Rodrigo Sandoval

 

 

 

Columnista: Rodrigo Sandoval

 

Me he dado cuenta de que mi entorno está positivamente involucrado con el plebiscito para la paz y busca que el sí gane el día en que nos pregunten si nos gusta o no el proceso de paz. Sin embargo, esta es una observación sesgada por mi propio grupo social. Lo que me preocupa es que ese triunfalismo podría ser fatal para el proceso.

Es ridículo pensar que el fin de las Farc va a llegar por otro camino que por un proceso de paz. Este en particular ha sido exitoso, con todos los sapos que nos tendremos que tragar, la institucionalidad ha vencido y esa es la derrota de la guerrilla. La decisión que debemos tomar los votantes es si queremos que las Farc se acaben o no.

El fin de las Farc no vendrá con la guerra, llevamos todo este milenio usando la mayor cantidad de recursos posibles para diezmarlas y derrotarlas. El fracaso tiene diversas razones. La primera es que no hemos llevado Estado y mercado, como dice Claudia López, a todo el territorio nacional. ‘Allá lejos’ existen lógicas de gobierno que no son los mismas a las que estamos acostumbrados en Bogotá. Segundo, porque las Fuerzas Militares responden a una estructura rígida y la guerrilla en cambio tiene una capacidad de mutación mucho más ágil, que toma mucho tiempo entender y atacar. Tercero, porque hemos matado un montón de campesinos de lado y lado en la lucha por el poder.

Así las cosas, las Farc se acaban cuando el plebiscito llegue a buen término. Contarán los seis meses que tienen ellas para desmovilizarse a partir del acuerdo final, y les llegará el verdadero reto: ganar en las urnas. Las Farc están anquilosadas en un pasado que no se ha corregido pero que ya no existe. En ese sentido, que la guerrilla gane una elección sin armas –y tan desconectadas como han estado con la opinión pública– parece imposible.

En ese sentido, si usted quiere que se acaben las Farc, como yo, sin importar si le gusta el proceso, vote sí. Si nos ponemos de acuerdo en esto, después podemos seguir polarizados, podemos seguir despotricando del Gobierno o desestimando el poder transformador del posconflicto.

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