elecciones del próximo año. Su lema: ConSenSo, con sentido social. Hablamos con él para saber de sus propuestas, qué lo llevó a entrar y salir del Centro Democrático, las drogas, el alcohol, su supuesta locura y, por supuesto, del voto que confesó que le daría Gustavo Petro.

¡Pacifista!: antes de todo el lío en el Concejo, ¿quién era Santiago Jaramillo?

Santiago Jaramillo Botero nació el 5 de agosto de 1983 en la Clínica León XIII. Hijo de Marta Lucía Botero y Jaime Hernando Jaramillo Ramírez. Ambos campesinos oriundos de Abejorral, Antioquia, del barrio obrero. Mi madre fue secretaria toda su vida y se pensionó como tal. Mi padre fue abogado inmiscuido en liderazgo social, fue secretario de despacho en Medellín y concejal de la ciudad.

Desde que nací vi ese liderazgo social de mi papá en la zona nororiental, las comunas 1, 2, 3 y 4, y me enamoré de las causas sociales. Mi padre es muy godo, así que empecé a hacer política en un partido muy godo, muy estricto, pero manteniendo mi energía siempre. Soy bachiller del colegio Calasanz masculino, donde me lancé para personero pero me sacaron de la contienda porque había perdido años, entonces promoví el voto en blanco y ganó. Ahí supe que la democracia sí se puede hacer.

Me postulé para comunicador y relacionista corporativo en la Universidad de Medellín, y un grupo de amigos me dijo que por qué no me lanzaba al concejo si mi papá había sido concejal. Yo muy joven me dejé picar y conversamos con el partido político que lo respaldaba a él, Alas Equipo Colombia. Y aunque no obtuve la curul, tuve 3.048 votos. Tras ocho años se gesta todo este tema de Uribe y vi ahí una posibilidad de hacer mi proyecto al Concejo nuevamente generando muchas divergencias con mis amigos.


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Pero si tenía tantas divergencias, ¿por qué resultó metido ahí?

Porque me enamoró el nombre ¡Centro Democrático! Me permitió vislumbrar una posibilidad de hacer centro en ese partido, porque yo no tengo muchas similitudes con quien es el líder de esa secta. Me postulé como precandidato animalista e hice mi proyecto.

Cuando fui electo, empiezo mi control político: me vuelvo en el enemigo de las fotodetecciones y la mafia detrás de la secretaría de movilidad. Le digo a Federico Andrés (el alcalde), que es aliado de Álvaro (Uribe), que el sistema Solobus es una primiparada. También le dije a Álvaro mi disenso por los proyectos taurinos del Centro Democrático. Empiezo hablar con nombres particulares y le manifiesto a Álvaro mi disenso por presentar en sus listas legado narcotraficante, como la senadora Paola Holguín, cuyo padre fue narcotraficante. Ella habla a diestra y siniestra de “narcoterroristas”, ¿pero entonces cómo financió su carrera y toda su vida? ¡Pues con dineros ilegales!

Con todo ese control político pues me convertí en una piedra en el zapato y Álvaro me echó de esa secta. 

¿Y cómo resolvió resolvió aspirar a la alcaldía de Medellín?

Ya estando con voz nacional le digo a mi señora esposa, que es lo que más amo en la vida: “¡amor, voy hacer patria, me voy a lanzar a la alcaldía de Medellín y voy a empezar a construir propuestas!”. No me voy asociar con ningún partido político y voy a llegar al triunfo, porque la gente no es tonta, la gente sabe lo que Álvaro me hizo. Álvaro se cree deidad en Medellín y los ciudadanos le vamos a demostrar que la única deidad está más arriba, para los que crean o no crean, porque somos milagros propios del relato de la existencia.

Mmm… pero preocupa ese discurso de hacer patria. El regionalismo ha sido bandera de Uribe durante todo este tiempo y la política colombiana parece estar desencantada de tanto caudillo y mesías. ¿No caerá en el mismo error?

Yo le apunto a que el consenso sea el gran protagonista, no Santiago Jaramillo. Yo aquí lo único que voy hacer es liderar unas propuestas, por lo que me voy a rodear de los mejores en cada área: mujeres, hombres, gays, maricas, lesbianas, todas las personas y seres vivientes y sintientes de este planeta. Vamos a estar representados. La alcaldía de Medellín no se va a gastar un solo peso en eslogan publicitario ni nada, solo vamos a trabajar por la marca ciudad y eso lo estoy proponiendo desde hace rato. Nos vamos a ahorrar billones de pesos en publicidad porque no van ver a Santiago Jaramillo en Telemedellín con un programa.

Generar un discurso de amor a la patria, a Colombia, va a ser mucho más positivo que generar un sectarismo regionalista. ¡Jamás de los jamases! A Federico lo vi protegiendo el megaembalce (Hidroituango) pero nunca en comunidad. ¿Dónde estuvo pidiéndoles perdón a las comunidades, hablándoles la verdad? Eso es lo que pretendemos hacer desde el ConSenSo. Porque seguramente me voy a equivocar como mandatario, pero por nobles razones, no porque estuve escondiéndome tras el ego y el estatus quo.

¿Qué lo alejó de Fico?

Es un completo engaño. Aunque Federico se haya escondido detrás de un movimiento ciudadano, ese hombre es del Centro Democrático, ya le renunció parte de su gabinete para irse a trabajar con el walking talking de Iván Duque (Santiago lo llama así porque considera que el candidato “es tan solo el retweet de Álvaro Uribe”) . Federico Andrés le apostó absolutamente todo a la seguridad pero se hizo elegir con otro discurso, el de la cultura ciudadana.

Federico dice que trabaja por la seguridad, pero eso es un tópico. Yo le hablo es de vacunas, de pagadiarios. Imagínese que en el barrio Olaya la gente tiene que pagar 2.500 pesos semanales para dormir. Yo estoy denunciando que los valientes medellinenses que no se atreven a pagar pagadiarios están muriendo asesinados. Yo estoy proponiendo la paz en Medellín. No para capturar bandidos, sino para liderar como mandatario un proceso de paz metropolitano con los otros nueve alcaldes y las más de 1.500 estructuras criminales en el Valle de Aburrá.

Según el Observatorio de Drogas de Colombia, Medellín es la ciudad con mayores índices de consumo de sustancias ilícitas en el país. Hay oferta y demanda en las calles. La prohibición y las capturas no dan resultados. ¿Cómo va abordar ese problema, en el que convergen libertades y economías criminales?

Hay que empezar a cambiar el discurso, hace rato tenemos que comenzar con unas políticas de legalización. Eso lo han dicho muchas personas y yo lo sostengo. Nuestro movimiento también tiene que ir en esa causa progresista. Adicional, el municipio de Medellín tiene que ir con políticas de prevención. El licor es un potente narcótico, ojo, y es legal. Hay que enseñarle a nuestra sociedad que hay un montón de oferta pero también que tiene una autoresponsabilidad. Es ahí donde tenemos que cambiar esa barrera invisible y cuadriculada de satanizarlo todo.

Tenemos que ir a esas estructuras criminales, porque si uno de los mayores ingresos es la droga, pues el Estado tiene que tomar el control. No le estoy hablando de cosas lejanas, ya lo estamos viendo en nuestro hemisferio, en Uruguay, en Norteamérica. Tenemos que quitarnos la venda de los ojos y decirle a nuestras nuevas generaciones que se puede vivir bien, que hay una oferta que siempre va a estar no solo en drogas sino en sexo, tentación, hasta en el robo mismo. Es un tema de decirnos las verdades y generar conciencia y educación.

Seguramente lo va a perseguir durante esta campaña la escarapela del “loco”. ¿Podemos hablar sobre la “locura” de Santiago?

Esa es la propaganda negra. No señor, yo soy una persona cuerda y coherente.

Aquí tenemos que amarnos porque no hay ciudadanía perfecta. No hay un prototipo del medellinense o el colombiano como debe ser. Entonces será calvo, negro, mestizo, marica… no, aquí somos parte de un estado social libre y de derechos. Aquí nos puede gobernar un mueco, un lustrabotas o una persona con grandes propuestas que va transformar una urbe más allá del discurso político. Esa es la locura mía, claro que estoy loco. Imagínate, si se dice que para aspirar a la alcaldía se necesitan 5.000 millones de pesos, yo necesito 5.000 millones de pasos, de saludos, de energías. Claro que estoy loco, no tengo ese presupuesto por demás.

Mira, uno en la vida tiene que ser coherente. Todos hemos tenido dificultades, yo no consumo licor ni drogas. Pero puedo sentarme con cualquier honorable medellinense hablar y lo respetare si consume o no. Eso es la superación.

¿Y a qué se enfrenta un alcalde de ese talante en Medellín?

A toda la clase política, absolutamente. Infortunadamente esa clase dirigente ha sido tan poderosa que ha mantenido engolosinada a la gente a través de propaganda y medios de comunicación. Acá vemos un país que no tiene propuestas, desarrollo, espíritu, no tiene corazón. Eso es lo que tenemos que hacer nosotros como nueva clase dirigente.

Santiago Jaramillo.

Algunos dirán que se le salió el ‘antisistema’ que tanto temen en Petro.

¡Gaitanista! Yo amo a Jorge Eliecer Gaitán Ayala. Es una historia de amor que Colombia tiene que conocer. Cómo desde la clase popular nos enseñó que su brillantez y locuacidad en su discurso, lo hizo distinto y habló en nombre de los más desamparados. Y habló de la masacre de las bananeras, hizo patria en el partido Liberal en contra de toda esa clase dirigente que se sentaba a conversar con el Conservador mientras nos matábamos como colombianos. Eso también se puede hacer en tiempos nuestros, guardando las proporciones con el doctor Gaitán.

¿Cómo ve las elecciones de este domingo?

Están enmarcadas por una oportunidad histórica para que Colombia le diga a la clase política ‘no más’. Es increíble que Álvaro después de ocho años denunciando corrupción, el uso de dineros públicos para hacer campaña política del actual presidente, reúna ahora a todos los partidos que tanto denunció. Solamente por enclaustrarse nuevamente y ser el ideólogo de cambiar la dinámica que llevamos de paz y de equilibrio de poder.

Si la derecha representada en el walking talking de Iván Duque gana, indiscutiblemente Álvaro va a ser el Vladimiro Montecinos o el Fujimori de los próximos quinquenios en nuestra patria.

¿Así de grave la ve?

Así lo veo. Es un tipo perverso, bellaco, tirano, mafioso.

Sin embargo hay una ciudadanía que se siente convocada por su discurso.

La ciudadanía que más se tiene que sumar es la que no vota, que es la mitad de la torta. El 50 % del país no vota, entonces que se anime, que miren las propuestas. Hay dos opciones, una que representa todo lo de lo que usted como ciudadano está cansado y de lo que ellos mismos se encargan de vender que luchan en contra vía. Cuando veo a Marta Lucía diciendo cero corrupción, veo a Andrés Pastrana muerto de la risa detrás. A Germán Vargas que le dio duro el knockout de perder, pero al otro día tomaba tinto con Álvaro, por quién sabe cuanta plata que aseguró para su maquinaria.

La maquinaria debe ser la energía que tenemos en el corazón los colombianos para mirarnos y cambiar la dinámica.

¿Y del lado de Petro qué ve?

Una oportunidad histórica, una persona que está reuniendo intereses. Antanas Mockus, Claudia López, personas que han denunciado la corrupción y que también le darían un equilibrio a ese miedo que tiene la derecha.

Voy a votar este domingo. Anúncielo: ¡quiero que Gustavo Petro sea mi presidente!

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