Crédito: Black Velvet.

Still de la película Resitencia y paz. Crédito: Black Velvet.

Por: María Rivas Serrano, periodista de VICE.

El festival de cine más reconocido del país no podía dejar de lado el momento político que vive Colombia. Los seis años de negociación entre el Gobierno y las Farc, la firma de un acuerdo histórico y la transición al posconflicto inspiraron a la directora del Festival Internacional de Cine de Cartagena de Indias -FICCI- para abrir una muestra de películas que vinculen el arte con la construcción de paz.

Se trata del programa La Guerra y la Paz, un espacio en el que se proyectarán ocho largometrajes y cinco cortos, de seis países, que reflejan visiones del conflicto y el posconflicto en sus narrativas. “La idea es alumbrar un poco esta nueva reflexión en el escenario que enfrenta Colombia en la actualidad”, afirma Diana Bustamante, directora del Festival.

Ella cree que, después de la derrota del Sí en el plebiscito del pasado 2 de octubre, “se hizo mucho más evidente la necesidad de (desde lo que sabemos hacer que es el cine) empezar a construir un diálogo con las visiones de la guerra”, afirma.

Para la selección, Diana y su equipo se enfocaron en países con contextos violentos y, con la ayuda de conocedores de este tipo de cine y de programadores de festivales internacionales, vieron casi 60 películas recomendadas para llegar la selección final.

Mirsad Purivatra, programador del Festival de Cine de Sarajevo, o Mike Downey, productor irlandés y director ejecutivo de la Academia de Cine de Irlanda, fueron unos que le dieron norte a esta selección que llega por primera vez a nuestro festival.

“Ahí fuimos tejiendo un programa. Empezamos a elegir películas como El fin de la ETA, que es un documental que habla de cómo fue el proceso de negociación con el grupo armado español; incluimos una película como Depth Two que habla desde diferentes caras del conflicto en los Balcanes; incluimos películas de Perú; también películas de ficción como Bloody Sunday, que habla del conflicto en Irlanda del Norte; películas más actuales como Syrian Love Story; y un compendio de cortometrajes y de trabajos colombianos que están también muy atados a esas heridas que ha dejado la guerra en el país”, nos dijo.

¡Pacifista! presenta cinco de las películas que harán parte de la sección Guerra y Paz en el FICCI:

1. Syria, a love story

Sean McAllister

2015

 

A la Siria actual, en la que el régimen de Bashar al-Ásad no deja espacio para la oposición, llega el documentalista Sean McAllister. Allí conoce a Amer, un hombre que lucha por sacar adelante a su numerosa familia, mientras espera la liberación de su mujer Raghda, encarcelada por el régimen. Pero cuando Raghda vuelve a casa, las cosas cambian. El fuerte contenido político se va diluyendo para dejar el protagonismo a la cotidianidad de la pareja y a la manera como crecen y se transforman. Cuando la familia se ve obligada a exiliarse, primero al Líbano, y luego a Francia, la falta de hogar y de aquella causa que los mantenía unidos y en pie hace que la pareja se vaya desmoronando a lo largo de los cinco años que duró la grabación. Una historia de amor que, tras su fuerte contenido político, nos muestra el lado más humano de toda guerra: el de las huellas y las heridas que deja en todas las personas que deben vivirla.

 

2. El fin de la ETA
Justin Webster
2011

 

El 20 de octubre de 2011, tres encapuchados de ETA anunciaron el “cese definitivo de la actividad armada” que dejó más de 800 personas asesinadas en cuatro décadas. Detrás de ese anuncio hubo más de diez años de negociaciones que empezaron con la voluntad de dos personas de poner fin a la violencia. En 2000, el entonces dirigente de Batasuna, Arnaldo Otegi, y el líder del Partido Socialista de Euskadi (PSE) Jesús Eguiguren, iniciaron una serie de conversaciones clandestinas que se prolongaron por más de cuatro años. Dos personas con poco en común pero que estaban obligadas a entenderse. El documental les da un amplio protagonismo, pero también recoge un conjunto de voces, incluidas las de otros mediadores y negociadores, y el contexto social y político alrededor de los diálogos. Atentados, muertes, cambios de Gobierno, manifestaciones e indignación popular. El fin de la Eta, dedicado a la memoria de las víctimas, muestra lo complejas y arriesgadas que fueron las conversaciones en medio de la desconfianza y de los intereses políticos coyunturales. Si bien detalla los pasos en falso y los momentos de tensión del proceso, también deja claro que la paz entre dos partes enfrentadas requiere imaginación, sacrificio y generosidad.

Depth Two
Ognjen Glavonic
2016

SINOPSIS: Un cuerpo humano es la más pura evidencia de una vida. Así mismo, cuando la guerra destituye a hombres, mujeres y niños de su humanidad, es el cuerpo lacerado la más clara prueba de la barbarie. Depth Two es un bello y desgarrador documental que busca dar cuenta de cómo cuando las costuras de un país son destruidas por la guerra, el acto de desaparecer los cuerpos es una empresa tan criminal como el mismo acto de matar. A través de una serie de imágenes actuales de los lugares donde ocurrió la guerra de Kosovo a las que se superponen los testimonios de víctimas, testigos y victimarios, este filme trata de conjurar en pantalla el vacío que representan dentro de la historia serbia los cientos de cadáveres que fueron apilados en fosas comunes a las afueras de Belgrado. Sin mostrar jamás un solo cuerpo, transformando las distintas voces en una especie de única y potente voz –una cicatriz extendida–, Ognjen Glavonić logra con esta película hacer una vehemente denuncia de la enorme maquinaria que se irguió con el propósito de borrar esas vidas de la historia, así como un llamado amoroso para intentar recuperarlas.

Guerra y pa 

Juan Manuel Echavarría

2001

Crédito: Black Velvet.

Crédito: Black Velvet.

Guerra y pa se realiza en un contexto político marcado por el fracaso de las negociaciones de paz entre el gobierno de Andrés Pastrana y las Farc. Echavarría trabaja con elementos mínimos y un lenguaje decantado: la imagen y el sonido de dos loros que ocupan y desocupan un palo de madera –que también es una cruz– emplazado sobre un fondo claro. Son diez fragmentos, cada uno separado por un fundido en blanco de la imagen. Uno de los loros dice “guerra”, el otro “pa”. Los loros, entrenados por Bonifacio Pacheco en el Caribe colombiano, escenifican en pequeña escala el conflicto colombiano, con dos enemigos peleando por su lugar a picotazos. Mientras la guerra suena nítida, la paz es una palabra mutilada.

Parábola del retorno

Juan Soto

 2016

 

Crédito: Black Velvet.

Crédito: Black Velvet.

Wilson Mario, personaje y narrador de este trabajo que cabalga entre el documental y la ficción, el diario de viaje y el ensayo audiovisual, recuerda un poema de Eliot: “Lo que pudo haber sido es una abstracción/ que sigue siendo perpetua posibilidad/ solo en un mundo de especulaciones.” Juan Soto abre un portal a ese mundo de especulaciones: imagina un posible viaje de regreso del exilio de Wilson, militante desaparecido de la Unión Patriótica en los años ochenta, que se habría refugiado en Londres, el lugar donde en realidad vive su sobrino, el realizador. Y al hacerlo, Soto le presta a su tío una vida y le ofrece un instrumento, el cine (las imágenes que Wilson graba con su cámara, o las que su familia conserva de él), que cumple el papel de reparar una ausencia, de llenar el vacío de una vida cortada de raíz.

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