Foto: Pablo David G.

El Chojín. Foto: Pablo David G.

Por Sebastián Narváez Núñez

Este artículo fue originalmente publicado en Noisey, nuestra plataforma de música en Vice.

El hip hop ha sido quizás uno de los catalizadores artísticos más importantes a lo largo de las últimas cuatro décadas. La catarsis de un gran nicho global se ha escrito en libretas de apuntes que resultan en canciones, en muros a través del grafiti, en el asfalto a través del breakdance. La cultura hip hop ha motivado una voz de denuncia social, un retrato de una insatisfacción profunda y en algunos casos de una frustración frente al abandono del Estado. Ha sido el medio de expresión sobre lo que sucede en los barrios bajos del mundo. No solo ha servido para contar y entretener, sino como motor de cambio, empoderamiento, lucha.

En ese terreno se mueve Domingo Antonio Edjang Moreno, a.k.a El Chojín, uno de los MCs de habla hispana más respetados y una voz de lucha constante contra el racismo, la xenofobia, la violencia de género, la intolerancia y la desigualdad.

Nacido hace ya 40 años, este oriundo de Torrejón —un barrio de la periferia de Madrid, España— se inició en el rap entrados los años 80. Gracias a que cerca de su hogar había una base militar estadounidense, lo que para la época post-dictadura franquista significaba algo bueno, tuvo su primer contacto con la cultura hip hop.

Su cátedra la tomó de los representantes americanos, a pesar de no entender nada de inglés en ese entonces. Sin embargo, tenía clara la intención del rap como instrumento de denuncia empleado por los negros estadounidenses, así que intentó copiarlo y empezó a darse cuenta de que sus reflexiones cotidianas podían ser escuchadas por un público cada vez más amplio. Así fue como terminó escogiendo al rap y echando mano de él para retratar sus denuncias, las cosas que le atormentaban del mundo en el que vive.

Aprovechamos la visita del español a Bogotá, donde realizó dos conciertos —uno el 10 de junio en un formato íntimo e innovador que bautizó como “El buen club”, y otro el 11 de junio en La Media Torta— para hablar del rap, su historia personal y su posible retiro de la música.

 

En una de las canciones del álbum Recalculando rutas hay un tema llamado “Soy y no soy”, en el que hablas de no tener etiquetas que te definan por tu color, por tu género. Sin embargo, en el hip hop casi siempre existe una etiqueta común: el ghetto. ¿En qué tipo de barrio creciste?

Si me haces esa pregunta hace 15 años te digo que he nacido y crecido en un ghetto. Ahora he viajado y he visto ghettos de verdad, y me he dado cuenta de que un ghetto en Europa no se puede llamar igual que uno en Colombia o en Brasil. En ese entonces, todos pensábamos que éramos unos desgraciados, dejados de la mano de Dios, pero la realidad es que en Europa hay muy pocas cosas a las que se les puede llamar ghetto. Allá realmente se vive muy bien a costa de lo que se expolia. Tienes derechos asegurados, la policía no te dispara. En ese sentido, nosotros nos quejamos mucho de cómo vivimos, porque nos comparamos con nuestros vecinos de arriba y nunca con los de abajo, y cuando ves a los de abajo pierdes el derecho a decir que estás en un ghetto. En todo caso yo crecí creyendo que vivía en uno, y eso evidentemente me condicionó.

 

 

En el hip hop se habla mucho de la injusticia social y también hay un tipo de rap que se ha entendido como una apología al crimen. Lo tuyo podría describirse como un rap empoderador y casi una oda al progreso. ¿Cómo llega a ti esa inspiración?

La primera vez que me leí la autobiografía de Malcom X tenía 13 años y no entendí mucho, aunque comprendí que si había un camino para superar las dificultades y empoderarse era la educación. El hecho de vivir en el ghetto y llevar un ‘cadenón’ de oro no te sacará de allí. Si quieres salir lo que necesitas es estudiar y conseguir una estabilidad económica. Ese es el camino: en eso creía y a eso me dediqué. Creo que la responsabilidad que tú tienes como parte de tu sociedad es convencer a los demás de que la verdadera salida es sentirte fuerte y ser fuerte.

 

¿Cómo ves el tema de ese rap explícito que muchos entienden como una apología a algo dañino?

Es cierto que en del hip hop, cuando hablamos de apología del crimen, a veces es estrictamente eso, pero otras es algo más descriptivo de lo que se vive. Yo creo que si vives en un lugar en el que la forma de ganar dinero es mover droga, y tú eres un cronista de tu sociedad, porque eres un rapero, lo cuentas y ya está; es una realidad, no te lo estás inventando. Lo que ocurre es que eso se termina convirtiendo en un cliché y de repente encuentras a gente que nunca lo ha vivido y le hecha mano. Yo creo en la realidad dentro del rap, creo que el rapero tiene que contar las cosas como son. Y si son crudas, tiene que decirlo.

 

Tú hablas de la responsabilidad de contar lo que se vive. Además de eso, ¿crees que el hip hop tiene la responsabilidad de educar a su público?

No se le puede exigir a un artista que haga lo que no quiere hacer. El artista debe ser libre y si crea una obra que solo entretiene, está cumpliendo su función, porque el arte en muchos aspectos es simplemente eso. En mi manera de ver la vida, entiendo que sí es importante coger el poder y convertirlo en algo positivo para los demás.

 

Hace un rato hablabas de que el rapero es un cronista. Cuando hablas de la inmigración y la violencia sexual, por ejemplo, ¿te estás apropiando de historias ajenas o estás retratando tu realidad?

Creo que si continuamos con el discurso de que solo debe preocuparte el problema que tiene que ver contigo, nunca vamos a solucionar el problema de todos. La intolerancia es el enemigo general. No soy mujer y nunca me ha pegado un hombre por ser mujer, pero eso no quiere decir que no sea mi problema. Si yo vivo en una sociedad injusta no puedo pretender que haya justicia para mí, de modo que si quiero que se me trate con justicia, tengo que intentar garantizar que esa justicia esté presente en cualquier parte. Mientras juguemos a lo primero, le estamos haciendo el juego a los poderosos. Nosotros, el pueblo, invertimos una cantidad de tiempo indecente en pelear entre nosotros, y eso no tiene sentido.

 

 

¿En qué momentos de tu vida escoges qué contar y de qué causas empoderarte?

A mí me toca un tipo de intolerancia (el racismo) y soy capaz de empatizar con otros tipos de intolerancia. No hay un momento en el que decido nada, creo que como persona tengo una responsabilidad con mi entorno, y es la de procurar que ese espacio sea lo más amable posible. Luego me dedico a hacer un tema, que a veces se usa en una campaña y se redimensiona. Pero eso va después, no es lo significativo. Lo realmente importante es lo que te hace escribir, y a mí me hace escribir la necesidad de rebelarme contra situaciones que yo considero injustas, como que trates diferente a alguien porque ha nacido en un sitio en lugar de otro, porque tiene un acento en lugar de otro o un color en lugar de otro. Simplemente cuento lo que creo que es lógico, deseable.

 

¿Ha habido situaciones detonantes para que hables de ciertos temas?

El racismo es una cosa constante: hay momentos en los que te tocan demasiado las narices y te rebelas, gritas, lloras. Había veces en las que de diez salidas de casa, siete te paraba la policía a pedirte documentos para recordarte que no eres como ellos, para mandarte a tu país. Yo crecí en una época donde había un movimiento neo-nazi más o menos importante en Madrid, entonces había gente que salía a la calle con la intención de golpear a mendigos, homosexuales, inmigrantes o gente de otro color. Yo he vivido eso, he tenido que correr, y la gente que se supone que te tiene que proteger, que es la policía, me ha tirado el carné a la cara o me ha dado un guantazo. Detonantes ha habido muchos, desde cosas muy pequeñas como miradas y comentarios, a otras un poquito más grandes. Eso lo que hace es conformar una personalidad entera.

 

A lo largo de tu carrera has publicado un montón de discos. Después de todo este trabajo, ¿crees que posiblemente no haya pasado nada con tu mensaje?

Totalmente. No he solucionado ningún problema desde que empecé a intentarlo y me frustra pensar que es casi seguro que me moriré sin solucionar ninguno. Pero me agarro a la idea de que hay personas que después de haber escuchado lo que he dicho entendieron cosas y de repente cambiaron su forma de pensar, trabajar, hablar.

 

En contraposición a esas frustraciones, ¿cuáles crees que han sido tus victorias?

Muchas. El proyecto de “Rap Contra El Racismo” es lo que más brilla, porque tuve una idea una noche y al día siguiente esa idea empezó a cobrar forma, se convirtió en el primer tema de rap en España en el que estamos todos los mejores MC, se hizo un video que acumula casi 30 millones de visualizaciones sin ningún tipo de apoyo. Luego me llamaron de Argentina, de México, Colombia, Perú y Chile a decirme que querían replicarlo. Probablemente sea el triunfo más grande que he tenido.

También me acuerdo de una vez que iba a hacer un concierto y una chica se me acercó muy nerviosa y me contó que vivía en una relación en la que su pareja la maltrataba físicamente, y que una vez escuchó un tema mío se dio cuenta de que tenía que cambiar esa dinámica, consiguió dejar a su pareja y empezó una nueva vida. Aunque sea verdad o no, ella me dijo entre lágrimas que yo le había salvado la vida. Uno no puede evitar sentir que eso es un triunfo gigante.

 

 

¿Qué lectura te ha quedado de las diferentes versiones que han salido de “Rap contra el racismo” en distintos países? ¿Qué ha sido lo más duro que te ha tocado vivir en ese proceso?

Viajar está muy bien, pero también es una maldición. Te hace sentir solo, porque si eres tú el que viaja y nadie en tu entorno lo hace, la gente no van a entender lo que tengas para decirle, y eso te hace sentir desgraciado. Cuando vuelvo a mi barrio y escucho el discurso de “mira, qué mal vivimos, qué dura es la vida”, e intento contarles que las cosas por fuera son muy distintas, nadie lo entiende, y eso es muy frustrante. En México y en Colombia he visto cosas muy feas, hay muchos sitios en los que se vive muy mal, y en lugar de sentirme afortunado de venir e irme lo que intento es sentir la responsabilidad de que hay que intentar cambiar eso. Yo no puedo hacerlo, porque no es mi sitio exacto, pero sí tengo el poder de hacer rap y que la gente me escuche. Así que si se puede denunciar algo, vamos a intentarlo.

 

 

Siendo una figura de la música, tu cuerpo termina funcionando como un territorio en el que habita un mensaje. ¿Cuál es el mensaje detrás de tus tatuajes?

He tenido mucho cuidado a la hora de hacerme tatuajes. Tengo solo cuatro, precisamente porque creo que es una cosa muy importante. Los he utilizado para recordarme situaciones y para significarme delante de los demás. Tengo un tatuaje en el brazo que dice “Ngú ya mobún”, que quiere decir “fuerte y orgulloso” en Fang, que es el idioma de la tribu africana de la que hacían parte los ancestros de mi padre. Es una frase que me dijo él en el momento en que lo necesitaba. Entonces, al tener en cuenta en el idioma de mi tribu, me significo como afrodescendiente, con el sudor de su pasado, que me recuerda que ante las dificultades tengo que ser precisamente eso: fuerte y orgulloso.

 

Foto: Pablo David G.

Foto: Pablo David G.

 

El otro tatuaje es en la pierna y dice “soy hip hop”. Fue diseñado por un escritor de grafiti de España, de estos super old school. Quería que fuera reconocible por su estética y sus colores. También es una forma de gritarle al mundo a qué me dedico. Piensa que el hip hop ha estado muy mal visto durante mucho tiempo, y yo soy esa persona que habla bien, que tiene un buen discurso, y soy hip hop.

 

Foto: Pablo David G.

Foto: Pablo David G.

 

Luego tengo un mapa de África con el número de Nelson Mandela, de cuando estuvo en la cárcel. Para la comunidad afro mundial, Nelson Mandela es nuestro abuelo, un personaje histórico por la lucha que hizo y lo que terminó consiguiendo. Entonces África me recuerda mis raíces y su número de presidiario me recuerda lo que cuesta llegar al final. Al lado, hay un guerrero africano que me recuerda la necesidad de lucha. Yo me considero un guerrero, con la salvedad de que quiero la paz. Que busquen la guerra los que no la conocen, los guerreros de verdad buscamos paz.

 

Foto: Pablo David G.

 

¿Cuáles son tus búsquedas actuales?

Esto es algo que no he dicho nunca en una entrevista, pero estoy en un punto en el que después de cumplir 40 años, creo que mi carrera dentro del rap se está acabando. Tengo mucho más pasado que futuro dentro de la música rap, de modo que lo que estoy buscando es un retiro cómodo, poder seguir haciendo lo mismo aunque sea en otro formato. He empezado con la literatura, me siento muy cómodo ahí.

 

¿Qué crees que le dejas a la gente?

Yo entero. Son un montón de discos en los que llevo dejando mis reflexiones durante años, de modo que si alguien en el futuro quiere saber cómo era yo, lo que va a tener que hacer es poner todos los discos, todos los temas, escribirse las letras, leerlas, y me va a ver a mí.

 

ARTÍCULOS RELACIONADOS