Martín Santos. Todas las fotos por: Lucía Romero.

Hablamos con el hijo mayor del presidente Juan Manuel Santos, quien lamenta que la polarización haya llevado al país a escoger entre ‘dos extremos’ como Petro y Duque. 

Por: Diego Alarcón y Santiago Valenzuela

Martín Santos sonríe cuando le preguntan cómo lidia con los haters en las redes sociales. Reconoce que ahora que estamos en elecciones el clima está mucho más caliente en escenarios como Twitter, desde donde se ha empeñado en aplaudir los logros del Acuerdo de Paz con las Farc y los indicadores positivos que, considera, ha dejado el gobierno de su padre, Juan Manuel Santos.

Es quizá el defensor número uno de su legado y en esa tarea ha cazado ya varías controversias que le han dado cierta visibilidad en los medios de comunicación. Alguna vez el presidente de Fedegán, José Félix Lafaurie –uribista consumado y esposo de la congresista María Fernanda Cabal– lo señaló de promover la ‘ideología de género’ por usar una camisa rosada cuando estaba de turismo en La Habana, y más recientemente fue Martín quien acusó de ‘uribestia’ a la tuitera Claudia Bustamante, una disciplinada activista a favor de la campaña de Iván Duque.

Sonríe porque le da gracia “todo lo que se han inventado” sobre su vida. “Han dicho que salgo con una transexual, que a mi hermano lo cogieron con droga en Argentina y que mi hermana hace videos pornográficos”. Se lo toma con humor, aunque al mismo tiempo rechaza que, por ejemplo, los uribistas –sus principales críticos– sean tan delicados cuando ‘atacan’ a sus líderes: “se van en contra de Matador y de Daniel Samper Ospina y quieren censurarlos por burlarse de ellos… El humor es importante, sirve para apaciguar las aguas”, asegura.

Le preguntamos también si le dan risa los memes que hacen de su papá –que no son pocos– y nos dijo que por supuesto. Le pedimos que nos diera un ejemplo, y nos mostró este:

Martín Santos llegó a nuestra oficina después de aceptar una entrevista. Quisimos invitarlo a charlar sobre cómo él, siendo el hijo mayor –29 años– de un presidente impopular que selló la paz con la guerrilla más antigua de América Latina, lee lo que está pasando actualmente en la política colombiana. Afirma que la polarización “nos dejó en medio de dos males (Iván Duque y Gustavo Petro)” y que cualquiera de esos escenarios pude hacer extrañar a su papá al cabo de unos años.

Martín atendió nuestra entrevista en una actitud relajada, dispuesto a reconocer por quién votó en la primera vuelta y cómo va a votar en la segunda. Nos contó que estará en el país un par de semanas, antes de reintegrarse a la Universidad de Columbia (Nueva York), donde cursa una maestría en Administración Pública y Relaciones Internacionales, el programa al que hoy por hoy está dedicado de tiempo completo.

Últimamente se le ha visto muy activo en Twitter, haciendo campaña por la paz…

Lo que pasa es que la gente en la ciudades no ha vivido la guerra en carne propia y no entiende lo que significa ponerle fin a un conflicto de más de 55 años. Yo creo que esos frutos los estamos empezando a ver: en la primera vuelta de las elecciones no hubo ni un solo atentado terrorista, algo que antes era impensable. Ese es solo un caso que demuestra que valió la pena el trabajo que hizo mi papá. Yo creo que más adelante el país le reconocerá la pela que se dio para ponerle fin al conflicto con las Farc.

¿Usted habla con su papá sobre estos temas?

Coincidimos en que es muy popular hacer la guerra porque es más fácil unificar al país en torno a eso, pues ha estado enfrentado durante mucho tiempo. Cuando mi papá era ministro de Defensa y bombardeaba campamentos y caían cabecillas, la gente en los restaurantes nos ovacionaba. El día en que cayó Alfonso Cano, la gente pitaba, sacaba banderas, lo aplaudía. Hoy pasa todo lo contrario. Mi papá pudo seguir con ese camino de la guerra, pero sabía que la guerrilla estaba debilitada y que era momento para sentarla en la mesa. Todavía no entiendo que la gente se enfoque en pequeños detalles como las curules para las víctimas de las Farc y no en las miles de vidas que se han salvado, en la reducción de los secuestros, en el fin de los hostigamientos de las Fuerzas Militares…

¿Quien le parece mejor (o peor), entre Iván Duque y Gustavo Petro?

En algunas cosas me parece menos grave Petro y en algunas cosas menos grave Duque. Lo que más grave me parece es que hayamos tenido que escoger entre dos extremos tan alejados. Todos los candidatos de centro eran muy buenos. Fajardo hubiera sido un excelente presidente, me encanta la visión que tiene de la lucha contra la corrupción. Claudia López también tiene una mente muy clara, la admiro así le haya dado tanto palo a mi papá. Germán Vargas, a pesar de que tiene un temperamento fuerte y un carácter chocante, es una persona que hace lo que dice, un ejecutor como nadie.

¿Usted por quién va a votar en segunda vuelta?

Me estoy inclinando hacia el voto en blanco porque no creo que al país le convenga la postura de ultraderecha ni de izquierda radical.

¿Va a anunciar aquí su voto en blanco?

La gente que dice que el voto en blanco es un voto por Uribe y pues tienen razón…. No sé.

De todas formas, parece claro que Duque difícilmente perderá su ventaja. La única manera de que Petro revierta la situación es convenciendo a varios verdes influyentes que aún no han destapado su apoyo…

Sí, pero el discurso de Petro es muy cambiante. Uno no sabe muy bien qué creer. El Petro de ayer no me disgusta, pero el de hace seis meses sí. No sé si él se dio cuenta de que lo que pensaba hace seis meses era demasiado radical. La mayoría de los colombianos estamos entusados por los votos que le faltaron a Fajardo.

Van dos veces que destaca a Fajardo ¿Era él su candidato?

Me gusta Fajardo, pero no. Voté por Humberto de la Calle.

Retomando: ¿Cree usted que Petro le puede ganar a Duque?

Todo puede pasar, pero la veo muy difícil porque Duque está sumando apoyos todos los días, aunque claro, son apoyos de la clase política de la que la gente está mamada. No sabemos si eso le sume o le reste.

¿Qué le preocupa de un eventual gobierno de Petro?

Aunque tiene propuestas muy modernas y coherentes, me preocupa que cometa errores como los que cometió en su alcaldía, me preocupa ese choque de clases que a veces intenta promover.

¿Y de Duque?

A mí no me preocupa Iván Duque: él es un tipo correcto, buena onda. Yo soy amigo del hermano de él, Andrés Duque. Incluso Iván Duque hizo carrera política con mi papá, empezó trabajando en el BID y mi papá se lo llevó para el Ministerio de Hacienda. Tenían una buena relación pero Duque se distanció; no sé por qué habrá sido, si fue por algún puesto que no le dieron o por algún rencor guardado. Lo que me preocupa es la gente a la que le debería su elección: Alejandro Ordóñez, Viviane Morales, María Fernanda Cabal… Apenas llegue al poder,todos ellos le van a cobrar su llegada.

Me ofende mucho que Marta Lucía Ramírez diga que no está de acuerdo con la adopción de las parejas del mismo sexo porque hay muchas parejas heterosexuales que están esperando antes que ellos; todo eso me parece completamente discriminatorio. Alejandro Ordóñez dijo en una entrevista que no estaba de acuerdo con el uso de condón. Tampoco me gusta su postura frente a la lucha contra las drogas. Ellos van a en contravía de la evolución de las democracias modernas.

Sus críticas parecen estar orientadas a la limitación de las libertades personales. ¿Eso quiere decir que usted está de acuerdo con la igualdad de derechos para la comunidad LGBTI, el aborto y la dosis mínima de drogas?

Sí, sí y sí. El ser humano es libre de hacer lo que quiera con su cuerpo y el Estado no tiene por qué intervenir en el embarazo de una mujer, por ejemplo. Falta mucha educación sexual en Colombia y lo que pasa es que se reproduce el ciclo de pobreza con temas como el embarazo adolescente.  De otra parte, el enfoque de la lucha contra las drogas no ha funcionado, penalizar o prohibir no tiene sentido.

Gran parte de la oposición política hacia su padre ha tenido un anclaje religioso, principalmente cristiano. ¿Qué opina?

Yo me acuerdo que en las elecciones pasadas los grupos cristianos apoyaban mucho a mi papá. Todo comenzó a cambiar cuando él nombró a Gina Parody como ministra de Educación. Ellos no pudieron aceptar que ese ministerio lo ocupara una persona homosexual. Después, cuando mi papá nombró a Cecilia Álvarez como ministra de Comercio, los cristianos dejaron de apoyarlo y comenzó a circular ese mito de las cartillas de género para homosexualizar a los estudiantes colombianos.  El odio mueve más el voto que la razón y creo que justamente por eso se perdió el plebiscito. Hay grupos que creen que mi papá es el anticristo.

¿Usted cree que Iván Duque podría seguir el mismo camino que su papá, el de apartarse de Uribe?

En el fondo, Iván Duque piensa muy parecido a mi papá. Hubo un tuit que incluso estuvo circulando, donde Duque felicitaba a Obama por aprobar el matrimonio entre las parejas del mismo sexo. Ahora él cambia de parecer porque electoralmente esas posturas no le favorecen. ¿Se acuerda cuando Mockus dijo en la campaña contra mi papá que él no creía en Dios? Nosotros estábamos saltando en una pata porque a pesar de que no tiene nada malo lo que dijo, electoralmente sí era un golpe muy duro. Por eso Duque hace caso a lo que le dicen sus jefes políticos: Ordóñez, Marta Lucía, etc…

Pero hay muchas diferencias. Su padre llegó a ser presidente después de una larga trayectoria política, como fundador de un partido y con una buena bancada en el congreso. El caso de Duque es diferente…

La falta de experiencia de Iván Duque es perfecta para que le impongan una agenda. Con mi papá era mucho más difícil, porque pasó por tres ministerios, tenía una carrera política. Duque ocupó un cargo medio en el BID y fue congresista. Va a ser muy fácil manipularlo.

¿Qué tan difícil fue para su padre desmarcarse de Uribe?

El que se desmarcó fue Uribe. Comenzó a alejarse cuando mi papá nombró a Rafael Pardo, a Germán Vargas y a Juan Camilo Restrepo (todos contradictores de Uribe) en el gabinete.  Y vea lo paradójico: ahora Germán Vargas está con Uribe, parece una tragicomedia. Uribe fue el que se distanció y obviamente el proceso de paz fue clave ahí. A Uribe le hubiera gustado aniquilar hasta el último guerrillero pero eso es imposible. 

¿A su papá no le dio duro ese distanciamiento?

Mi papá no iba a ser un títere de nadie, él sabía lo que iba a hacer en su gobierno, lo tenía muy claro. Hace muchos años, cuando era muy joven, se lanzó a la presidencia con el Partido Liberal y su lema era: ‘Dale tu mano a la paz’. Mucho antes de ocupar el cargo de presidente sabía que iba ponerle fin al conflicto armado.

Aunque su discurso antes era otro, cuando fue ministro de Defensa de Uribe…

En su discurso de posesión dijo que la llave de la paz no la había botado sino que la tenía guardada en su bolsillo. Los gobiernos anteriores también buscaron canales de diálogo. Uribe mantenía conversaciones con el ELN, Frank Pearl lo dijo. Es muy hipócrita decir que se le entregó el país a las Farc solo por buscar un dialogo.

¿Usted cree que su papá traicionó a su clase, como dicen algunos críticos?

Mi papá tiene un chiste y es que en el Country Club los únicos que nos quieren ahora son los meseros y los cadis. Es que la pobreza en Colombia se redujo durante su mandato. Cerrar esas brechas con la clase dirigente y tradicional pues no es que ponga muy contentos a muchos. 

¿Qué piensa de Álvaro Uribe?

Que es una persona que no se ha dado cuenta de que él es lo mismo que critica y rechaza. Él critica los extremismos, el populismo, critica a los caudillos Chávez y Castro pero él hace lo mismo: hostiga a la prensa, maltrata a quienes no comparten sus visiones. La concentración de poder que tanto critica en Venezuela es la misma que él quiere tener en Colombia.

¿Usted lo conoció?

Claro, cuando mi papá estaba en el Ministerio de Defensa. Coincidimos con él en diferentes eventos pero yo era un niño entonces no me acuerdo de lo que hablaba.

¿Ha tenido algún roce con él?

En Twitter me tiene bloqueado, pero con el hijo mayor –Tomás Uribe – tengo una relación muy saludable. Todo el mundo piensa que los odios se heredan, pero no.

¿Usted cómo veía a las Farc y cómo las ve ahora?

Mi percepción nunca ha cambiado: es gente que cometió muchas atrocidades y que deberían pagar cárcel por lo menos 30 o 40 años. Pero hay un punto en el que uno tiene que aceptar que con esa visión nada ha cambiado, que es preferible ver a las Farc votando que fusilando, poniendo bombas o secuestrando.

¿Conoció a algún líder de las Farc?

Una vez que fuimos a La Habana por la firma de alguno de los puntos del acuerdo, un señor me puso la mano en el hombro y me dijo “joven, nunca nos habíamos conocido”. Era Rodrigo Granda. Tenerlo tan de cerca obviamente me generó rencor y odio, pero tenía que entender lo que estaba pasando, dar el paso hacia adelante y no quedarme en el pasado. La gente no entiende que las Farc ya no existen.

¿Usted se considera un delfín de la política?

No. Yo terminé asqueado de la política. Los principios de los políticos en Colombia lastimosamente se vuelven una moneda de cambio por cualquier puesto o cualquier voto. Mi papá ha estado en la vida política mucho tiempo, se ha puesto a disposición de los colombianos incluso cuando pudo optar por ser empresario. Yo comparto ese sacrificio personal, pero por ahora sí estaré marginado de la política. 

Seguro que en un sistema político como el colombiano le llegarán ofertas…

Hay una diferencia importante entre hacer política y ser funcionario público. Un cargo de funcionario no necesariamente es hacer política. La política no creo que la haría, pero sí ocuparía un cargo público, como lo ocupó Juan Carlos Echeverry en Ecopetrol, por ejemplo. Tenemos que desligar esos dos conceptos porque todo el mundo piensa que los funcionarios públicos son políticos y eso no es así. Créame que estoy muy decepcionado de la política.

Usted hace referencias a la ‘clase dirigente’ pero usted es un Santos. ¿Cómo congeniar las dos cosas? 

Uno no escoge dónde nace, pero sí dónde sirve. Y estoy de acuerdo:  la gente está mamada de los Santos, de los Galán, de los Lleras. Estoy de acuerdo en que hay que darle paso a otras generaciones y a nombres distintos a los que han gobernado a Colombia. Eso no va a ocurrir en un eventual gobierno de Iván Duque.

Díganos tres políticos a los que usted jubilaría ya mismo.

Alejandro Ordoñez, en letras mayúsculas. María Fernanda Cabal y José Félix Lafaurie.  

Tres líderes en los que vea que hay futuro.

David Luna, Carlos Fernando Galán y Claudia López. Gente joven preparada que podría ocupar puestos importantes.

¿Qué tiene pensado ahora que su padre va de salida de la presidencia?

Mi prioridad es terminar mis estudios. Creo que mi papá va a ser profesor en Harvard, no lo tengo muy claro todavía. Eso sí, el escenario electoral no pinta muy favorable, creo que la gente más adelante va a valorar lo que es tener un mandatario de centro y no uno que esté en el extremo, como sucederá inevitablemente.

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