Memeteca | Negar el conflicto es esconder la raíz del problema y, por tanto, dificultar una solución efectiva para evitar más víctimas y reparar a las que hubo.

Por: @DanielRuge

El senador Ernesto Macías, justificó el mezquino discurso que dio en la posesión de Iván Duque diciendo que simplemente describió los resultados del gobierno Santos y que no había agredido a nadie. Eso no es cierto. Macías agredió a las víctimas al negar que Colombia ha tenido un conflicto armado interno y reducirlo a una “amenaza terrorista”, recogiendo el pensamiento de Álvaro Uribe. El presidente del Senado debe admirar tanto al expresidente que seguro tiene en su oficina un cuadro surrealista de su autoría:

Negar el conflicto es una agresión porque esconde la raíz del problema y por tanto dificulta una solución efectiva para evitar más víctimas y reparar a las que hubo. Además va en contra del principio de no repetición que tanto le preocupa al nuevo presidente y que la Corte Penal Internacional pone como requisito para satisfacer los niveles de justicia transicional. Si se compara lo que dice Duque con lo que dice Macías (o sea Uribe), se nota la doble moral. Por eso digo: el que niega el conflicto armado, niega a la mamá…

Bueno y si tanto repelen a Santos en el Centro Democrático, deberían evitar copiarlo:

Por eso, a mediados de 2011, la ley de víctimas reconoció que en Colombia había un conflicto interno armado. Fue un marco que aceptó la realidad, no solo por la dignidad de los damnificados de la guerra y por la puerta que se abría para el estatus de beligerancia de las Farc que permitía negociar, sino por una necesaria delimitación jurídica. Sin ese reconocimiento cualquier persona atacada por delincuencia común habría podido solicitar reparación y habría sido absurdamente complejo establecer medidas concretas para la no repetición.

Aceptar el conflicto interno fue el primer paso hacia el fin de la guerra con las Farc pero el inicio de la boba pelea entre Santos y Uribe. El parche se le calentó a Santos porque el de los Crocs cree que en nuestra sociedad no existen grupos rebeldes sino mero terrorismo que toca enfrentar con fuego, recordemos que para él no está bien aplazar la tragedia del asesinato.

Por cuenta de esa visión uribista, por ejemplo, es que se llegó a describir la crisis de los desplazados con el eufemismo de “migrantes internos”. Para José Obdulio Gaviria, asesor presidencial de aquel entonces, no había colombianos huyendo de su tierra por cuenta de la violencia sino simples emprendedores que salían del campo a buscar nuevas oportunidades. El tipo es un especialista en manipular percepciones con discursos inventados…

Aunque ya se terminó el proceso con las Farc y su implementación avanza coja, es necesario que el presidente Duque diga de forma concreta si cree o no en el reconocimiento del conflicto armado interno. No más ambigüedades, como mandatario tiene la obligación constitucional de garantizar la paz y no puede permitirse ser la cara bonita de un grupo radical que, al negar las causas de la guerra, revictimiza a quienes fueron afectados por esa violencia.

Una buena noticia para el ánimo reconciliador de Duque es que en su posesión mencionó un punto en común con los guerrilleros y militares que se han sometido a la JEP: una vez más habló de la necesidad de garantizar la no repetición. Eso se logra con la verdad, y si el presidente quiere que los horrores de la guerra se vayan para siempre, debe ser claro en su reconocimiento del conflicto a pesar de lo que piense el Centro Democrático. Si Uribe quiere jugar con el espejo retrovisor en el paseo que acaba de arrancar, al presidente le toca demostrar que puede saltar de la silla de atrás y encargarse del timón en serio.

Presidente Duque: es bueno que en su primer día de gobierno haya ido a San Andrés como ejercicio de soberanía. Ojalá en los días que vienen decida también ejercer soberanía sobre su partido porque nadie ha logrado unir un país sin demostrar liderazgo de verdad.

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